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JORNADA 30: REAL MADRID 4 SEVILLA 0

El Madrid gana autoestima, convence y arrolla al Sevilla | 4-0

domingo 20 de marzo de 2016, 22:19h
Encontró el Madrid este domingo el espejo en el que mirarse, justo antes de visitar el Camp Nou. La presencia de Casemiro soltó la influencia de Modric y Kroos, con Benzema y Bale iluminados, para confeccionar la mejor actuación merengue en ambas fases del juego que se recuerda en Chamartín. Jesé redondeó una goleada que recordó a la hinchada la vigencia de la dialéctica compromiso-calidad en una plantilla que quiso legitimarse ante un mermado rival de peso.



No debe resultar nada fácil ponderar la equidistancia entre la ambición del que sólo se juega el orgullo y el que todavía mantiene vigente el objetivo capital de la temporada. Real Madrid y Sevilla cerraban la trigésima jornada de Liga en un cruce de inercias y sensaciones. Los andaluces desembarcaron en la capital propulsados por la concatenación de puntos que ha recortado la distancia con el Villarreal -cuarto y último equipo en plaza de Liga de Campeones- a tres puntos, de conquistar el Bernabéu. Sin embargo, la trayectoria de su ilustre oponente conecta con el perfil tenebroso de los hispalenses. El bloque merengue, alejada su candidatura hasta convertirla en utopía, presumía de rutilante defensa del coliseo de Concha Espina y el club andaluz padecía la negación cuando abandona el Pizjuán. Todavía no ha ganado fuera de casa en el presente ejercicio. Así pues, el desganado gigante media autoestima ante la fiscalización del hiper-competitivo diseño sevillano. Con el abucheo como fantasma introductorio de las dudas que contaminaran la percepción continental, el Madrid tenía poco que ganar. Todo lo contrario que su contrincante, que leía este duelo como la opción de hacer cima en un hito de la entidad visitante.

Zinedine Zidane, que sufría el vacío en el centro de la zaga por las sanciones a Ramos y Pepe, dispuso de todo el elenco restante para escoger. Y lo hizo sentando a Isco y James, los justamente señalados como paradigma de la intrascendencia general. Casemiro figuraba, entonces, como sostén del dueto Kroos-Modric –liberando a ambos de atribuciones de cierre- y Bale ocupaba su escaño en la línea ofensiva propiedad de Ronaldo y Benzema. Nacho y Varane cerrarían una zaga decorada con acento carioca en los laterales –Marcelo y Danilo-. Se trataba de recobrar el calibre de la potencialidad propia después del amargo sinsabor de la visita canaria. Urgía mostrar compromiso e intensidad para convencer y convencerse de que todavía representan un equipo trabajado, y no una suma, plena de goteras tácticas, de costosas individualidades. La precisión en el fluir combinativo y la cohesión y activación sin pelota, vigilancia a la transición rival mediante, marcarían el guión del técnico galo en un partido poco relevante revestido de juicio ante la cansada tribuna de Chamartín.

Unai Emery hubo de ejercitar su capacidad para cimentar alineaciones escurridizas ante la amalgama de infortunios. Banega, Vitolo, N'Zonzi, Carriço, Konoplyanka y Krohn-Dehli no serían de la partida, dejando un centro del campo agujereado por completo. Desprovisto de los cerebros y flechas que propulsan el veneno en vuelo sevillano, el preparador vasco eligió mantener la idea de juego fangoso que pescara a la contra o a balón parado. Hoy más que nunca, dada la tesitura. Cristóforo y Krychowiak cerrarían líneas de pase y dos laterales ocuparían los escaños ofensivos exteriores –Escudero y Diogo-, edificando una resistencia más radical a la producción local. Iborra y Gameiro repetían tándem dinámico y responsabilidades en la salida del encierro, con Coke y Tremoulinas amenazando por banda y Rami y Kolo sosteniendo el cierre de Sergio Rico. La intención defensiva sugerida por la apuesta nominal esbozaba un ejercicio de contingencia como prioridad, con la pretensión de incomodar la asociación y la altura de la presión delineando la ambición.

