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MEMORIAS

Diego Hidalgo: ¿Por qué fui lanzado del Ministerio de la Guerra?

domingo 08 de mayo de 2016, 16:42h
Diego Hidalgo: ¿Por qué fui lanzado del Ministerio de la Guerra?

Prólogo de José Álvarez Junco.Drácena. Madrid, 2015. 130 páginas. 11,95 €.

Por Carlos Abella Martín

Este es el extraño título con el que Diego Hidalgo (Los Santos de Maimona, Badajoz 1886- Madrid 1961) quiso titular el libro que recoge el testimonio aclaratorio y exculpatorio de su actuación como ministro de la Guerra en su corta e intensa tarea, pues Hidalgo fue nombrado el 23 de enero y cesado el 16 de noviembre, de 1934.

Hidalgo, que pertenecía al Partido Republicano Radical y que había sido diputado entre 1931 y 1933, fue nombrado ministro en un gobierno del Partido Radical con Alejandro Lerroux de presidente del Ejecutivo, apoyado por la CEDA de Gil Robles, en lo que se conoce como el segundo bienio republicano y tuvo que lidiar en su corto mandato con la “revolución” de Asturias promovida por los socialistas españoles con la colaboración del independentismo catalán -que declaró el Estat Catalá en Cataluña- y el anarquismo más feroz. Y quiso con buena fe “modernizar el ejército y atraérselo al nuevo régimen”, como señala José Álvarez Junco en el brillante prólogo, que a su vez define a Hidalgo como “un republicano de orden”. En sus propias palabras, Hidalgo quiso (pág. 77) “llevar el espíritu de justicia a los nombramientos de personal, revisar los agravios y situaciones de castigo de la oficialidad y enmendar yerros, restableciendo en sus puestos a quienes fueron separados de ellos sin expediente ni información, aludiendo así a la drástica reforma emprendida por Azaña en los años anteriores que tan mal sentó en el ejército.

Hidalgo tuvo que enfrentarse a la revolución de Asturias, insurrección obrera que formaba parte de la huelga general revolucionaria y el movimiento armado organizado por los socialistas en toda España y que consiguió mayor arraigo en Asturias debido fundamentalmente a que allí la anarquista CNT se integró en la Alianza Obrera propuesta por los socialistas de la UGT y el PSOE, y dirigir su represión, para lo cual contó con la colaboración, que él estimó -con razón- leal a la Republica del general Franco, y de otros generales como Yagüe, que el 18 de julio de 1936 se rebelaron contra la República. Hidalgo y sus generales recurrieron al ejército colonial, utilizando a las tropas regulares que fueron tremendamente expeditivas y brutales en la represión. Hidalgo tuvo que sufrir en el Parlamento la dura oposición a sus métodos por parte de José Calvo Sotelo que le reprochaba que no se hubiera prevenido la huelga general de Asturias y que se hubiera permitido a los insurrectos apoderarse de suficiente armamento para tener en jaque varios días a toda una región y una ciudad como Oviedo.

Esclarecedor es el testimonio de Hidalgo sobre la categoría y la sangre fría con la que el general Batet (pág. 58), le tranquilizó respecto a las arengas que los sublevados hacían a través de Radio Barcelona el 6 de octubre de 1934. “Acuéstese, duerma y descanse y ordene que le llamen a las ocho de la mañana. A esa hora todo habrá terminado. A sus órdenes. Buenas noches”. Y así fue: a esa hora (pág. 58) le comunicó a su ministro. “En este momento el Presidente de la Generalitat (Companys) solicitó el cese de las hostilidades entregándose incondicionalmente a la autoridad”.

Este libro está escrito en la paz de la Virgen de la Cabeza, pero en caliente, pues está datado en noviembre y diciembre de 1934, a los pocos días de haber sido cesado de ministro, y es un revelador documento de un episodio desagradable de la historia de España, que muchos tratan de ocultar por cuanto les deshonra en su falaz defensa posterior de la legalidad republicana. En este periodo, el socialismo español no solo mostró su carácter más revolucionario y antidemocrático sino que empezó a dar la puntilla a una República que despertó tantas ilusiones como pronto tristes decepciones. Hidalgo con su testimonio nos ilustra con honradez la incomprensión con la que muchas veces la acción de gobierno es entendida por la historia, que parece querer hacer pervivir su falsificación.

Muy acertado, repito, el prólogo del profesor Álvarez Junco y muy encomiable el trabajo de la editorial en la descripción de las muchas notas a pie de página, para aclarar y actualizar algunos conceptos, situaciones y personajes.

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