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RELATOS

Patrick Modiano: Tres desconocidas

domingo 17 de abril de 2016, 18:41h
Patrick Modiano: Tres desconocidas

Trad. de María Teresa Gallego Urrutia. Anagrama. Barcelona, 2016. 153 pág. 16,90 €. Tres historias del Nobel de Literatura 2014, donde el, según la Academia, "Proust de nuestro tiempo", dibuja un trío de retratos femeninos, inquietantes y llenos de matices.

Por José Miguel González Soriano

Patrick Modiano (Boulogne-Billancourt, 1945) es ganador del Gran Premio de Novela de la Academia Francesa y del Premio Goncourt, así como del Nobel de Literatura en 2014. De su indudable importancia como narrador y grado de popularidad actual, deja constancia el hecho de que Anagrama -tras ser, inicialmente, Alfaguara la pionera en editar algunos de sus libros en español-, entre los últimos cuarenta títulos de su prestigiosa colección «Panorama de Narrativas» haya publicado hasta nueve obras del escritor francés, desde Libro de familia, uno de sus primeros grandes éxitos, a su última producción después del Nobel, Para que no te pierdas en el barrio (Pour que tu ne te perdes pas dans le quartier), habiendo rescatado con anterioridad otras novelas tan significativas suyas como las que componen la «Trilogía de la ocupación» con que arrancaría su productiva carrera, o En el café de la juventud perdida.

Como un «Proust de nuestro tiempo» definió a Modiano el jurado de la Academia sueca al entregarle el preciado galardón, tras reconocer su maestría, ante todo, en el «arte de la memoria con el que ha evocado los destinos humanos más inefables». Tres desconocidas (Des inconnues), trío de relatos publicado inicialmente en 1999, en el cual esa rememoración del pasado característica del universo modianesco cobra carta de naturaleza a través del testimonio de tres personajes femeninos en búsqueda de su identidad, es, sin embargo, un libro menor de un gran autor. Al traducirse al español por vez primera (Debate, 2001), el hoy director de la RAE, Darío Villanueva, calificó este título de Patrick Modiano tan inconfundible del modo de hacer de su autor «como menor es su tono de obra a medio camino entre colección de relatos y novela fragmentaria». El Nobel, sin duda, ha estimulado a Anagrama -con María Teresa Gallego Urrutia como traductora habitual- y también a otros sellos, como Cátedra, Proa, Blackie Books o El Aleph, a dar a conocer al público español prácticamente toda la narrativa modianesca; pero entre el aluvión de títulos de Modiano editados en estos últimos años no todos poseen, evidentemente, la misma trascendencia.

En el caso de Tres desconocidas, cada una de las partes que constituyen sendos relatos autobiográficos carece de título propio -amparándose en el que nombra uniformemente a todo el volumen- y aparecen unificadas, asimismo, en su temática esencial y por las comunes referencias a un espacio y tiempo retrospectivo: París y la Francia de los años sesenta. Aunque sus protagonistas sean diferentes, las tres son chicas jóvenes a punto de dejar la adolescencia para adentrarse en una vida adulta que se presenta, en principio, anodina y desesperanzada. Las narraciones, breves, con brevedad muy propia también de la escritura de Modiano -prácticamente ninguna de sus novelas sobrepasa las doscientas páginas-, apenas abarcan un recuerdo concreto, aquel que hubo de marcar sus respectivos trances de iniciación; y su resolución final queda abierta sin que tampoco importe demasiado hallar explicaciones a posteriori, pues en muchos casos, lo que hace que permanezca vivo un recuerdo es el no haber encontrado respuesta alguna para el mismo.

