Visitaba el Real Madrid a su vecino sureño en el partido que abría la jornada sabatina de la Liga española, una fecha marcada por la resaca de los envites continentales que realzaron a los gallos madrileños en contraposición al malherido Barcelona. Precisamente, todos ellos retomaban este fin de semana el pulso por el título doméstico, con sus heridas y sus euforias, en un desafío contundente para los preparadores psicológicos, pues los tres candidatos enfrentaban de regreso a casa a clubes urgidos por abrazar la permanencia en Primera. Se cruzaba el Getafe en el caso madridista, una entidad que había cambiado de técnico a falta de seis partidos al tiempo que en Chamartín se tocaba el paroxismo por mor de la remontada ante el Wolfsburgo. Suponía una incógnita el nivel de consistencia local y el de intensidad visitante, en un episodio de aspecto resbaladizo para el tercer clasificado si no equiparaba su compromiso al del necesitado oponente. Los azulones, colista provisional, vislumbraban su objetivo parcial de respiro a tres puntos de distancia, los mismos que aferrarían a los defensores del Benabéu a la estela del líder. Por lo que, lejos de constituir un día más en la oficina, se deplegaba un combate espinoso por subsistir, cada uno en su pentagrama.
Juan Eduardo Esnáider debutó al mando de su nueva y complicada empresa efectuando una vuelta de tuerca de inicio. Renegó el preparador argentino de la búsqueda de la consistencia perdida para apostar por un planteamiento más ofensivo de lo que venía configurando Escrivá. Scepovic y Álvaro partían en punta con la velocidad y desequilibrio de Pedro León y Sarabia en los costados. Golpear navegando en la ambición despojada de prejuicios parecía resultar el mantra renovado de un Getafe decidido a jugar de tú a tú a la ilustre delegación semifinalista de Champions. Sobre Lacen y Juan Rodríguez recaería la pesada responsabilidad de anclar el equilibrio de un sistema que se vería amenazado por la calidad rival de no mantener las líneas juntas. Damián y 'Palito' Pereira ocuparían los laterales, con variante de carrileros, y Vigaray y Vergini formarían la pareja de centrales interinos, con Guaita como último recurso de defensa ante lo venidero. Intentaba desafiar la endeblez de la espalda merengue con una estructura volcada al robo y salida, si bien las piezas escogidas esbozaban más querencia por la salida que por el trabajo de recuperación. La valentía del entrenador contendría daños colaterales profundos de no permanecer cohesionados en fase defensiva. La superviviencia empezaría este sábado por un ejercicio colectivo y no una reproducción paradigmática de ruptura de líneas.
Zinedine Zidane interpretó esta visita como la jurisdicción idónea para entregar descanso a los imprescindibles y alternativa a los artistas caídos en desgracia. Isco y James ocuparon los escaños de Casemiro y Modric en un centro del campo que volvía a sacar de sitio a un Kroos que figuraba como mediocentro, acompañado de dos interiores creativos. Varane también regresaba a la titularidad para cimentar la zaga arquetípica de este curso, con Marcelo, Pepe y Carvajal. Bale, Benzema y Ronaldo dispondrían de una oportunidad más de acumular muescas para su pedigree estadístico. Manifestó el entrenador francés en la previa que le evocaba cierto "miedo" este partido a domicilio, por la implicación de la relajación que podrían incluir en el paquete. Es por ello, quizá, que incluyó en la fórmula la nómina de mayor ambición ofensiva, con la mentalidad situada en resolver el enfrentamiento por la vía del intercambio de mordiscos, un paisaje en el que la calidad debería preponderar sobre otros parámetros de tipología táctica. Sin embargo, no podría permitirse lagunas en la vigilancia tras pérdida y la concepción coral del juego, pues los episodios precedentes sin destructores en la medular señalaban fiascos sonados que mermaron las opciones de titulo liguero.

