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NOVELA

Frédéric Beigbeder: Oona y Salinger

domingo 24 de abril de 2016, 18:27h
Frédéric Beigbeder: Oona y Salinger

Traducción de Francesc Rovira. Anagrama. Barcelona, 2016. 296 páginas. 19,90 €. La compleja historia real de amor, finalmente imposible, entre la hija de Eugene O`Neill y J. D. Salinger sirve de inspiración para esta novela que atrapa al lector.

Por Paulo García Conde

Frédéric Beigbeder, autor francés con varios títulos de aroma transgresor a su espalda, comienza esta obra haciendo alusión al término faction: una mezcla entre los hechos factuales y los hechos de ficción. Un recurso, o género, como algunos prefieren llamarlo, que últimamente copa buena parte de los estantes en muchas librerías. Beigbeder ha decidido unirse a la corriente del faction, pero para aplicarlo a otro recurso: el del biopic. De ese modo, el lector encontrará en Oona y Salinger una historia de amor (en sus diferentes formas y estados) que pudo haber sido pero que, sin embargo, posiblemente nunca sepamos si fue.

Vaya por delante que el trabajo de documentación del autor ha sido profundo y delicado, cimentado en la sana (o no tanto) obsesión por la figura de Oona O’Neill Chaplin, quien primero fue “la hija del Nobel Eugene O’Neill” y, posteriormente, “la joven esposa de Charles Chaplin”. En la novela se nos muestra a una Oona desconocida para muchos, para aquellos que no son amantes de la historia del cine o de la parte más rosácea, o amarillenta, de la historia de la alta sociedad americana. Aunque ella, por supuesto, hubiese sido de pura raza irlandesa. La parte complementaria del título, y por tanto de la obra, también recibe un justo trato, ya que Salinger es uno de los autores referentes y admirados por Beigbeder. Por tanto, era cuestión de tiempo que esta historia tomase forma; cuatro años, según cuenta el propio autor al final del libro, dedicó a poner en pie la novela, para que la documentación utilizada y su creatividad diligente terminaran de fundirse.

Por momentos, puede parecer que la obra está descompensada. Une a los dos personajes desde las primeras páginas, recreando ese primer encuentro entre ambos. Dos adolescentes diferentes y, a su vez, ligados por un singular rechazo (bien camuflado) hacia esa sociedad en la que pretendían de manera voluntaria adentrarse. La lectura agradece la inclusión de personajes como Truman Capote, aún a riesgo de que queden equivocadamente retratados. Porque si hay que escoger una de las características que definan con mayor rapidez la escritura de Beigbeder, habría que quedarse con el coraje. El coraje de escribir como a él le parece, y no como tiene que parecerle a los demás. Como todo en la vida y en la literatura, la clave está en la medida. Y en el presente caso, la medida utilizada tiene sus cosas buenas y sus cosas menos buenas. Retomando el aspecto de trato irregular que parece tener el libro, la balanza se termina compensando; a pesar de que en el título no hubiese resultado engañoso poner (y Chaplin),entre paréntesis, a continuación de Salinger. La figura del clásico actor, si bien no se sube al mismo escaño que los otros dos protagonistas, merece mención especial.

Tenemos entonces un trío principal. Salinger conoce a Oona, Oona conoce a Salinger. Surge un flechazo, un típico amor de verano entre dos personas con mentalidades no tan típicas. Pero en el frente aparece la guerra. Que es la otra gran historia que esconden las páginas de este trabajo. Beigbeder ha querido aprovechar para resaltar tanto la historia personal como su contexto, y este último no es otro que el de la Segunda Guerra Mundial. Salinger se alista en el ejército, Oona no lo espera, y Chaplin aparece en escena (como de costumbre). Brota entonces la parte más fuerte de la relación: él es un joven decidido que descubre los horrores de una guerra, que sufre el contenido de sus entrañas. Y busca un Dios al que aferrarse; una Diosa en este caso. Elige a Oona, a quien contacta a través de cartas en las que él mismo reconoce la idolatría desmesurada que está construyendo en torno a ella. La chica, por su parte, sabe que esa es una relación imposible de sostener, y aunque demuestra apreciar al hermético soldado que sueña con ser un gran escritor, decide no seguirle el juego. Chaplin, amante sin remedio de seres púberes, se siente cautivado por esa incipiente actriz tan distinta a las demás que ha conocido. Todo ello, no nos olvidemos, con los cañones rugiendo.

La historia transcurre a través del tiempo de guerra, de esos años fatídicos que Beigbeder utiliza para hacer una denuncia de lo ridículas que pueden llegar a ser estas situaciones en las que millones de personas pierden la vida, de las terribles escenas que unos pueden presenciar mientras otros permanecen al otro lado del océano yendo de fiesta en fiesta, portando estandartes de “no a la guerra”, pero completamente ajenos, insensibles al dolor que otros a duras penas pueden soportar.

El final es por todos conocido: Jerry Salinger se convierte en ese escritor de renombre que en todo momento creyó que llegaría a ser. Oona contrae matrimonio con el maestro del cine mudo. Otro de los personajes que recobran vida en la novela es Hemingway, quien comparte varias conversaciones con el futuro autor de El guardián entre el centeno en mitad de la guerra. En esta ocasión, la metaliteratura es manipulada de una manera más estimulante, contraria a la costumbre que en algunos escritores se puede detectar por citar cientos de títulos y de escritores a lo largo de las líneas. Beigbeder no. Él, directamente, revive a las personas que están tras los ilustres personajes.

El resultado final es una novela en la que podemos ahondar en la vida de dos interesantes personas (principalmente) a través de una estructura poco convencional, referido esto tanto a la voz de quien narra como a la veracidad de los hechos. Beigbeder combina con destreza los datos reales con otros tantos ficticios, y engancha al lector mediante una narración donde él mismo no se oculta (ni siquiera hace el esfuerzo de frenar su gusto por comentar, en ciertos pasajes, qué piensa o hace en el momento en que está escribiendo esa parte). Pero la obra se disfruta, ofreciendo incluso la posibilidad de abandonarse y creer que todo lo que estas páginas plasman, un día fue verdad. Con sus momentos felices, grises e incómodos.

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