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MEMORIAS

Javier Rupérez: La mirada sin ira

domingo 17 de abril de 2016, 18:27h
Javier Rupérez: La mirada sin ira

Almuzara. Córdoba, 2016. 384 páginas. 19,95 €.

Por Carlos Abella Martín

Javier Rupérez (Madrid, 1941) es diplomático de larga y esplendida trayectoria profesional y de acreditada vocación de servicio público a España. La lectura de La mirada sin ira es imprescindible para conocer la vida pública española desde la muerte de Franco a nuestros días y su peripecia personal y profesional, iniciada en Addis Abebba, continuada en Varsovia, Helsinki, Ginebra, Bruselas y definitivamente en Madrid y Estados Unidos, país en el que fue embajador en Washington y cónsul en Chicago, amén de funcionario de Naciones Unidas.

El libro aborda -entre otros muchos episodios- la gestación de la Transición, la figura de Adolfo Suárez, la creación y demolición de UCD, el frustrado golpe del 23F, la entrada en la OTAN y la victoria socialista de 1982 y describe como (pág. 142) “los socialistas, como siempre instalados en la noción de que las cosas no son como deben ser hasta que ellos ocupan el poder, convencidos de que el mayor obstáculo para obtenerlo era Suárez, se lanzaron a un campaña inmisericorde para erosionar su capital personal y político y en términos no bien descritos a provocar su caída”. Rupérez narra ese período desde la ilusión por la construcción de la democracia y relata con minuciosidad y objetividad las peripecias de la búsqueda de la paz mundial en los últimos cincuenta años, describiendo las iniciativas multilaterales que Occidente ha ido desarrollando.

Como privilegiado testigo, Rupérez cuenta en este libro que gracias a la entrada de España en la Alianza Atlántica, auspiciada por el Gobierno de UCD presidido por Leopoldo Calvo Sotelo, se consiguió posteriormente el ingreso en el Mercado Común, y acierta al denunciar la obcecación infantil de los socialistas españoles que tuvieron que rectificar públicamente su oposición a ese ingreso, provocando inestabilidad en el Tratado y en su propio país, endosando a sus ciudadanos la responsabilidad de manifestarse sobre una cuestión ya decidida por su Parlamento en 1982. Menos atractivo tienen las páginas de los capítulos XV, XVI y XVII dedicadas a relatar su experiencia como político democristiano, como senador y como artífice final de la disolución del Partido Demócrata Cristiano en el entonces recién creado Partido Popular (PP), bajo el timón de José María Aznar.

Es apasionante el capítulo XIX que describe su peripecia como embajador en Washington (págs. 286-328) en el que relata los beneficios directos que reportó a ambos países la Declaración Conjunta entre España y Estados Unidos, firmada en 2001, el atentado del 11 S en Nueva York, y la necesidad de articular una respuesta al reto asesino de Bien Laden y a la tiranía de Saddam Hussein, boicoteada, por distintas razones, por Francia, Rusia, China, y en parte Alemania, y apoyada solidariamente por Gran Bretaña, España, Italia, Polonia, Holanda, y las nefastas consecuencias que tuvo para España, cuya izquierda socialista y comunista prefirió atribuir el atentado del 11 marzo de 2004 a la participación de nuestro país en la guerra de Irak, dando así la razón a los terroristas que pretendían un cambio de Gobierno en España. La conducta del presidente Rodríguez Zapatero que “con la brusca retirada de las tropas españolas de Irak -escribe Rupérez, págs. 325 y 326- que no habían participado en la invasión, destruyó en quince minutos toda la confianza que se había venido construyendo entre los dos países (España y Estados Unidos) en los últimos veinte años” .

Finalmente quisiera señalar tres aspectos muy relevantes de este libro. La espléndida carta abierta que Javier Rupérez escribió en ABC (el 18 de octubre de 2011) al exsecretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, (pág. 345), cuando supo que éste había aceptado participar en una conferencia por la paz en Euskadi, organizada por el propio entorno etarra y el nacionalismo vasco. Es muy exquisita la descripción que Javier Rupérez hace de su peripecia personal amorosa, tanto al aludir a su primera esposa Gerry, prematuramente fallecida en 1983, como a la fascinación que sintió por su segunda, Rakela, y, por supuesto, es muy duro el capítulo dedicado a evocar el secuestro que padeció en 1979 por parte de un comando de ETA en el que estaba integrado el hoy tildado de “hombre de paz”, Arnaldo Otegui, que fue su carcelero durante un terrible mes de cautiverio.

He aquí un excelente libro de memorias, de imprescindible lectura para quienes deseen conocer nuestra reciente historia y muy recomendable para los “jóvenes mercenarios” tan ávidos de venganza histórica como carentes del menor conocimiento sobre las legítimas bases en las que se ha asentado nuestra democracia.

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