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BIOGRAFÍA

Cristina de Stefano: La corresponsal

domingo 27 de marzo de 2016, 17:08h
Cristina de Stefano: La corresponsal

Traducción de Patricia Orts. Aguilar. Madrid, 2015. 447 páginas. 17,90 €. Libro electrónico: 9,99 €.

Por Verónica Meo Laos

Así como para Susan Sontag las imágenes fotográficas congelan el recuerdo de los horrores perpetrados en la guerras, en Oriana Fallaci, la crónica es la herramienta que permite ser testigo de las atrocidades de los conflictos bélicos alrededor del mundo y la prensa escrita la organización que impide que los autoritarismos abusen del poder de manera impune.

La periodista Cristina de Stefano (Pavia, 1967) adelanta el derrotero que desarrollará acerca de la periodista italiana más famosa desde las páginas de su libro La corresponsal. Oriana Fallaci, encuentros, guerra y amor: el retrato desconocido de una periodista de leyenda. En él anticipa delinear un retrato, una representación ajustada al original de una mujer cuya propia imagen se elevó a la categoría de ícono de la prensa internacional. Así, a quemarropa y sin piedad fueron entrevistados, entre otros: Henry Kissinger -entonces secretario de Estado de Estados Unidos- que le confesó haber sido como “el Llanero Solitario” guiando los destinos de su país, Yasser Arafat, el Ayatollah Jomeini, Idi Amin, Gadafi, Golda Meier, el general Giap, Pietro Nenni, Ali Bhutto, el Rey Hussein de Jordania, Nguyen Van Thieu, Indira Gandhi y el dictador argentino Leopoldo Fortunato Galtieri. A este último, en junio de 1982, en medio de la guerra de Malvinas, lo puso entre las cuerdas, escupiéndole en la cara: “La suya es una dictadura, señor presidente, no lo olvidemos”.

Menudo desafío propone develar la autora de La corresponsal en un libro cuyo género biográfico comparte las características de una narración periodística de revista femenina, o sea, una crónica larga de lectura amena. La trama argumental enhebra las primeras experiencias en el campo de batalla cuando una niña florentina, nacida en 1928 en el seno de una familia pobre pero rica en libros e ideales libertarios, vive en carne propia la angustia de la guerra antifascista del lado de los partisanos. Aquellos años marcaron a fuego el espíritu indómito de la pequeña Oriana y serán, de acuerdo con la biografía de De Stéfano, los cimientos sobre los cuales la Fallaci irá forjando su imagen pública y su leyenda.

Ya desde el título se promete mostrar no sólo el costado aguerrido de la periodista cuyo apellido es por sí mismo una marca registrada, sino que anticipa hacer conocer la cara más vulnerable y quizás menos pública de aquélla. Si existe la narrativa femenina, el último libro de De Stefano podría encajar en ese género. Y es que, para la autora, Oriana Fallaci es una mujer que amó y sufrió el desamparo con la misma intensidad que supo hacer temblar a varios dictadores pero, que al mismo tiempo, la aterrorizaban los aviones. Una persona común a quien el dolor por no haber sido madre le provocó una amargura lacerante que habría de acompañarla hasta el final de su vida.

Es probable que uno de los objetivos de esta crónica larga sea dejar al descubierto el perfil privado antes que la figura pública de trascendencia internacional y en esa estrategia narrativa, transformar a los lectores -y por qué no, a las lectoras- en compañeras de ruta de un periplo biográfico pleno de pasión, (des)amor y contradicciones humanas. En este sentido el mayor acierto de La corresponsal, que es su lectura liviana, es también su mayor debilidad. Porque la biografía de De Stefano, en su afán por no vulnerar la leyenda, elude bucear en las profundidades del alma humana lo que concluye en el sinsabor de la decepción por no haber podido acercarnos más que de soslayo, a lo que la autora prometía desde el título.

En conclusión aquellos lectores acostumbrados a saborear narrativas ligeras, paladares literarios que prefieren el sabor light a la densidad que interpela la naturaleza humana, se verán satisfechos en sus expectativas. Aquellos otros que suelen cuestionar lo establecido, espíritus disconformes que eligen libros que los dejan pensando una vez que terminaron de leerlos, puede que decidan quedarse con las fuentes de primera mano antes que con la versión de los acontecimientos.

Y quién te dice, entre estos últimos, no se podría haber encontrado Oriana Fallaci si estuviera viva

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