La alineación escogida por Zizou corroboró, sobre el césped, la idiosincrasia susurrada desde el banquillo. Le imponía respeto este trance al preparador, debido a los fantasmas de autocomplacencia, y los jugadores en disposición actuaron en coherencia, luciendo personalidad y concentrada querencia monopolística desde el primer pestañeo. No obstante, el Madrid salió muy intenso, presionando arriba, jugando en cancha contraria y encontrando la ansiada profundidad entre líneas por la asociación interior entre Isco, Kroos y James, que ocupó la mediapunta, un rol arrinconado de manera acostumbrada este curso en los sistemas merengues. El colombiano sacó tajada, con celeridad, de la voluntad de los suyos al ejecutar un chut desde la frontal que sacó Guaita de la cepa del poste -minuto 3-. Se estaban asentando los presupuestos de control visitante y verticalidad local, pero la apariencia de los primeros 10 minutos no representó más que un espejismo. El encierro getafense concluyó con la primera interrupción del envite. El internacional uruguayo y campeón de América, Álvaro 'Palito' Pereira, hubo de retirarse lesionado y ocupó su lugar Yoda, lateral izquierdo improvisado. Y el parón se vio acompañado por la transición con chut de Sarabia que taponó Varane, incipiente acción ofensiva de un equipo local que se desperezaba después de la tensión agazapada de apertura.
Se esbozó la reacción azulona antes del primer cuarto de hora subiendo líneas, con la defensa muy adelantada. No quería volver a encerrarse y optó por reducir los pasillos centrales, pero asumía un riesgo erosivo al brindar espacios a la espalda de la retraguardia. El escenario, que contemplaría la hoja de ruta general de la trama, cocinó la amortización madridista de inmediato, en forma de tormenta de contraataques. Ronaldo abrió boca al no rematar a la red, por poco, una acción al vuelo que concluyó con pase definitivo de James -minuto 12-; ahondó la perspectiva en otra contra, lanzada al galope de la potencia de Bale, que se tradujo en una pared entre Benzema y el galés que no significó el primer tanto por el desvío de la zaga al remate del francés -minuto 13-; y la combinación brillante en la frontal entre Marcelo, James y Ronaldo, que confluyó en el remate rasante y acelerado del punta luso que se estrelló en la madera -minuto 15-, subrayó el viraje favorable a los intereses madridistas.
La posesión yacía pintada de blanco en un juego que intercalaba, con acierto, circulaciones rítmicas en estático -con lo laterales sumados a la medular- y balones al espacio. Sin embargo, este intervalo remarcó el advenimiento de hectáreas tras pérdida, en ambas direcciones, lo que configuraba una línea argumental sostenida en el monopolio visitante pero sujeta a la ruptura abrupta por la fractura de líneas mutua. Avistó el Getafe el desequilibrio táctico de un Madrid muy largo, no cohesionado, y ganó peso en la conversación tras acometer algo más de ambición posicional, aunque su planteamiento no escapaba a la verticalidad absoluta tras robo. La ausencia de Casemiro se hizo notar con asiduidad, pues Kroos resultaba transparente en repliegue y James e Isco no regresaban a tiempo, desatendiendo las necesarias labores de cobertura. Pedro León y Sarabia explotaban los desajustes avisando de la incipiente gravedad del caótico guión táctico que disparaba a un escenario de ida y vuelta sistemático cuando se atravesó la primera media hora. Sin centros del campo que sostuvieran la consistencia grupal, se experimentó un repunte del tempo que no encontraba enmienda en la parcela central de la cancha. Las recuperaciones se daban por imprecisiones desafortunadas y no por la vía de trabajo defensivo.
Pero, quizá la anárquica trayectoria del relato entraba en las cláusulas de la elección estratégica de Zidane, ya que el Getafe no alcanzaba a llegar con peligro a la meta de Navas ni a replegar con solidez en la resistencia de las acometidas visitante. El chut que Isco filtró en el entretiempo del efervescente devenir, que no enlazó con la diana por poco desde la frontal -minuto 27-, resultó el entremés adecuado antes de que la interpretación de Zizou recogiera frutos. En la enésima transición descompuesta, James recibió en el pico del área y localizó el desmarque de Benzema, apostado en el segundo poste. La precisión cirujana del cafetero en el centro conectó con el remate certero y trompicado, desde el punto de penalti, del galo. El esférico se coló en la meta de Guaita con timidez pero pegado a uno de los extremos del arco. Se adelantaba el Madrid en el minuto 29 gracias a la pericia técnica de los adalides escogidos. La producción combinativa merengue deshilachaba con rotundidad el endeble repliegue local, expuesto si los madridistas superaban la primera ráfaga de presión sureña, hecho que favorecía la personalidad ofensiva dispuesta para este duelo.