La primera de las muchachas protagonistas del libro -de quien desconocemos su nombre como en el caso de las otras-, mecanógrafa provinciana que sueña con ser modelo, se marcha de Lyon huyendo de una existencia gris simbolizada por la tapia del convento situado frente a su casa («No se me habría podido diferenciar de esa tapia. Me cubría con su sombra y yo tomaba su mismo color») para ponerrumbo a París, solamente con la dirección de una mujer con la que coincidió durante unas vacaciones en España y que la acogerá inicialmente. En las calles parisinas, donde la vida no se presenta mucho mejor («En los primeros tiempos de París me parecía que siempre era de noche»), iniciará una relación con un hombre enigmático, oculto bajo una identidad falsa («A fin de cuentas, sus mentiras formaban parte de sí mismo. Qué le íbamos a hacer si lo que ocultaban era solo el vacío. Era también el vacío lo que me atraía de él») y que acabará muerto o encarcelado, haciendo de ella «una rubia no identificada», y de su existencia «una huida sin fin». La prosaica realidad mansamente descrita deja paso a un repentino final del que apenas se intuyen sus vínculos o consecuencias para la protagonista desde un presente en el cual «no hay otoño. Un puertecito del Mediterráneo donde, para mí, se ha detenido el tiempo».

La segunda chica «desconocida», tras fugarse del internado de Annecy en el que ha pasado su adolescencia, empujada por una madre distante («Era una mujer dura e iracunda, y no una sentimental como yo») y por la ausencia de un padre prematuramente desaparecido, al que no llegó a conocer, encontrará trabajo en un hotel de lujo como dama de compañía de una anciana, y después como niñera de un joven matrimonio adinerado. No llegará a dar el salto de su provincia natal a París, aunque siempre está en su mente («me sentaba en un banco del andén del que salía el tren para París. Me convencía a mí misma de que iba a cogerlo y a dejar atrás cuanto había sido mi vida hasta entonces»), y una situación de acoso sexual en la que se ve envuelta mientras trabaja, a causa de su condición de sirvienta, desembocará en tragedia. Con el sexo como móvil explícito de la acción, cuando la protagonista recupera las pertenencias de su padre -entre ellas una pistola que servirá para dar cierre al episodio- encuentra una antología poética del XIX donde hay dos versos subrayados: «Me acuerdo / de los viejos días»…

La tercera historia, quizá la más intensamente lograda en su intriga psicológica -y como es tradicional, la situada en último lugar, como suele hacerse con el relato que el autor considera mejor-, tiene como personaje femenino a una joven procedente de Londres, que se instala en París en el taller de un pintor que está pasando una larga temporada en Mallorca. La complejidad de su carácter, sus miedos particulares y el recuerdo obsesivo de una relación sentimental de la que tan solo le ha quedado, como recuerdo tangible, una fotografía que, extraviada, no ha logrado recuperar, dificultan su integración en el entorno, haciendo de ella un ser necesitado de amparo y afecto cuando inicia una relación con un profesor de filosofía que la introducirá en una extraña secta, por la cual se percata «para mayor vergüenza mía [...] de que nunca me había hecho preguntas acerca del sentido de la vida. Me conformaba con vivir al día buscando con frecuencia el placer». El relato se cierra con su abandono -al menos, momentáneo- a la voluntad de su líder, pudiendo decir, como decía la protagonista del primer relato de la mujer que la acogía en París, que «me sentía tranquilizada. Notaba que me quería bien. Bastaba con fiarse de ella y la vida sería hermosa»…

El inquietante misterio de la propia conciencia, la evocación autobiográfica, el idealizado mito parisién, envuelto a su vez de cotidianeidad insignificante, el desarraigo de las protagonistas y su soledad vital, juegan como factores de integración de los relatos de estas Tres desconocidas, destacando el estilo sugerente, en ocasiones poético, preciso en sus descripciones de Modiano, que sabe envolver de tenue nostalgia su escritura y nos sumerge en la exploración de los pasadizos íntimos de las tres mujeres. Sin llegar a ser redonda, su lectura puede servir, no obstante, como un pórtico representativo para adentrarse en títulos de mayor enjundia entre la amplia y exigente novelística modianesca.

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