www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

POESÍA

Jesús Munárriz: Materia del asombro. Antología, 1970-2015

domingo 10 de abril de 2016, 16:37h
Jesús Munárriz: Materia del asombro. Antología, 1970-2015

Ed. de Francisco Javier Irazoki. Hiperión. Madrid, 2015. 172 páginas. 12 €.

Por Inmaculada Lergo Martín

75 años de vida, 45 de ejercicio poético y una existencia dedicada a las letras en sus más amplios horizontes conforman esa “materia” que Francisco Javier Irazoki ha manejado para montar este volumen de poesías de Jesús Munárriz (San Sebastián, 1940). Materia del asombro es una antología, pero tan personal y conseguida en su intención, que la impresión que da es la de estar leyendo un poemario más que una recopilación. Quizá el hecho de que Irazoki sea también poeta, su afinidad en materias literarias y su amistad personal lo hayan hecho posible.

Dejando a un lado, por ser sobradamente conocidas, sus facetas de editor, traductor y compilador, podemos centrarnos en su obra poética. Jesús Munárriz ha ejercido, en ocasiones, de actor sobre un escenario, pero ha sido sobre todo actor y espectador de la vida. Por eso es un poeta que hace sentir y pensar a la vez. Su poesía es de emoción “humana”, de emoción “social”, como la de César Vallejo, cuya obra admira especialmente. Su mirada no escapa de aquello que es más cómodo obviar u olvidar, no se complace en la esperanza ni en el desconsuelo, no canta lo absurdo de la existencia, sus penas y júbilos, solo las constata; su voluntad es la de ser testigo y voz de la realidad, y es “en el filo del alma” donde va “alimentando el manantial del verbo”. El impulso de sus versos no es el de un demiurgo, tampoco la vara sentenciosa de un juez o la pretensión egotista del desesperanzado. Sus poemas se nos muestran con una verdad tan diáfana y simple que resulta más denunciadora que la denuncia, como ocurre, por ejemplo, en el recorrido que por la España de los años de la dictadura hace en Cuarentena, una fotografía de esa “paz” que le “tocó / prácticamente toda”. Una paz que hizo a muchos sentirse extraños en su propio país; una paz de la que no era posible escapar; una paz que borró los recuerdos y la historia a la par que borraba vidas y voluntades; una paz de la chulería pistola en mano, del control de las conciencias, del miedo; una paz del hambre, las restricciones, el ricino, el “auxilio social”, la escasez y la displicente arrogancia de la caridad; una paz del exilio, la exclusión, las purgas, del aislamiento del exterior, del atraso; una paz de la mujer en su sagrado papel de madre y esposa, de la redención por el trabajo, de la humillación ante el poder; esa paz de las condenas a muerte, del estado confesional, del “mucho / sófocles corregido por pemán”. “Cuarentena”, en todos los sentidos de esta palabra, relatada con la naturalidad cotidiana con que hubo de vivirse, con la sorna sorda y el humor ácido con que únicamente parecía posible sobrellevarla.

Inopinadamente, a lo largo de los años, su impulso inicial, su alma del neófito, ha seguido y sigue estando ahí, incontaminada. Como en ese rostro que describe en el poema “Transparencia”, en el que detrás de las “imborrables huellas” talladas por las miserias de la vida, a su pesar, “la fugaz sonrisa / la lejana niñez, la feliz inocencia” se mantiene viva. O como en esas “Instrucciones de vuelo”, consejos de sabor cervantino que le dedica a su hija Gabriela: “Aunque te hieran, tú no hieras”; “sé siempre fiel a la verdad”; “el soñador / que mejor sueña es quien la gana”; “arriesga y ama”; “la vida, la vida, la vida / te está esperando; / ve a buscarla, / descúbrela, disfrútala, / emprende el vuelo, abre tus alas”. Y que está también en el gozo, “glotón enjambre de alegría”, que aflora en sus poemas amorosos y eróticos.

Munárriz posee una voz propia, una voz que camina con la realidad pero que no es prosaica; que juega con el verso pero que no se engríe en él. Y es la vida, más que la rosa, el aliento de sus poemas. Materia del asombro reúne los varios matices de esa voz. Desprendida esta antología de las habituales pretensiones compilatorias, académicas o de representatividad, transmite esa frescura del capricho lector, libre y gozosamente practicado por Javier Irazoki.

Y aunque el poeta Jesús Munárriz dice haber sido solo “escriba” de sí mismo, somos muchos los que lo hemos sentido también como escriba de nuestra propia experiencia. Por eso, aunque él, o yo, o tú, lector, “del exterior no esperes / nada que no florezca en tu interior”, a través de su poesía, “tal vez una mañana”, esa transparencia que reclama deje ver el mundo “sin trampas ni tapujos”, y “podrás afrontar la espuma de los días / sin falaces ensueños ni ciegas esperanzas, / mirándole a los ojos a la vida, / falsaria, seductora, / sin hacerte ilusiones, / con decisión, con confianza”.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (5)    No(0)

+
0 comentarios