Entró en el envite mejor el Sevilla, que tocó a la puerta de Navas con un repiqueteo inicial que descubrió, con sorpresa, el hierático Madrid. Diogo, Escudero y Tremoulinas, en centro-chut que golpeó el larguero, representaron el prisma palpable, con intentos que protagonizaron los cinco primeros minutos, de la intentona sevillana por revertir los roles y desorientar al tercer clasificado. Salió de vestuarios el esquema de Emery enseñando un atrevimiento posicional, con presión a toda cancha e intensidad y convencimiento notables. Los pupilos de Zizou, que bregaban por arrancar el timón del duelo al caótico prólogo ganado por los hispalenses, navegaban en cierto estupor mientras conseguían acomodar el biorritmo a la inesperada exigencia visitante. Pero, para desgracia andaluza, el club capitalino asimiló el modus operandi del Barça, ese que muerde antes de desplegar los presupuestos de su juego, y el valiente chispazo quedó en un espejismo anecdótico dentro de la trama del primer acto.


Los espacios a la espalda de la adelantada línea central del sistema del quinto clasificado patrocinaron el desajuste amortizado por Bale. El galés detectó una grieta en el equilibrio buscado por el entrenador vasco al colocar una dupla de laterales en cada banda. La protección para no dejar en mano a mano a los extremos madridistas con su par sevillana falló y el británico ganó el hueco suficiente ante Tremoulinas para centrar un envío tenso hacia el punto de penalti. Emergió la volea soberbia, a bote pronto, de Benzema para abrir el marcador y provocar el estallido del respetable ante tal homenaje a la estética de este deporte. Se adelantaba en el minuto 6 un Madrid primoroso en la concreción de las ocasiones y sufría una convulsión la directriz adoptada por Emery, que no sólo había pagado el riesgo asumido, sino que, además, vio contravenido un renglón fundamentalde su libreto: no encajar goles en el primer suspiro y crecer con el paso de los minutos.

Debía remar el Sevilla para sostener el rictus ambicioso esbozado. El pase aéreo de Diogo y volea a las nubes de Gameiro -minuto 8- constituyeron la respuesta inmediata de un equipo que se negaba a dejar de soltar tantas piezas al ataque. Pero la acción, toda vez hubo tomado altura el enfrentamiento, respondió al dictado madridista. Los discípulos de Zidane tomaron con celeridad el pulso competitivo al partido, manejando con frugalidad la pelota y generando una tormenta de llegadas sugerida por la inclusión de Casemiro, que descolgaba a Modric y Kroos hasta tres cuartos de cancha, situación esta que engrasaba las asociaciones y encerraba a la retaguardia visitante, obligada a ceder metros de manera absoluta por mor de la velocidad combinativa e intensidad en ambas fases del púgil local.

Con Bale y Marcelo como referencias, a campo muy abierto, el valioso juego entre líneas de un Benzema iluminado pasó a gobernar el frenesí rematador inaugurado por una acción individual del galés, en diagonal, que chutó, recogió el rechace en la frontal y ajustó al poste derecho su lanzamiento posterior para el vuelo de Sergio Rico, que envió a córner in extremis. En la jugada consiguiente, el ex velocista del Tottenham terminó por rematar a la red un gol mal anulado por el juez de línea -minuto 16-. La pared de Ronaldo con Marcelo que concluyó con chut raso del luso desde media distancia y que Rico despejó con dificultad -minuto 18-, amplió un bagaje alimentado por el cabezazo de Benzema, en saque de córner, que atajó el portero visitante. La chilena de Bale desde el pico del área que Rico interceptó para evitar el remate del galo en el segundo poste -minuto 22- suturó la herida sevillana momentáneamente.

Transitaba en el ecuador de primer tiempo el Sevilla entregado a la cesión de metros y de iniciativa, ejerciendo de sujeto pasivo contemplativo, a pesar del reclamo contrario de su entrenador. La amenaza al espacio local retrasó a la retaguardia y la deficiente gestión de la pelota tras robo, que no permitía lanzar contras ni respirar en el esfuerzo de encierro, terminaba por entregar el mando del tempo y las situaciones a un Madrid plácido con balón y atento a la vigilancia sin él. Para colmo, la primera posesión sostenida de alivio hispalense, que llegó en el minuto 21, concluyó con pérdida y transición rápida que Benzema tradujo en dos remates infructuosos de Ronaldo, con Rico estelar. La argucia de colocar a dos laterales por banda no matizaba la perenne superioridad exterior de la asociación local y neutralizaba el cortejo con el esférico, limitando las herramientas escapistas al balón parado.

