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DESDE ULTRAMAR

¿Mexicanos malhumorados? No, hasta el copete

jueves 02 de junio de 2016, 21:25h

El mandatario mexicano es famoso por su copete y va errando con mucha frecuencia. Recién en dos ocasiones, Peña Nieto ha expresado que percibe desánimo en la sociedad mexicana, pese a que afirma que hay grandes logros de su gobierno, atribuyéndolo tal enfado a las redes sociales. Dice que ve mal humor social en los mexicanos.

Yo considero que hay un peligroso descontento social, no un mal humor. Cuando alguien está hasta el copete, está hasta la madre de algo. Y dispénseme por usar una expresión tan borde, tan hortera, tan ordinaria, cutre, corriente, pero tan expresiva como certera y gráfica, sabedor de que puede haber niños leyendo El Imparcial y que estamos en horario familiar, preferente; pero es justo donde considero que está el grueso de la sociedad mexicana en estos momentos, bajo el mandato de Peña Nieto: hasta el copete.

Tan torpes declaraciones del Ejecutivo, infortunadas en grado superlativo y que reflejan a un jefe de Estado alienado, obedecen simulando a ocultar su pésima gestión, muy mal valorada en las encuestas (ya ha expresado con ligereza que él no trabaja para quedar bien apuntalado en ellas [¿así o más errado les gusta?]) y dice también que ese mal humor es por causa de las redes sociales; unas digo yo, que ni lo quieren ni a su partido, el PRI, que ha llegado tarde y mal a ellas y que sigue intentando regularlas censurándolas, incluso con iniciativas de encarcelar a quienes “se burlen del gobierno”, es decir de Peña Nieto y del PRI, como recién propuso una diputada priista de la legislatura de San Luis Potosí, sin ser la única priista usando ese tono represor y antidemocrático, tan del gusto de su partido.

El Ejecutivo mexicano confunde de nuevo los términos, como ha confundido tantas veces sitios geográficos del país que (des) gobierna y no conoce, tal y como llamó Océano Pacífico al Atlántico. Donde Peña Nieto ve mal humor, muchos vemos descontento, desesperanza, desigualdad y hambre. Además de su ineficacia como funcionario. Peña Nieto va muy equivocado en las valoraciones más elementales del país que rige. Da a temer cómo andará en las verdaderamente importantes.

Las declaraciones absurdas del mandatario mexicano son tan ridículas, como que se dirige a la nación que lo mismo parió a Cantinflas que a Tin tán, a La Vitola o a comediantes modernos como Eugenio Derbez, Chummel Torres, Franco Escamilla, Sofía Niño de Rivera o Mara Escalante. Los mexicanos saben reír y saben hacer reír, saben burlarse plantándolas cual debe, saben estar de buen humor y tienen la sonrisa y la carcajada a flor de piel y un humor muy variado, por ser un pueblo que aguanta lo indecible, incluso a Peña Nieto. Tiene un don de gentes que cualquier visitante extranjero valora y sabe que platicar con mexicanos, porque platicamos antes que charlar o conversar, le garantiza un solaz buen humor y un retozo que nos encanta y nos define.

Peña Nieto en su diario aturdimiento y desacierto permanente, oculta así que estamos hasta el copete de una gestión mal lograda y corrupta como la suya, como así se caracteriza a su interminable e insufrible sexenio y a su partido, el PRI. Los errores y las malas decisiones cuajadas y revestidas de corrupción e impunidad propias de su (des) gobierno, cobijándolas en colaboradores cercanos y presuntamente hasta en su pareja, han facilitado llevar al país entre otras cosas, a extremos de violencia y a una crisis económica cuyas cifras hunden su gestión como presidente. ¿Y quiere que aplaudamos y estemos a carcajada batiente con su personita? Hay que tener mucha cara….

Un presidente que nunca ha dado una conferencia de prensa admitiendo preguntas a las que teme y respuestas que no tendría, porque solo sabe manejarse en escenarios controlados, que rehúye los problemas apremiantes y que evidencia carencias severas de dicción cuando no se auxilia de un telepromter, plantea dudas de su capacidad. Dice en voz alta que ya sabe que los reporteros de la fuente no están para aplaudirle, o sea que ya se enteró que no están para eso y se supera a sí mismo y ha manifestado que la corrupción es un fenómeno cultural, sugiriendo así que es una invariante normal del gen mexicano y que no hay nada por hacer contra ella. Tan desafortunada declaración ha de responder a su formación de priista porque si no, es imposible comprenderla. Es normal que lo exprese un jefe de Estado priista cuya familia cercana y el grupo político al que pertenece, el Grupo Atlacomulco –“atracomulco” lo llaman– están embarrados hasta las cejas de corrupción, pero que no generalice. Quizás en su casa así sea, pero muchos más ciudadanos no compartimos ni su actuar ni sus ideas. Es escandaloso que un jefe de Estado se exprese así del pueblo al que (des) gobierna. Más infortunio no puede ser posible para nosotros.

Empero, se da tiempo para los fuegos de artificio. Peña Nieto ha propuesto una reforma constitucional que federalice el derecho al matrimonio igualitario, es decir, entre personas del mismo sexo, sin avisar a la comunidad LGBTI que podría ni contar con los votos de su partido en el congreso nacional ni en los estados de la República; pero mientras lucra con un tema solicitado desde hace años por una comunidad que clama y despliega visibilidad e igualdad de derechos. Sus críticos dicen que soltó la bandera de combatir la corrupción cogiendo esta otra, porque insistir en la primera sería morderse la lengua. El matrimonio igualitario no es nacional, pero ya existe en determinadas provincias y son válidos en todas al cambiar de residencia, y Peña se cuelga de él para buscar adeptos, incluso entre grupos progres. Es deplorable que aborde un tema que desconoce si podrá sacar adelante, exponiendo a una comunidad todavía vulnerable que no requiere de pasos en falso.

Así pues, no caigo en el simplismo justificador de los querientes de Peña Nieto, pensando en que espero que todo lo resuelva él. Nada qué ver. Sí me habría gustado un mandatario capaz y me quedaré con las ganas de verlo este sexenio. Estamos millones hasta el copete de su labor y los números prometen empeorar en el resto del sexenio priista. ¿Qué estamos malhumorados? ¡qué va! Estamos hasta el copete, por no decir hasta la madre y de nuevo, perdón por mi francés.

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