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JORNADA 36: BETIS 0 BARCELONA 2

El Barça desarbola con solvencia y seriedad al Betis para reclamar el liderato | 0-2

sábado 30 de abril de 2016, 20:21h
Actualizado el: 07 de mayo de 2016, 18:10h
Dominó el Barça al Betis desde el inicio. Desplegó el bloque catalán un ejercicio de control de la pelota que duró 90 minutos, con un brillante trabajo tras pérdida que ahogó a sus rivales. La merecida expulsión de Westermann (minuto 36) condicionó el desenlace del partido. El fallo garrafal de Adán y Pezzela en el tanto de Rakitic quebró la resistencia bética. Suárez senenció para sumar su trigésimo quinto gol del curso.



Digerir sin aflicción que dos clubes españoles estén batallando por jugar la final de la Liga de Campeones y el blaugrana no sea el color de ninguno de ellos no parece tarea fácil. Sobre todo al contemplar la perspectiva de descubrir cómo se escapó, de entre los dedos, la opción de tocar techo histórico repitiendo entorchado continental de forma consecutiva. Es por ello que en Can Barça se ha revertido de prestigio y relevancia al doblete en liza, con Gerard Piqué como portavoz oficioso y casi oficial. "Tenemos aún La Liga y la Copa, dos títulos apasionantes y tenemos que ir a por ellos", especificó el central en la previa. Como si la concatenación de afirmaciones semejantes arrinconaran el vacío inherente a poder haber trascendido, de nuevo. Sin esa muesca legendaria en el zurrón de los récords recuperaba el líder el pulso liguero en un Villamarín con perfume de cambio de tercio. La crisis institucional, con la permanencia esbozada pero no sellada y la derrota en el último derbi sevillano todavía fresco confeccionaban una atmósfera enrarecida en la institución verdiblanca. El Betis se atravesaba en el excelso transcurrir catalán post colapso (0-8 en Coruña y 6-0 frente al Sporting eran los antecedentes) como una de la piedras en el camino culé más realistas que señala el calendario -excepción hecha de la postrera visita a un Granada con el agua al cuello- y con la única motivación de arrancar algo de reconocimiento de la dolorida tribuna. Como ya hicieron ante el Real Madrid. Sin embargo, la empresa se antojaba demasiado exigente sin las urgencias clasificatorias de por medio. Debía afianzar su candidatura el puntero liguero con un ejercicio de autoridad que rebatiera cualquier sombra de esperanza para los otros dos gallos. El Barça no quiere ceder una pulgada y el cumplimiento de tal mantra empezaba en este atardecer en Heliópolis. Sin comprensión para otro desliz.

Juan Merino, artífice de la compostura que sacó al Betis de la sombra de marasmo que se avecinaba a mitad de curso y que debió eludir las sensibles bajas de Juan Vargas y Didier Digard, apostó por preponderar el equilibrio sobre otros conceptos más coloridos. No en vano, se le venía encima el ataque más florido del Viejo Continente. Así pues, decidió el técnico andaluz sentar en la banca a uno de sus punzones ofensivos, Musonda, en favor de Cejudo. El ex extremo de Osasuna aseguraba más trabajo a un centro del campo sostenido por la pareja N`Diaye-Petros. Por delante, amén del mencionado exterior figuraban Joaquín y Dani Ceballos, en una mediapunta que habría de trabajar, prestar atención a lo táctico y, si se prestaba, hilvanar contras que nutrieran a Rubén Castro, el astuto delantero referencia. Sobre Westermann y Pezella recaería la responsabilidad del cuerpeo con Luis Suárez, a pesar de no disfrutar de la velocidad explosiva entre sus aptitudes. Bruno, que regresaba al once tras una lesión en un dedo del pie, se desplazaría al lateral diestro, con Montoya ejerciendo de homólogo zurdo ante su ex equipo. Buscaba el preparador verdiblanco representar sobre la hierba la conjunción de cohesión, entrega y brillo frenético en transición que ha construido calma a una entidad en pleno proceso de reconversión. La concentración y paciencia en labores de repliegue marcarían la distancia recorrida de un bloque que desdeñaría la discusión por la posesión.

