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NOVELA

Najat El Hachmi: La hija extranjera

domingo 27 de marzo de 2016, 17:14h
Najat El Hachmi: La hija extranjera

La hija extranjera. Traducción deRosa María Prats. Destino. Barcelona, 2015. 236 páginas. 20 €. Libro electrónico: 8,99 €.

Por Pepa Echanove

Najat El Hachmi (Marruecos, 1979) fue galardonada con el premio Ramón Llull y con el Prix Ulysse por su primera novela, El último patriarca (2008), que desde entonces ha sido traducida a varios idiomas. Ahora tenemos entre las manos La filla estrangera traducida al castellano por Rosa Maria Prats y que mereció el premio BBVA Sant Joan de literatura catalana en 2015. En la trayectoria de Najat El Hachmi, licenciada en filología árabe por la Universidad de Barcelona, la búsqueda de la identidad entre dos culturas es una constante. Mención aparte para el libro La cazadora de cuerpos (2011), una novela erótica que, como su propio título adelanta, narra los diferentes encuentros sexuales de una mujer con hombres de todos los colores, sabores y olores. En un párrafo del prólogo de su primer relato autobiográfico, titulado “Yo también soy catalana” (2004) leemos: “Todos tenemos un sueño, un ideal imaginario cuya existencia es necesaria para seguir adelante: el mío es poder dejar de hablar de inmigración algún día, no tener que dar más vueltas a las etiquetas, no tener que explicar por enésima vez de dónde vengo, o, si no, que este hecho no tenga el peso específico que tiene”.

Pues bien, en La hija extranjera Najat El Hachmi retoma la temática de la diversidad y del mestizaje con una perspectiva intergeneracional. La protagonista es una hija de padres emigrados a Cataluña procedentes de Marruecos que se mueve a caballo entre las dos culturas y los dos idiomas. Su madre representa el pasado, las raíces, el qué diran, las sofocantes presiones sociales y familiares; mientras ella aspira a vivir el presente plenamente integrada en la sociedad catalana proyectándose en una vida radicalmente opuesta a la que tuvo su madre. A pesar de la rebeldía mental, espiritual e intelectual de la hija, el amor incondicional por su madre acabará cediendo a sus propios impulsos de libertad. “Estoy aprendiendo a conformarme con la vida que me ha tocado, y poco a poco voy olvidando esa manía de buscar emoción y refugio en palabras poco usuales...”; “Cuanto más me aleje de las palabras más podré parecerme a mi madre...”, dice la protagonista y narradora en dos momentos a través de los cuales expresa, además, la importancia de la lengua como instrumento de conocimiento en contraste con la parálisis que produce su falta.

Pero dejar de lado sus propios sueños desembocará muy pronto en una trampa peligrosa. Un matrimonio sin amor con su novio-primo a quien no conoce significa su primera renuncia. De él, Driss, confiesa sin pudor la protagonista: “Mi primo no hace nada, mi flamante marido se vacía sobre mí cada noche, se duerme tranquilo y desfogado y de día pasea por la calle o se pasa las horas en los bares hablando con sus paisanos. Y encima mi madre le da dinero”. Seguirá el abandono de sus aspiraciones profesionales y después un embarazo accidental. El sueño de mi madre se había convertido en mi pesadilla”.El sufrimiento de la hija extranjera -extranjera para su propia madre, extranjera para su marido, extranjera también (¿o quizás mucho menos de lo que pensamos?) en la ciudad donde ha crecido-, se articula por medio de la aceptación consciente más que por una autocompasión pasiva, con una especie de resiliencia de la que saldrá fortalecida para afrontar una posterior y definitiva ruptura con el vínculo materno, paradójicamente pagando el precio de su propia maternidad.

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