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ENSAYO

Ryszard Kapuscinsky: Estrellas negras

domingo 05 de junio de 2016, 16:51h
Ryszard Kapuscinsky: Estrellas negras

Epílogo de Bogumil Jewsiewicki. Traducción de Agata Orzeszek. Anagrama. Barcelona, 2016. 232 páginas. 17,90 €. Libro electrónico: 9,99 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

Que Ryszard Kapuscinsky (fallecido en 2007) es uno de los reporteros de referencia por la calidad de sus reportajes, en cada uno de los cuales dejó su impronta personal, y por su capacidad para acceder a las fuentes, es una verdad que no admite dudas. Tal afirmación se pone de manifiesto en Estrellas negras.

Viajero consumado, visitó durante la década de los años cincuenta algunos países (Ghana y el Congo) que se convirtieron en abanderados de los procesos de descolonización acaecidos en África. En todos ellos se despertó una conciencia nacional, en función de la cual aspiraban a gobernar su propio destino. Este fenómeno suscitó el interés y el apoyo de numerosos intelectuales de izquierda, entre ellos el autor de la obra.

En efecto, Kapuscinsky sintonizó, o, mejor decir, empatizó, con los objetivos de Ghana y el Congo, entre otras razones porque fiel a los postulados marxistas, los concibió como una forma de oponerse al capital (esto es, a la metrópoli). Así, en las descripciones que hace de los colonos, abusa de los tópicos y la ironía que emplea no oculta dosis de resentimiento. Dicho con otras palabras, el autor deliberadamente no se aparta ni un ápice de los patrones y conceptos de la ortodoxia marxista, focalizando sus críticas (y a veces su desprecio) en la burguesía europea que había hecho fortuna en África.

Esta forma de pensar subyace y permea la obra, provocando que, en ocasiones, el sesgo ideológico le lleve por derroteros distantes de la objetividad. Al respecto, no formula crítica alguna sobre el sistema de partido único que imperó en la Ghana descolonizada, país que estigmatizaba a la oposición (muchos de cuyos líderes se habían formado en universidades británicas) y practicaba el respeto reverencial a su líder (Kwame Nkrumah) cuyas aspiraciones mesiánicas son fácilmente visibles, lo mismo que su internacionalismo, puesto que no relegaba la “revolución” a un solo país. Así, para el citado político: “La poderosa ola de nacionalismo que hoy recorre África es un hecho que tiene que ser reconocido. Nadie es capaz de frenar esta fuerza. El nacionalismo africano no retrocederá ni una pulgada hasta que el continente entero se libere del dominio extranjero”(pág. 53).

No obstante, aunque los prejuicios del autor están presentes en el libro, también nos acerca algunos aspectos de interés para historiadores, economistas o politólogos. Entre los mismos sobresalen las dificultades económicas y el analfabetismo que caracterizaban a los países africanos cuando adquirieron la condición de Estados soberanos.

Al respecto, conviene leer el epílogo realizado en 2013 por el profesor Bogumil Jewsiewicki puesto que, con la perspectiva del tiempo, analiza la diferente suerte que corrieron los dos países estudiados por Kapuscinsky. Así, mientras Ghana experimentó un crecimiento económico que le ha permitido ser una nación de referencia en África, el Congo se caracterizó por las guerras civiles y un pseudodesarrollo institucional, no consiguiendo alejarse del subdesarrollo.

Algunas de estas características del devenir de ambas naciones ya se atisban en la obra que tenemos entre manos. En efecto, mientras Kwame Nkrumah logró aglutinar inicialmente el consenso alrededor de sus ideas (boicot pacífico, acción constructiva, rechazo de la violencia), el otro gran líder analizado, Patrice Lumumba, fue asesinado. Asimismo, el pragmatismo británico a la hora de conceder la independencia a Ghana no halló su equivalente en la actitud de Bélgica hacia el Congo. En que así fuera influyó decisivamente la figura de Kwame Nkrumah, en quien vieron los ingleses un único interlocutor frente a lo que era recurrente en África, donde un tropel de personalidades e intereses acudían a las mesas de negociación, dificultando, en consecuencia, cualquier acuerdo (pág. 68).

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