Luis Enrique Martínez, por su parte, enfrentaba esta empresa -plácida desde el prisma estadístico, pues el Barcelona no perdía en Heliópolis desde 2008- con todos sus efectivos, sin buscar huecos para el ahorro de esfuerzos, a diferencia de los otros candidatos al título, que ganaron en sus compromisos de esta jornada sabatina. Por todo ello apostó el Lucho por calcar, sin miramientos, la disposición de la alineación arquetípica, a la que se ha abrazado para casi sentenciar el campeonato doméstico, para perder el resuello y el norte en abril y para renacer a tiempo en este tramo final. Busquets significaba el único ancla de un centro del campo compuesto por Iniesta y Rakitic y sostenido por Piqué y Mascherano. Dani Alves y Jordi Alba habrían de ejercer más como carrileros, sumados al ataque, aunque no podían obviar la atención a su espalda, debido al brío vertiginoso de los peones sevillanos. Messi, Neymar y Suárez repetían por enésima vez como línea ofensiva desprovista de respiro, como arma primordial en pos de responder a la presión inyectada por Atlético y Real Madrid. La pelota debía circular más rápido de lo acostumbrado en las últimas semanas y el rigor táctico tenía que verse refrescado desde la coordinación colectiva. Precisaba el escuadrón barcelonés de seriedad en fase defensiva, para cimentar, con sudor, la imposición de su pentagrama exquisito con pelota y, de paso, sacudir los fantasmas de padecimiento por la ruptura del sistema. Se trataba de recobrar la ortodoxia en la ejecución del guión para reclamar el liderato perdido provisionalmente.


No contemporizó el equipo blaugrana en el despliegue de su argumentación. Sabedor de la relevancia del duelo, el equipo puntero del campeonato español dibujó un ejercicio de control monopolizador que no admitiría enmiendas en los 90 minutos. Basado el movimiento de ahogo de todo espacio para el crecimiento local en la conjunción de una circulación horizontal, pausada y de asociación lenta, con una comprometida activación tras pérdida de cada pieza, el Betis no superaba el papel de sujeto pasivo. Aunque gozaba de placidez en el achique, pues el Barça no arriesgaba un viraje vertical que trompicara el congelado devenir, los béticos no se preocupaban por adoptar una actitud proactiva, y el primer cuarto de hora, paradigmático, se consumió en un rotundo soliloquio catalán sin respuesta.

El Betis no quería encerrarse e intercalaba ráfagas intensas de presión en cancha propia, pero se jugaba en territorio andaluz, una tesitura que indujo, con el decantar de los minutos, hacia la reclusión local. Neymar y Messi ocupaban la mediapunta para asociarse con Iniesta entre líneas, con Alves y Alba sumados a la asociación. En la trinchera oponente destacaba la red de ayudas que soportaba la gestión del cuero culé. Petros y N`Diaye, firmes y bien colocados, contaban con el apoyo de los exteriores en el colapso de los pasillos centrales y los intentos de superioridad laterales catalanes quedaban amortiguados por el orden local. Una volea escorada de Alba, sin consecuencias -minuto 16-, supuso el primer y único acercamiento que escapó del centrocampismo global que dictaba el tipo de partido en disputa. Neymar, que encontró el primer mano a mano descubierto con Bruno, tomó el relevo del rebate al estatismo imperante. Tomó el balón, frenó, midió a su par y arrancó sobre la línea de fondo para el envío hacia Iniesta. El manchego, que llegaba a la frontal, disparó muy desviado -minuto 18-.

Parecía tomar seriedad en la voluntad ofensiva un Barça refrenado al tiempo que Messi fluctuaba hacia la cal para apostar por la conexión con Alves y como argucia para desestabilizar el sosiego defensivo verdiblanco. La autocomplacencia catalana había surgido para quedarse. Sin embargo, era Iniesta, otra vez, el artista que se erigía como único elemento que rompía el relato y cambiaba el ritmo, buscando horadar, por aceleración y por el centro, a su ordenado rival. Valga como dato que lo más destacado de La Pulga, hasta entonces, era la amonestación por protestar al colegiado que le fue impuesta en el minuto 22. Parecía apagado con pelota el argentino, con los avances sorpresivos de sus laterales anestesiados por las coberturas andaluzas. Pero necesitaba encadenar tres pases el Betis, para relajar la tensión contemplativa. De lo contrario, cualquier acelerón culé podía dejar en la cuneta a una estructura bética que no se empeñó en mostrar ni una pulgada de amenaza en transición. La eficaz vigilancia barcelonesa también formaba parte de la hoja de ruta y los pupilos de Merino no evidenciaban interés alguno por esbozar una maniobra escapista. Avisó Neymar con un cabezazo desviado tras centro de Alves -minuto 26- y una buena combinación entre Iniesta y Alba corroboró en la necesidad de una reacción sevillana. El cerebro español detectó el desmarque de ruptura del lateral en el minuto 28 y el zurdo cedió para el chut, tímido, de Neymar. Adán estrenó sus guantes en el susurro de un cambió de compás.