Precisamente, el salto de página que anhelaba el sistema de Emery sobrevino de forma tan exótica como inesperada. Varane evidenció las costuras que le cuestionan como defensor y agarró hasta el derribo a Rami, en su área y tras un lanzamiento de falta lateral muy alejada. Sin embargo, el punto de inflexión no acarrearía rédito estadístico a los andaluces, pues Keylor Navas negó el tanto a Gameiro al adivinar la intención y ejecutar una exhibición de reflejos para taponar abajo -minuto 26-. Pero, por el camino de este trance sí ganó el Sevilla resuello, en base al entrelazado de jugadas de pizarra, la única argucia de avance y creación de opciones de remate en el tramo de control madridista. En torno a la media hora ya discutía el soliloquio madrileño con criterio y minutaje de argumentación. Bajó vatios y celeridad un Madrid que contemporizaba en pugna por recuperar el dictado del devenir a través de la circulación.

Emergió Casemiro, sensacional en la cobertura, multiplicándose para ocupar los espacios a la espalda de Modric y Kroos, empeñados en una presión elevada y que enriquecían la elaboración previa al pase definitivo por la altura posicional adoptada con el obrero carioca como arnés. El equilibrio alcanzado amortiguó la intentona de viraje de escenario visitante y cultivó el ecosistema para el último repunte de Karim antes del intermedio. Dicho respingo tomó forma con una pared larga entre Benzema y Bale que confluyó en el centro del galés al vértice del área que el galo transformó en control, amague y chut a las manos de Rico -minuto 33-. El punta francés, hiperactivo en cancha, presionó en el 41, con ardor, para robar la pelota en territorio ajeno y centrar a la llegada en tralier de Bale, que no significó el segundo tanto por la astucia de Rico. Inscribió su ausente nombre Ronaldo en la relación de intentos con un disparo desde media distancia, después de una combinación fluida con Danilo incorporado, antes de que el 9 acuciado por la justicia francesa regalara un control rebosante de clase al imponente cambio de banda ejecutado por Bale. La jugada avanzó con la cesión clarividente para el chut, desde la frontal, de Marcelo. Rico atrapó sin despeinarse y ambos contendientes embocaron vestuarios con la sensación de haber ganado el 1-0 por parte de los dirigidos por Emery. Zidane recogió un 63% de posesión y una abrasiva lista relativa a la producción ofensiva: 14 centros al área por cuatro visitantes y nueve chuts a puerta por sólo dos oponentes. Lo estrecho de la distancia reflejaría cierta querencia por llevarse algo más al paladar por parte de los capitalinos y la necesidad por revertir la relación de fuerzas del perdedor parcial, que no consiguió mantener la solidez defensiva ni proponer con pelota.




Antes de la reanudación eligió el técnico vasco a Reyes, que sustituyó a Diogo en un intento por recuperar lógica creativa a un esquema improductivo por el escorzo posicional, entre otros, del sustituido. La calidad del canterano habría de contagiar de fe y convicción con el cuero a los suyos, y el movimiento consiguió aumentar, con nitidez, el balance creativo del cuarto finalista de la Europa League. Pero, en paralelo, no aflojaría el Madrid su pulsión vertical. Simplemente mutó el despliegue monopolizador para aprovechar los espacios a la espalda del sistema andaluz, que yacía, de nuevo, adelantado. Así, Benzema abrió fuego enviando arriba el primer intento de la reanudación, producto de otra combinación atinada con apoyo de los carrileros –Minuto 48-. Iborra confirmó la validez estratégica aunque no alcanzara a rematar por poco un centro desde el perfil izquierdo, después de una transición sostenida sevillana.

El paisaje parecería similar a lo visto, con ordeno y mando merengue, pero las oquedades se abrieron en ambas direcciones, para sufrimiento de los tacticistas. La falta de puntería en el último tramo de campo coartaba los visitantes, que a duras penas conseguían reducir el ratio de llegadas rival. Bale asumió el papel principal en este tramo: chutó por encima del larguero un pase en la frontal de Benzema -minuto 51-, compartió con Kroos dos intentos en vuelo desde media distancia que lamieron el larguero –minuto 60- y ejecutó un testarazo que se estrelló, con estruendo, en la madera, tras un córner. Por el camino se atravesó el colegiado, que señaló un polémico penalti de Reyes a Modric -después de una exquisita bicicleta del croata en el área-, lanzado al cielo por Ronaldo, y anuló, con el criterio torcido, un gol legal a Gameiro. La contra vertiginosa visitante encontró al francés en un mano a mano solventado con categoría. Pero el colegiado pitó fuera de juego.

