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MENOS PROHIBIR Y MÁS GESTIONAR

lunes 23 de mayo de 2016, 12:19h
El político mediocre, que abunda como los granos de arena en la playa...
El político mediocre, que abunda como los granos de arena en la playa, se dedica a prohibir. Así demuestra lo importante que es y lo mucho que manda. Prohibir la bandera estelada en la final de la Copa del Rey era una sandez. La gran política consiste en prever no en curar. Ante un acontecimiento que, por experiencia, se sabe lo que va a ocurrir, hay que reaccionar de forma constructiva. Las prohibiciones suelen provocar una reacción contraria a lo que se pretende.

El Gobierno puede y debe, ante la final de la Copa del Rey, reservarse la potestad de elegir el estadio adecuado. Este año lo hizo bien y en ocasiones pasadas, mal. Después, y de acuerdo con la Federación, se establece el reparto de entradas: 20.000 para cada uno de los equipos y el resto para los aficionados de la ciudad donde se celebra el acontecimiento. Luego, basta con que funcione la libertad de expresión, que se debe estimular. Los pitos al himno y al Rey, que se producen con todo derecho mientras no se comentan delitos, se acallan con una ovación clamorosa. Eso ocurrió en Canarias en una final de baloncesto en la que jugaba el Barcelona. El ondear de banderas esteladas se oscurece con la exhibición de banderas españolas o tal vez mejor, con banderas blancas del equipo sevillano.

El Gobierno no hizo nada, salvo meter la pata. De forma espontánea los aficionados oscurecieron los silbidos y el ondear de enseñas secesionistas. Si en lugar de dedicarse a prohibir, las autoridades hubieran estimulado y multiplicado la respuesta que se produjo espontáneamente, el fracaso de la maniobra secesionista, aprovechando un acontecimiento deportivo, se habría acentuado.