Bale dejó en soledad a Ronaldo dentro del área, en el 31 de juego, para que el portugués se topara con el meta español de potente cañonazo, por lo que no atisbaba horizonte un Getafe impotente en ambas fases del juego. Sin embargo, un déficit de compromiso de los peones de la medular en fase defensiva podrían abonar el terreno que revirtiera la placidez de los de Chamartín en incertidumbre. Scepovic, León, Álvaro y Sarabia permanecían en tres cuartos de cancha, sin regresar para acompañar el achique, al igual de Bale, Ronaldo y Benzema. Las estructuras sollozaban, por consiguiente, si la asociación oponente avanzaba más allá de la frontera entre territorios y los pupilos de Esnáider quisieron reaccionar para granjearse relevancia en la charla por el cauce del ascenso de metros. Buscaba el ex delantero convulsionar a los suyos para detectar alimento a su desasisitido y desacertado frente de ataque, pero, por el contrario, lo que recogió fue el redoble de la afrenta. Después de un paréntesis sin movimientos destacados, ganó Pepe un balón en largo lanzado por la defensa local y se precipitó el punto de inflexión del enfrentamiento. Bale e Isco entretejieron una pared vertiginosa, de alto valor técnico, para dibujar un cuatro para tres, con el malagueño liderando la transición en ventaja y Ronaldo, Benzema y James aguardando. El cuero arribó a los cordones del clarividente punta francés, que devolvió el pase al creador nacional, dejándolo en un mano a mano definitivo con Guaita. La calidad del hoy titular brotó para resolver el lance de suave toque cruzado -minuto 40-. El juego entre líneas central, perseguido por Zizou con su arriesgada elección, de marcada ortodoxia atacante, impuso el encuadre alegre en el que la pegada dictaminaba el vencedor del baile.
Con la sentencia tocando tierra cupo antes del intermedio una opción de remate merengue postrera. Guaita detuvo el lanzamiento desde la frontal de Isco -minuto 45-, en otra oleada que desarbolaba por el centro al cierre oponente. Hasta cinco piezas combinaban en la frontal contrincante, en un retraro fiel de las oquedades patrocinadas por el riesgo asumido por el decrépito bloque local. La relación estadística completaba el cuadro de sensaciones percibido: el guión denotaba una victoria del Real Madrid en el marcador, en la pugna por la posesión (70%), en la gestación de llegadas al área (12, por dos aproximaciones azulonas) y, sobre todo, tiros a portería. Durante los primeros 45 minutos de pulso irreverente getafense los colistas no chutaron ni una vez entre palos mientras que el gigante, que navegaba a sus anchas al espacio, lanzó en seis ocasiones. Arribado a este vértice de rendimiento, Esnáider habría de modificar algún aspecto relativo a la cohesión de su sistema o vería contravenida, con dureza, esa intencionalidad verbalizada de "marcar siempre más goles que el rival" para salvarse. Los goles habían ejercido una magnética influencia en el desempeño mental sureño, por lo que la charla de vestuarios debía, también, inyectar fe en esta batalla quimérica.
Exigió una mayor intensidad Esnáider y los suyos acometieron un ascenso de decibelios y de metros, ejecutando un paso adelante que, por otra parte, recalcaba la intención mostrada en el primer acto. Sarabia afianzó la salida en la reanudación con un lanzamiento a las nubes, desde media distancia y en acción individual -minuto 46-. El Real Madrid se descubría, entonces, en el manejo de la gestión de la ventaja, ante un púgil venido arriba, por lo que recuperó la lectura que le conducía a alternar anestesia estática con vértigo al contragolpe. Y, antes de que los renovados planteamientos se expusieran con bagaje de minutos, la calidad volvió a penalizar la valentía local. Un balón al espacio revestido de seda de Benzema, hacia la potencia antómica de Bale, alzó el telón de la condena. El galés, que ganó la espalda a la desnuda zaga, propulsó su exuberancia física para patrocinar un mano a mano con el meta que resolvió con un chut cruzado para el tercero de la tarde -minuto 49-. Quedaba visto para sentencia el valor competitivo del partido, con los tres puntos en la mochila visitante, por lo que el segundo tiempo adquiría el cariz de un entrenamiento psicológico para la fe y autoestima getafenses y la coyuntura idílica para que Zidane prosiguiera su distribución de descanso, tan necesario a estas alturas de ejercicio. Así, Nacho, Lucas Vázquez y Jesé entrarían en el verde por Carvajal -serio en su despliegue-, Bale -sobresaliente en paisaje abierto- y Benzema -protagonista, otra vez, en el engrase de la ofensiva madridista-. Buendía y Moi Gómez coronarían las tres sustituciones azulonas, sentando a Lacen -el mejor de los suyos- y a Álvaro Vázquez -sobreexcitado y que terminó con molestias-.

