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DESDE ULTRAMAR

Panama Papers: menudo papelón

jueves 07 de abril de 2016, 20:24h

Han bastado menos de 24 horas tras saberse su existencia, para que los llamados “Papeles de Panamá” (Panama Papers) desentramaran exhibiéndola, a una red compleja de traspaso de capitales a paraísos fiscales (pese a que para algunos, a Panamá no lo catalogan tal cual), que nos deja un tanto indignados, porque esos documentos apestan a corrupción desbordada. Los personajes citados como titulares de tales transacciones han hecho un verdadero papelón. No obstante ser gente bonita de toda laya buscando entresijos financieros, al saberse mencionados, enhebrados se incomodan, se rascan, vociferan, se deslindan, les da pica pica, pero ahí están sus nombres. Claritos, indubitables. No pueden negarse. Y sí, algunos han perdido los papeles enfurruñados y manoteando sabedores de su acción.

Que se trata de 11,5 millones de documentos filtrados sobre operaciones efectuadas entre 1977 y 2015 con la empresa panameña Mossack Fonseca, legalmente constituida para brindar servicios jurídicos offshore. ¿Qué tales datos se extrajeron de forma ilegal? Aun así, eso no les resta un ápice de su veracidad. Así de sencillo. Y por eso son incómodos. Reviso el concepto offshore y encuentro que esas empresas son descritas como útiles para eludir impuestos y en algunos casos, se usan para evadirlos. Y también hay de todo, que no generalicemos.

La revelación del contenido de semejantes referencias va desenmascarando discursos, apariencias, simulaciones y prácticas, muchas insanas, en contra de los erarios de bastantes países, gracias al proceder –se presume de menos, poco ético si fuera legal– de personalidades destacadas, entidades financieras coludidas, gobiernos solapadores y encubridores, todos convencidos de que actúan probos al amparo del “secreto bancario y financiero”; alardear de magnífica ingeniería financiera, pero igual vale verlo como un cúmulo de mucha codicia, avaricia, desvergüenza y un toque singular de desfachatez, que completa el cuadro presentado por tamaña revelación. Otros llaman al entramado descubierto como tener visión para los negocios. Menudos son pensando así, claro.

No es que nos sorprenda que existan tales envíos y tales ocultamientos, tales empresas offshore y tales paraísos fiscales, o que haya tales deseos de no pagar más impuestos (si es que los pagaron antes) sobre fortunas que no prejuzgaremos si son bien o mal habidas, que de eso se encargarán las autoridades que quieran investigarlo –sí, en todos los países se comportan aquellas cual avestruces– pero es verdad que, pese a los marcajes de distancia, a los alejamientos para evitar ser salpicados o a los artículos periodísticos justificadores de lo sucedido, buscando a toda costa exculpar rayanas fortunas extraídas de un país cualquiera (para acabar en paraísos fiscales), resulta que todo nos advierte de que la sola expresión de “paraíso fiscal” suena a evasión de impuestos, a chapuza financiera, a encubrimiento, artificio, escondite y opacidad. No falta razón. A mí no me extraña que la expresión “paraíso fiscal” no me suene solo a maracas, a ron inagotable, a calorcito sabroso y regué. No lo consigo ni lo concibo así, pues me sigue sonando a lo que apunta: sinvergüenzadas en tropel, si bien nos va, prestándose a tales.

Hay quien se devana los sesos preguntándose quién publicó los papeles y para qué lo hizo. Intrascendente. ¿Qué importa la intención de hacerlo? Solo estamos constatando el alucinante tráfico internacional de influyentismo y capitales (con patria, que no con “matria” de sus dueños, mostrando carecer de ella) y que algún despistado llama “ingeniería financiera”, mientras aplaude tales traspasos y elogia que sea posible, ocultando la contingente y eventual evasión de impuestos o transacciones non sanctas. ¿Qué no vemos nombres estadounidenses? Es verdad. Y en los detalles está el Diablo. ¿Qué no son todos, y faltan muchos? Adivinaron. Pero así las cosas, no desviemos la atención a lo importante.

Y no, nadie espera en sí que los ricos paguen más impuestos. Ni que desaparezcan los paraísos fiscales. ¡Ni Dios lo quiera! Pero su presunta evasión al fisco resulta indignante y previsible. Así de sencillo. Porque en muchos países por cosa de nada, el fisco arremete contra el contribuyente, que no tiene escapatoria. Y en cambio, en estos casos lo duda, mientras arguye que no alcanza el dinero público. Cabe esperar siquiera que no se venga a decir aquí que a los paraísos fiscales se acude para muchísimas otras cosas que solo para ir a usar sospechosas sociedades offshore. ¡Venga! sabemos bien que no se va a ellos a llevar dólares a que se asoleen un ratito, a que cojan un bronceado de miedo tipo aquíteespero para luego lucirlo en portadas de revistas del corazón y solo a eso. ¡Qué va! Reconózcase la realidad.

El vendaval desatado va imparable. La caída del primer ministro islandés no me deja boquiabierto. Que no me lo pongan cual ejemplo de anticorrupción. Porque renunciar tras cometer no quita que sigue habiendo corrupción en Islandia. Mientras Messi se lía en declaraciones justificadoras, Peña Nieto calla sobre su contratista favorito y Macri evade abundar y la prensa británica evidencia a Cameron por su padre metido en el asunto. Es de órdago la lluvia de declaraciones lavándose todos la cara y advirtiendo lo que se viene, amenazantes, o exculpándose con que ya se concretaron tales operaciones y son cosa del pasado. Destacó las palabras de un funcionario financiero del JP Morgan que vincula tales dineros con los fondos buitre de Argentina y que la OCDE advierte que cada año se traspasan 240 millones de dólares a paraísos fiscales. Demasiados dólares para ser simples guardaditos y ahorros de toda la vida que, traducidos por azar en billetes verdes, se van a tomar el Sol acompañándose de la bebida refrescante favorita de su preferencia. ¡No señores! No hay tales. Comprar o constituir así sociedades offshare, fincarse socios fantasmas y triangular fondos sacados de sus países, no son prácticas plausibles ni inocentes. No perdamos los papeles, que para papeles estos, los de Panamá, que ya son bastantes.

Y no faltan los tarambanas que en México dicen que la investigación no es tal y que encabezada por medios opositores a Peña Nieto, solo la usan para golpearlo, mientras acusan violación de acceso a datos personales y la privacidad de los aludidos. ¡Pamplinas! Tal club selecto de augustos nombres, de pesos completos, no figura en mis contactos de redes sociales, que uno se junta con gente decente. Me tranquiliza. Se trata de un listado de embarrados hasta las cejas, que no contiene cabeza que al peinarla no salga piojosa. Total, que toda esta enmarañada madeja de componendas, corruptelas y opacidades solo me recuerda las frívolas palabras de aquella pareja de telepredicadores estadounideses evasores, a quienes el fisco capturó por su negativa a pagar impuestos. Recordemos juntos la sonrisa socarrona de uno de ellos diciendo: “solo los tontos pagan impuestos”. Lo de “tontos” me parece tan actual en el mes de la declaración fiscal de personas físicas en México, que se nos atraganta. Ahora mismo veo mi mapamundi buscando un paraíso fiscal más resguardado…es contagiosa la práctica, me temo.

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