Sobrevino, entonces, el punto de inflexión que terminaría por influenciar el resto de combate. La irresponsable actuación de Westermann dejó con uno menos a los suyos desde el minuto 35. El zaguero, que se enredó en una falta reiterada al baile con Messi, en una zona intrascendente, completó su imprudencia al derribar a Rakitic, in extremis, cuando el croata avanzaba hacia la meta local. La doble amonestación, netamente merecida, deshizo la maltrecha convicción andaluza. Cejudo, laborioso y con salida, ocuparía el lateral y Bruno se reconvertía en zaguero central. Pero, a pesar de lo que pudiera indicar constituir el toque de corneta para el asedio azulgrana, no supuso un cambio de rictus reseñable, y con posesiones perennes y parsimoniosas se decretó el intermedio. Los guarismos, esclarecedores, explicaban el aspecto del escenario: victoria en el manejo de la pelota culé (60%) pero escasez árida de llegadas al área (cuatro visitantes por dos locales) y chuts entre palos (uno por barba). El planteamiento de ambos contendientes no contempló la verticalidad como una variable principal y el espectáculo pagó las consecuencias. En cualquier caso, el Barça disfrutaba del control absoluto del duelo, sin sustos ni prisas, por lo que disponía de 45 minutos de superioridad numérica para erosionar hasta golpear a su oponente. En busca de los tres puntos que le otorgaran calma.

Sin cambios nominales arrancó la reanudación. No se registraron sustituciones pero si transformaciones en la trama. El Barcelona renegó de la actitud experimentada con anterioridad y aceleró desde el pitido de Matéu Lahoz. La pelota era trasladada con menos toques, sin conducciones que ralentizaran, y la periodicidad de la producción de ocasiones se multiplicó, en consecuencia. Le tocaba al Betis abrazar la épica de la resistencia en inferioridad y sin más motivación que la defensa de la honra. No resultaría suficiente. Suárez alzó el telón del segundo acto perdonando el primer tanto del envite. El charrúa recibió un pase delicioso de Neymar a la espalda de la línea defensiva, pero su disparo, de primeras, se fue desviado -minuto 47-. Dos minutos después, un imprevisto convertiría el fallo del pichichi en una anécdota inadvertida. Un centro parabólico de Messi, vertical y de nuevo hacia la retaguardia de los centrales, provocó el malentendido trascendente entre Pezzela y Adán. Ambos llegaban a interceptar la trayectoria del envío, pero ninguno actuó. La incomunicación patrocinó el remate a la red, en soledad y sin oposición, de Rakitic. El croata, que activó el caótico desenlace con su desmarque, limpió de un plumazo su plomizo rendimiento previo, en una acepción extrapolable al resto de su vestuario. Con el segundo periodo inaugurado soplaba otro aire en el partido y el Barça cosechaba réditos a las primeras de cambio.




Decidió Merino empezar a mover su banquillo como respuesta a lo acontecido. Ya no le resultaba suficiente aguantar y cerrar, sin ver la luz, e introdujo en la fórmula a Musonda, su regateador principal y primer espada a la contra. Sacrificaba el preparador a un Joaquín esforzado y cumplidor en defensa. Se manejaba el Betis frente al peor temporal blaugrana. La presión ardiente visitante robaba rápido. Parecía buscar la sentencia prematura un Barcelona que se contagiaba del influjo. Los remates desatinados de Messi -minuto 55- y Suárez -minuto 57- profundizaban en el envés que estaba abrasando a la condicionada propuesta bética e inutilizando el parche. La movilidad entre líneas de Neymar, Messi, Iniesta y Rakitic relucía para entretejer combinaciones que, ahora sí, desarbolaban con asiduidad. Un cuarto de hora de revolución de vatios catalana bastó para convulsionar la dinámica antes de recomponer la figura dominadora y buscar el cierre del partido con asociaciones prolongadas y la amortización de los desmarques preclaros de Suárez. Precisamente en las botas del uruguayo, previo movimiento soberbio para desaparecer del radar contrincante, asomó el 0-2. Un preciso envío de Ney, más proactivo que de costumbre, enlazó con la soledad en el área del rematador, pero la zaga replegó con rapidez para conjugar el peligro -minuto 65-. La lectura de los espacios del máximo goleador había adquirido ya un tono rotundo y la sentencia era cuestión de tiempo.