Esta trompicada serie de decisiones arbitrales engalanó la deflagración que sentenció el enfrentamiento. Alzó el Madrid la intensidad, precisión y velocidad combinativa, nuevamente, para, esta vez sí, recoger el fruto consecuente. El desborde de Danilo, como tantas otras veces esta tarde, por el perfil de Tremoulinas y Escudero, propició el centro hacia el segundo poste, desde donde Ronaldo anticipó al leer con clarividencia la situación. El portugués remató, sin portero, a la red -minuto 64-. Menos de 60 segundos después, la enésima contra galopó sobre las piernas de Cristiano, que dibujó un pase defectuoso que cayó en la seda de Benzema. El francés, con opción de remate en solitario, eligió trazar un delicado sombrero para el tanto de Bale. La calidad que debía coronar la iniciativa coral floreció para ajusticiar la competitividad del envite en un abrir y cerrar de ojos.

La decisiva explosión dio paso a un desenlace que entremezcló la congelación del ritmo y sudor locales y la lucha por el orgullo trasladada a los sevillanos. Los técnicos implementaron los cambios oportunos, con los puntos ya decididos, para acometer los objetivos particulares de la situación. Jesé, Isco y James tuvieron un buen pedazo de minutos al entrar por Bale, exuberante referencia ofensiva junto a un Benzema que también abandonó el verde –ovacionado, dejando en a su estela un ejercicio de maestría en la mediapunta después de tanta inactividad- y por Casmeiro –que avanza en su recorrido en pos de la legitimidad-. Emery apostó por Mariano y Juan Muñoz para dar descanso a Iborra y Cristóforo, dos peones reducidos a la intrascendencia. La ecuación de ida y vuelta quedó decretada.

El último cuarto de hora acogió el saludo de Keylor Navas, que se tornó protagonista en el epílogo al lucir anatomía y acierto y repeler, con movimientos felinos, los intentos de Escudero, Tremoulinas y Gameiro, que también probó con desatino desde fuera del área. El lateral francés clausuró la producción visitante con un remate raso y cruzado que lamió el poste del batido meta ‘tico’. La ruptura total de los automatismos tácticos entregó a la transición madrileña la contrapartida de las mencionadas llegadas visitantes, pero sólo Jesé localizó el camino de las mallas de Rico. El canario, que se mostró como el único cambio con actitud y finura apropiadas, encaró, se filtró entre tres defensores en el pico del área, buscó a James, encontró un rebote y amortizó el balón suelto para anotar y cerrar un partido que teatralizó la reconciliación entre la plantilla y su hinchada. El pitido final trajo consigo unas conclusiones estadísticas para que brote la flor entre las rocas. El 62% de posesión, los 26 centros al área (por ocho hispalenses) y los 12 remates a portería (por cuatro visitantes) ante uno de los mejores sistemas defensivos europeos reflejaron el lado práctico de los prespuestos desplegados. El compromiso recordó su idoneidad para ahogar las acometidas rivales, con una efectiva vigilancia que evitó sustos pretéritos y cimentó el añorado control del juego. La sabiduría y pericia en la asociación, con cada peón del centro del campo compitiendo en su posición natural, redondeó un rendimiento seductor. Los pupilos de Zidane se han encontrado, justo antes de visitar el Camp Nou, con el espejo en el que mirarse. "Llegan los momentos críticos y lo de hoy es un impulso moral", sintetizó Butragueño. Este triunfo, amén de suponer la reducción de la ventaja colchonera a un punto, denota la catársis madridista obligada para granjear credibilidad al clavo ardiendo continental. A pesar de la relevancia de las bajas en el rendimiento rival.

Ficha técnica:
Real Madrid: Keylor Navas; Danilo, Varane, Nacho, Marcelo; Casemiro (James Rodríguez, m.75), Kroos, Modric; Bale (Jesé, m.70), Benzema (Isco, m.81) y Cristiano Ronaldo.
Sevilla:
Sergio Rico; Coke, Rami, Kolo, Tremoulinas; Diogo (Reyes, m.46), Cristóforo (Mariano, m.71), Krychowiak, Escudero; Iborra (Juan Muñoz, m.71); y Gameiro.
Goles:
1-0, M.6: Benzema. 2-0, M.64: Cristiano Ronaldo. 3-0, M.66: Bale. 4-0, M.86: Jesé.
Árbitro:
Xavier Estrada Fernández. Amonestó a Varane (m.26), Casemiro (m.53), Reyes (m.57) y Krychowiak (m.62).
Incidencias:
72.976 espectadores acudieron al partido correspondiente a la trigésima jornada de la Liga BBVA, disputada en el estadio Santiago Bernabéu.
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