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DEBUT EN LA DIRECCIÓN DEL CÓMICO FRANCO-IRANÍ KHEIRON

O los tres o ninguno: la inmigración hecha 'feelgood'

jueves 24 de marzo de 2016, 09:21h
Una fábula más que oportuna basada en la vida de los padres del director y protagonista, el cómico franco-iraní Kheiron, que cuenta los motivos de los movimientos migratorios desde la comedia blanca.
O los tres o ninguno: la inmigración hecha 'feelgood'
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O LOS TRES O NINGUNO

Director: Kheiron
País: Francia
Guión: Kheiron
Fotografía: Jean-François Hensgens
Reparto: Kheiron, Leïla Bekhti, Gérard Darmon, Zabou Breitman, Alexandre Astier, Kyan Khojandi, Arsène Mosca, Jonathan Cohen
Sinopsis: Nacido en una pequeña aldea al sur de Irán, Kheiron nos relata el destino excepcional de sus padres, Hibat y Fereshteh, dos jóvenes de optimismo irreductible, a través de una comedia con aires de cuento universal, que aborda temas como el amor familiar, la entrega y el ideal de vida en común.

Lo mejor: El tono cómico para narrar situaciones dramáticas | Kheiron | El fondo de la cinta y su necesidad

Lo peor: Un pequeño bajón en la segunda parte

Probablemente el cómico y actor franco-iraní Kheiron no había planeado estrenar su primera película como cineasta cuando Europa se ha convertido en la vergüenza de los europeos. Pero ahora, que el continente cierra la puerta a miles de personas que han abandonado su país empujados por el miedo, O los tres o ninguno se hace más oportuna que nunca. Lo que ideó como un dulce y entretenido homenaje a sus padres, migrantes que abandonaron Irán a finales de los ochenta para intentar rehacer su vida en Francia, se ha convertido en un pertinente cuento universal que empieza como retrato de los porqués de la emigración y termina con un paso más: mostrando lo que los recién llegados pueden aportar al lugar de acogida. Todo, pasado por el barniz del humor blanco y la fábula para hacer de la película un insospechado ‘feelgood’ de disfrute asegurado.

El realizador protagoniza además el papel protagonista, el de su padre, un activista político iraní que luchó contra la despotismo del sha, pasó siente años en prisión por ello y celebró la caída del régimen monárquico en 1979 por unos instantes, los que tardó en darse cuenta de que el único cambio para el país consistía en haber sustituido a un tirano por otro. Siguió ejerciendo la oposición en la clandestinidad durante un tiempo, conoció a su madre y engendró a Kheiron antes de decidir que la única salida para sobrevivir era el exilio. Hasta aquí, el cineasta narra con inteligencia y buen humor los avatares –la mayoría terribles, pero evitando el drama- de sus padres. Con un buen puñado de recursos de montaje –voz en off, sobreimpresiones, imágenes de archivo, planos forzados…-, y unos personajes al servicio de la historia –la caricaturización del sha es un punto- Kheiron acierta en el ritmo y el tono, regalando una deliciosa primera mitad del metraje.

A partir del viaje de los protagonistas -incluido el bebé que en la vida real se convertirá en el director de la película- entre su pequeño pueblo al sur de Irán y su nuevo hogar en un suburbio París, la cinta se vence del lado de lo social, mostrando los procesos de integración cultural, económica y lingüística de quienes llegan a un sitio nuevo partiendo de cero. Aunque esta segunda parte afloja con respecto a la primera y se nota que algunos pasajes responden más a la apetencia del cineasta por utilizar sus recuerdos infantiles que a necesidades argumentales, sabe mantener el hilo de la comedia, con algunos momentos especialmente divertidos –el pequeño Kheiron en la guardería, para enmarcar-. Y, sobre todo, ofrece una imagen más que procedente de las comunidades de inmigrantes como actores esenciales de las sociedades del siglo XXI.

Un envoltorio ligero y ameno para un asunto profundo de rabiosa actualidad, del que destacar también la banda sonora y dar una recomendación: quedarse a los créditos finales.
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