Dani Ceballos, muy revolucionado y más protagonista de prácticas oscuras que de la clase que se le presupone, dejó su lugar a Portillo, en una tratativa de Merino por activar la reacción no conseguida con su primera sustitución. Incluía frescura y más desborde, pero nunca llegarían a buen término las contras sólo incipientes del Betis. Por el camino, una nueva lección posicional de Suárez volvía a granjearle una posición franca de remate, en mano a mano con el portero ex madridista. En esta ocasión fue Messi el asistente, pero Adán tapó con virtuosismo terrestre -minuto 73-. Se disparaba el epílogo de un partido abierto en cuanto al marcador, pero cerrado en lo relativo a las sensaciones. Luis Enrique sacó del césped a Alves –mejor que en duelo precedentes y amonestado- para dar entrada a Sergi Roberto y Merino completó sus cambios introduciendo a Ricky Van Wolfswinkel y entregando descanso a Rubén Castro –desasistido-. Aguardó muy poco el punta recién entrado para asaltar el foco. Un balón rudo expelido desde la cueva que persiguió la velocidad del delantero holandés quedó dividido y obligó a Bravo a despejar, muy lejos de su área -minuto 81-. La gran lectura del meta chileno –que le costaría molestias que terminarían por dar entrada a Ter Stegen- ejerció como preludio del sello del triunfo barcelonés. En la siguiente posesión, se irguió Messi, desde la medular –puesto de distribuidor adoptado en pleno ascenso azulgrana- y trazó un pase quirúrgico para el enésimo movimiento de Suárez. Esta vez no marraría la oportunidad el charrúa, que cruzó su remate, venenoso, hacia las mallas -gol trigésimo quinto en Liga-. Alcanzaba el Barça su bocado anhelado en el minuto 83, después de un despliegue convincente en fase defensiva y con el freno de mano en ataque.

Arrojó la toalla competitiva el Betis y descendió el apetito blaugrana de manera considerable, como si el deseo por terminar cuanto antes fuera mutuo. Hubo tiempo para que Arda Turan hiciera acto de presencia -caracterización semántica ésta de su temporada- en sustitución de Rakitic y para que el 75% de posesión culé final certificara la idílica unión entre filosofía y resultados de la propuesta del líder español. Abandonó Sevilla el Barcelona de Luis Enrique con la mochila más nutrida, pues recortó un partido en pos de alzar el título de la regularidad. Lo hizo en base a una performance responsable e implicada de esfuerzo colectivo que, si bien no se vio acompañada por la excelencia combinativa que le es propia, sí encontró la resolución que faltó en pinchazos severos como el que aconteció ante el Valencia. No resultó brillante pero fue mejor el Barça. El bloque verdiblanco ofreció el vacío en la relación de llegadas al área oponente en el segundo acto y el cuadro se completó con cuatro tiros entre palos y once centros del ganador. Convirtió el vigente campeón con prontitud este duelo en un día más en la oficina. La receta del balón desinfló la presión y, con toda una semana de preparación del próximo derbi –principal ventaja para con sus ilustres rivales-, el transatlántico se allana su recorrido hacia el entorchado prioritario en este trance de temporada.


Ficha técnica:
Betis: Adán; Bruno, Pezzella, Westermann, Montoya; N'Diaye, Petros; Cejudo, Joaquín (Musonda, m.55), Dani Ceballos (Portillo, m.69); Rubén Castro (Van Wolfswinkel, m.79).
Barcelona: Bravo (Ter Stegen, m.88); Alves (Sergi Roberto, m.74), Piqué, Mascherano, Alba; Rakitic (Arda Turan, m.86), Busquets, Iniesta; Messi, Suárez y Neymar.
Goles: 0-1, M.50: Rakitic. 0-2, M.81: Luis Suárez.
Árbitro: Antonio Miguel Mateu Lahoz (C.Valenciano). Expulsó por doble amarilla al bético Westermann, que las vio en los minutos 28 y 35. Además, amonestó a los locales Bruno (m.20), Petros (m.33) y Dani Ceballos (m.67), y a los visitantes Piqué (m.23), Messi (m.23) y Alves (m.46+).
Incidencias: 44.015 espectadores acudieron al partido correspondiente a la trigésimo sexta jornada de la Liga BBVA, disputado en el Benito Villamarín.



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