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TRIBUNA

Zika, Chikungunya y Dengue

jueves 14 de abril de 2016, 20:09h

Me encuentro en El Imparcial, nuestro diario internacional de cabecera leído en ambos hemisferios con el favor de todos ustedes, que la avispa asiática (Vespa velutina) avanza a un ritmo de 50 kilómetros al año por el norte de España, con una voracidad capaz de cargarse entre 25 y 50 abejas europeas (Apis mellifera) a diario. Empero, no es el único himenóptero que nos preocupa y acaso sea el más inocente de todos.

Me recordó esa nota vista en El Imparcial, que México hace tiempo que enfrenta la presencia de la abeja africana, o africanizada, llamada “asesina”, que también nos pone en jaque y ataca los colmenares, poniendo ya en severo riesgo a los apicultores y a la producción mielera. Se le ataja, pero no se la extirpa. La industria apícola está amenazada. Y hay peores noticias provenientes de insectos, que nos deben de preocupar en demasía.

Porque el enemigo público número uno está resultando ser el mosquito que transmite por triplicado, sendas enfermedades: Zika, fiebre chikungunya y el dengue de toda la vida. Y los países tropicales lo estamos padeciendo bajo el enorme riesgo de que tal azote no se limite a su geografía, agravando la situación.

Sería irresponsable decir que nada se ha hecho para frenar tamaña peste, pero también lo sería ocultar información o minimizarla, cantando victoria.

Comenzó el Zika como una cosa casi anecdótica y hoy en cambio, la OMS ya se pronunció señalándolo como una emergencia sanitaria mundial y mal haremos en no justipreciarla o en mirarla como cosa ajena y lejana. Además, está relacionado con enfermedades colaterales como la microcefalia.

Ya que no es cosa menor, ocupémonos un poquito del asunto. Las autoridades sanitarias han de estar mucho más alerta. He visto en un aeropuerto mexicano a pie de costa, mensajes informativos colocados en alguna manta en la que se advierte que el Zika se adquiere por el piquete del mosquito portador del género Aedes (Aedes eagypti), pero que puede incubarse y manifestarse incluso ¡hasta 3 semanas después! y cuando uno pensaba que ya la había librado desde el momento mismo en que abandonaba el lugar de recreo sin mayores síntomas. Así, tras de una reconfortante visita a la playita, mi retozo se inquietó alejándome del paraíso, un poco intranquilo, pensando en si debía de aguardar 3 largas semanas para saber si estaba o no contagiado por semejante virus carente de vacuna. No fue el caso, pero menuda incertidumbre causa el bicho.

Desde luego que la vertiginosa proliferación del Zika desmiente estar limitado a una región estrictamente tropical y que igual que el dengue, es sumamante contagioso y es más agresivo. Tenemos conocimiento de que se ha ocultado en algo su presencia y hasta se reconoce que está presente en más países de los admitidos. Eso es grave porque seguimos topándonos con países que ocultan la información, como lo hicieran en 2009 con la crisis de la influenza, para no desacreditarse. La verdad es que se desacreditan mucho más con su irresponsable silencio y proceder.

Las cifras del Zika revelan su propagación geográfica acelerada. Cuando estabamos alertados y francamente preocupados por los efectos del Chikungunya, que considerábamos que se expandió rapidísimo, llega esta otra epidemia con más severas consecuencias, y nos pone a parir chayotes. Porque el Zika es casi una suerte de plaga invisible y expansiva de una forma tal, que las instituciones nacionales e internacionales de salud parecen rebasadas.

Es correcto que las autoridades sanitarias europeas y otras, actúen. Pero es que no basta. Como no basta la fumigación. Hay que buscar las verdaderas causas de su existencia y no solo efectuar una política de remediación o de prevención cuasiinfantil frente al Zika, lo que incluiría que leamos más del fenómeno para informarnos mejor.

Estoy convecido, y mi opinión es absolutamente empírica, de que esta clase de calamidades son recurrentes y que siempre se ha padecido de ellas. Cierto es que el Zika per se, no tiene precedentes por su agresividad y nos debe de advertir cuánto hemos afectado al planeta para que surjan estas afecciones con tales características. No es cosa del todo gratuita, también lo sabemos, pero el problema ya está y apremia a resolverlo. Solo nos resta estar alertas y ser más precavidos. Algo es algo, pero siempre insuficiente ante el acecho del Zika, el Chikungunya y el Dengue, escritos con altas para que nos concienticen de tamaño problema capital que enfrentan los países iberoamericanos de ambas orillas del Charco.

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