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AL AIRE LIBRE

ANDRÉS SOREL: DE PASIONARIA A LETIZIA

sábado 16 de abril de 2016, 17:57h
El Cultural es la revista de referencia de la vida intelectual española. Se distribuye los viernes con el diario El Mundo...
El Cultural es la revista de referencia de la vida intelectual española. Se distribuye los viernes con el diario El Mundo y la dirige Blanca Berasátegui. Luis María Anson publicó en ella un artículo que, por su interés, reproducimos a continuación.

“Lo que caracteriza a Andrés Sorel es su calidad como escritor. Al margen de ideologías y posiciones políticas, el autor de Antimemorias de un comunista incómodo es uno de los nombres destacados de nuestra república de las letras. Recuerdo la emoción con que leí su última novela …y todo lo que es misterio mientras las palabras ardían encendidas sobre los amores de Ingeborg Bachmann y Paul Celan… “Viñadores excavan el reloj de horas oscuras, de hondura en hondura”.

Tras una vida plena de acción y pensamiento, Andrés Sorel se ha decidido a escribir un libro de memorias que el lector consumirá de un tirón por el interés de todo lo que en él se narra. Con el doble telón de fondo de la dictadura franquista y de la dictadura estalinista, el autor pelea por la libertad desde su entendimiento marxista de la vida y la política.

Se refiere Andrés Sorel a la “espléndida voz metálica, rugosa y armónica” de Pasionaria, “esa voz -según Vicente Huidobro- en forma de luz ansiosa, en forma de agua para la sed y de pan para el pobre”. Acompaña el autor a Dolores Ibárruri en diversos viajes sin hablar nunca de Francisco Antón, el hombre que “durante bastantes años llenó y envenenó sus sueños”. Muere el hijo de Pasionaria, Rubén, al frente de su compañía de ametralladoras en el frente de Sredosyaya Akhtuba. Unos meses después, el 2 de diciembre de 1942, operan a Pasionaria de vesícula. Se debate entre la vida y la muerte. Stalin en persona, acompañado de Molotov, visita a la enferma.

No cae Andrés Sorel en el papanatismo estalinista. Por el contrario, al referirse a la URSS, llega a decir: “…antes de que los conflictos internos divulgaran en su intensidad y consecuencias los horrores del estalinismo…” La libertad de juicio y la razón pura presiden el libro de Andrés Sorel, Cuba siempre en el corazón, y el relato de sus peripecias, literarias y políticas, a lo largo y a lo ancho de Europa y América con especial incidencia en el París de Radio España Independiente, después en Madrid y el periódico Liberación, la isla antillana en la nostalgia.

Y la gran sorpresa de las Antimemorias: la hija de Andrés Sorel tiene una amiga que se llama Letizia Ortiz. Las dos jovencitas estudian juntas y, en ocasiones, en casa del escritor en la madrileña calle Tutor. Alude Sorel a Alonso Guerrero y a su libro El hombre abreviado y se rinde ante la inteligencia de la amiga de su hija. Letizia Ortiz era ya de estudiante una joven culta, volcada en los libros, seria, trabajadora y sobre todo solidaria con los desfavorecidos. Una mujer ejemplar que vertebra la memoria del escritor impregnada de Saramago, Sastre, Rafael Alberti, Juan Mayorga, José Martí, Che Guevara, Marcos Ana, Gamoneda... Desde su independencia, Andrés Sorel elogia a Octavio Paz y recuerda reiteradamente a la amiga de su hija que estudiaba periodismo y a la que el destino convirtió en Reina de España, persona excepcional al servicio del pueblo español al que se ha entregado en cuerpo y alma, la inteligencia alerta y el espíritu de solidaridad siempre activo.

Dedica un capítulo Andrés Sorel a Podemos, el partido comunista del siglo XXI, con un líder fruto por un lado del entendimiento certero de los medios audiovisuales y, por otro lado, de una situación odiosa que el escritor resume así: “…resulta fácil denunciar el olor nauseabundo que despide la ciénaga en la que chapotean los partidos y sindicatos que se uncen al poder, con sus mentiras, corrupciones, frases mediáticas, representaciones escénicas burdas aunque sean en tecnicolor, y lo difícil, tras denunciar su hedor, es purificarlo”.

Andrés Sorel podría aplicarse, en fin, el párrafo que dedica a uno de los personajes de su admiración madura: “Por eso, en esta soledad que comienza ya a ser eterna, en la que vivo muriendo hasta que muera sin vivir, yo vuelvo al principio, a la única, verdadera comunión que celebré a lo largo de mi vida, la comunión con el partido que me lo dio y me lo quitó todo, que fue mi luz y mi sombra, que me arrebató la libertad íntima para arrojarme a la hermosa lucha de la conquista de la libertad colectiva, el partido que me arrancó del trágico destino de sumisión y letargo…”