www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Me opongo a peatonalizar sin más

jueves 24 de marzo de 2016, 18:44h

Abriré la caja de los truenos. Seré abogado del Diablo. Es verdad que peatonalizar los cascos antiguos y centros históricos de las urbanizadas y saturadas ciudades modernas, parece una solución ecológica, incontestable y definitiva; y desde luego que aparenta ser a simple vista una decisión afortunada, encomiable, brillante y sin posibilidad de retractarse; que no distingue ni la viabilidad de hacerlo –como si en todos los casos la decisión fuera acertada– ni cuestiona acudir a otras modalidades que palien la contaminación que padecemos en mayor o menor medida. Peatonalizar supone ser una determinación verde, ecológica, favorable, que no merece ni cinco minutos de consideración ni admite titubeos. Eso aparenta decirnos quien falla a diestra y siniestra en pro de cerrar calles a los vehículos.

Y muchas veces se peatonaliza una vialidad, porque hacerlo supone quedar bien con todos y se apaciguan conciencias; y si añade usted sumar a peatonalizar ad infinitum más calles, callejuelas, callejas, callejones, callejos, pasajes, rondas, paseos, avenidas, calzadas, bulevares, accesos a plazas y alguna que otra arteria no tan antigua, tanto mejor. Todo vale. Consigamos una ciudad de peatones, aparenta ser la meta. El aire puro no aguarda más, impaciente por llegar. ¿Alguna objeción hasta aquí? Pero las apariencias engañan. Porque no siempre la medida es favorable. No es que uno quisiera que no lo fuera, simplemente sucede.

Porque… bien que se olvida, desde luego de forma amañada y a conveniencia, que por siglos y siglos las calles fueron transitadas por carros, carretas, carruajes, carretelas, cuadrigas, carretones, carromatos y simpecados, diligencias, el ómnibus, la calandria o el carrofuerte, por procesiones encapirotadas con sus pasos y por regimientos apertrechados; junto con caballos, recuas, cabestrajes, rebaños, cuadrillas, encierros, boyadas, hatos, artillería pesada y demás modalidades que lejos estaban de hacer de aquellas algo limitado a un perverso y mal entendido uso exclusivo de transeúntes, tal y como sucede ahora y se exige. Nada más lejos de ser. Los viandantes solo eran parte de lo mucho y diverso que circulaba por ellas y nunca lo hicieron con derecho exclusivo de paso. Jamás. Solo la angostura, estrechez o torcedura de una traza impediría el recorrido de algo más que personas. Y solo eso. Nuestra desmemoria es intolerable por chapucera.

Rompo la limerencia por el cierre de rutas. ¿Qué todo lo que se desplazaba siglos atrás, no dañaba la atmósfera? ¿qué solo desde el siglo XIX eso lo diferenciaría de los automotores? Sí y eso ya es otro cantar. Porque, y sí, desde antes de que existieran los vehículos automotores, antes que demandar un derecho peatonal en exclusiva, tanto monta, que no se olvide que primero anduvo de todo por los caminos.Un “todo” que existió también mucho antes de los ciclistas y de los hacedores de ejercicios cardiovasculares, de los defensores ecológicos y de los corredores de pista, de los promotores del jogging o de trotar en ayunas y de los panegiristas de la vida sana y verde. Y existió ese todo mucho antes siquiera, del concepto de calle arbolada. Al menos en el mundo hispánico.

En esa tesitura, para mí merece mucho más respeto la trashumancia que los ciclistas. Es un recordatorio pastoril oportuno. Al menos aquella pastoreando, exige un paso de respeto cargado de solera y regusto irrefutables. Reivindica lo que le invadió la vida moderna. Goza de varias lecturas: del derecho inmemorial de tránsito o el regreso al origen y al consumo de productos naturales. Porque rehaleros y mayorales van mercando sus frutos y manufacturas, mientras deambulan con cayados, talegos y alforjas por rúas siempre intransitables. La escena del ganado atravesando Madrid por su centro, me parece preciosa y demandante: tras sotos y páramos marchando sobre asfalto invasor, hatajos al balar, mugiendo, con relinchos, berreando, al bramar o rebuznando, reclaman antigüedad y primacía, ¡ojo! no exclusividad, haciéndolo con más dignidad que los ecologistas y pseudoecologistas modernos, facetos, bandada de majaderos intransigentes en muchos de los casos. ¡Qué no hay derecho! Y lo saben que a fuer, en muchos casos avanzan ofreciendo solo su hedonismo. Sin más. Ociosos.

Así, antaño cualquier vía fue utilizada por algo más que vehículos automotores y mucho más que solo por caminantes, y por lo tanto, cerrarlas hogaño en definitiva, peatonalizándolas, prohibiendo el paso a todo lo que no tenga dos piernas, traiciona su sentido y su origen. Aun si también se permitiera el paso solo a ciclistas, sería una medida discriminatoria, por muy ecológica que resulte.

Recién leí en un blog a un peatón que ufano, e ignorante, increpaba a un automovilista diciéndole que las calles no se hicieron para automotores. No, listillo, pero tampoco solo para los ciclistas ni para peatones en exclusiva, si a esas vamos. Y hay calles milenarias. Que opinen pues, los caballos y los carromatos, que las usaron más que ambos contingentes por varios milenios y nadie los acusó de contaminadores irredentos ni de nada más. Por eso no me casa ni secundo todas las peatonalizaciones, porque no todas resultan afortunadas ni justificadas.

Peatonalizar suponemos que es una medida estudiada, que no ha de tomarse a tontas y locas, ha respaldarse por estudios serios de movilidad y trasiego que sugirieran su idoneidad o si no hay tales, que no se procedasin pleno conocimiento de causa, quedándose en lo superficial. No mal pensamos peatonalizar, sí y solo sí se hace de manera cuidada. Si tomamos magníficos ejemplos de calles que hasta se revitalizaron al peatonalizarse. Recuerdo la calle Larios de Málaga, la afamada Sierpes de Sevilla y la avenida Madero en Ciudad de México, que son claros ejemplos de su conveniencia reconvirtiendo su uso al peatonalizarlas. Pero cabe que haya casos desafortunados. Verbigracia, ronda la idea de peatonalizar todo el centro de Madrid o de Cd. de México. Un craso error.

No acaba de convencerme impedir el paso a otros medios de locomoción. No siempre es ni la única ni la mejor medida. Peatonalizar evade aceptar que los senderos vueltos calles siempre fueron transitados y no solo por peatones, aun otorgándoles el plus de hacerlas más caminables; empero no implica necesariamente tornarlas más transitables. ¿Qué suena estupendo prohibir el avance a terceros y más si son vehículos automotores? Quizás. Pero la medida es arbitraria. Podría cometerse el doble error de entorpecer los servicios, que obstruyan e interfieran en el óptimo funcionamiento de una ciudad –que no todas las calles son peatonables, permítame indulgente la expresión– y de no aparejar la medida con la de repoblamiento de los cascos antiguos, con lo cual se peatonaliza una calle, pero no garantiza dotarla de más vida tras el cierre de los comercios que asoman a ella ni que en verdad beneficie la medida a todos. Y peatonalizar una o dos calles, va. Ya todo un casco antiguo me desanima sobremanera.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (2)    No(0)

+

0 comentarios