Se dispuso hasta el epílogo un partido de aspecto semejante al manifestado, pero con un descenso de pulsión y vatios notable. Nunca terminó de imponerse el centrocampismo, pues el toma y daca siguió en rol protagónico hasta el desenlace, con réplicas de llegadas y respuestas oponentes sistemáticas, con nada más en juego que la defensa del orgullo propio, individual de cada pieza y colectivo. Isco y James, que participarían de los 90 minutos, encontraron lugar para la ganancia de legitimidad. El primero participó con ánimo de director de la orquesta y el segundo, más intermitente, se uniformó de propietario del pase decisivo, hasta encontrar el gol. Pero, antes del grito del colombiano sobrevinieron los intentos infructuosos de Buendía -tras desborde en transición-, Sarabia, Benzema y Ronaldo. Navas y Guaita también adquirían significación en este trazo de descontextualización, cuando se aproximaba el partido hacia el último cuarto de hora, tras superar el intercambio prolongado de intrascendencia. No en vano, el titular de Costa Rica debió conjugar un libre indirecto dentro de su área por cesión de Marcelo, en uno de los descoordinados avances getafenses que llegó a la orilla.
De hecho, quemado el minuto 75 se asistió al repunte goleador final. Una suerte de fuegos artificiales, con nada por lo que competir, que entregó sonrisas, por este orden, a Sarabia, James y Ronaldo. El primero atravesó la escuadra del portero tico -minuto 83- gracias a un soberdio zurdazo cruzado; el segundo hizo diana al aprovechar la enésima contra en superioridad, culminada por un regate y amago que sentó a su par, en el centro del área, y un remate, con templanza, a la red -minuto 88-; y el tercero, pichichi del campeonato nacional, remató a portería vacía después de que Jesé escapara al marcaje de la adelantada zaga local, confecionando un dos para uno con el arquero español que el 7 madridista sumó a su zurrón -minuto 90-. Con 1-5 se bajó el telón de un enfrentamiento del que resulta complicado extraer conclusiones por parte de los protagonistas. El Getafe interiorizó que, a priori, éste no iba a ser uno de los partidos que les acercaran a su objetivo, por lo que la goleada encajada, en pleno proceso de acelerada transición entre mandatos, puede ser leída como un punto y aparte de cara a enfrentar las trascendentales últimas cinco finales de la temporada. Y, del bando madridista, no cabría hacer hincapié en la ruptura de líneas exhibida, pues la potencialidad ofensiva del rival -uno de los menos goleadores de la categoría- y la específica elección de artistas en lugar de obreros podría conllevar dicha consecuencia. Así pues, eludió el relajado pichazo el favorito y cedió en casa ante el gigante el humilde en reconstrucción. Parecería que todo sigue igual en la trinchera liguera, aunque el que empezó tercero acabo segundo.
Ficha técnica:
Getafe: Gaita; Damián Suárez, Vergini, Vigaray, Pereira (Yoda, min. 9); Pedro León, Juan Rodríguez, Lacen (Emi, min. 52), Víctor Rodríguez: Sarabia y Álvaro (Moi Gómez, min. 62)
Real Madrid: Keylor Navas; Carvajal (Nacho, min. 52), Pepe, Varane, Marcelo; James Rodríguez, Kroos, Isco; Bale (Lucas Vázquez, min. 57), Benzema (Jesé, min. 67) y Cristiano.
Goles: 0-1, min. 29: Benzema, tras un pase de James; 0-2, min. 40: Isco culmina una pared con Benzema; 0-3, min. 50: Bale bate a Guaita en un mano a mano; 1-3, min. 83: Sarabia bate a Keylor Navas con un disparo desde fuera del área; 1-4, min. 88: James; 1-5, min. 92: Cristiano.
Árbitro: González González. Amonestó a Damián Suárez (min. 44), Álvaro Vázquez (min. 61), Pedro León (min. 78) y Moi Gómez (min. 85) por parte del Getafe, y a Nacho (min. 90) por parte del Real Madrid.
Incidencias: 11.000 espectadores acudieron al partido correspondiente a la trigésimo tercera jornada de la Liga BBVA, disputado en el Coliseum Alfonso Pérez.