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NOVELA

Toni Morrison: La noche de los niños

domingo 05 de junio de 2016, 17:04h
Toni Morrison: La noche de los niños

Traducción de Carlos Mayor Ortega. Ilustraciones de Óscar Astromujoff. Lumen. Barcelona, 2016. 192 páginas. 20,90 €. Libro electrónico: 12,99 €. La premio Nobel nos sumerge en la dura historia de Bride, rechazada por sus padres. Morrison da nuevo ejemplo de su compromiso vertido en potente escritura.

Por José Antonio Reyes Guindos

¿Puede una madre sentir desprecio por su propia hija a causa de su color de piel? Quizá esta fue la primera pregunta que la norteamericana Toni Morrison se planteó antes de comenzar a escribir La noche de los niños, la última novela publicada de la premio Nobel de Literatura en 1993. Verdaderamente, esta idea escapa de nuestro pensamiento e incluso podemos catalogarla de imposible pero si por algo se caracteriza el ser humano, es por su capacidad para sorprender al resto de sus congéneres. La pluma de Morrison convierte en viable la afirmación a la pregunta inicial y nos sumerge instantáneamente en las partes más oscuras de la infancia de Bride, su protagonista, para acabar esclareciendo cada una de las razones que menoscaban su día a día.

Bride no tuvo la mala suerte de nacer con la piel mucho más oscura que sus progenitores. Su infortunio fue tener una madre que se avergonzara de que su hija fuera de piel negra, probablemente heredada de sus ancestros, y tener un padre que se desentendiera de ella nada más verla. Sweetness, como obliga a que Bride la llame en vez de mamá para que la gente no pensara cualquier cosa, da una estricta educación a su hija basada en la ausencia de cariño alguno y la preparación para ser rechazada por la gente de su alrededor; tal vez porque tiene una visión realista de la sociedad y sabe que su hija no tendrá nada que hacer inmersa en un racismo imperante.

Sin embargo, Bride sabe en su interior que ese comportamiento no es el de una verdadera madre y busca y crea situaciones para recibir su afecto. Esto no llegará hasta que se le ocurre mentir en un juicio acusando falsamente a una mujer a la que encarcelan. A partir de ahí, su madre se enorgullece de ella o, más bien, de la educación que le ha dado. Bride llega a ser una bella mujer de éxito en los negocios pero vivirá con un trauma continuo que no logrará solventar hasta que se sincere consigo misma. La búsqueda del amor lo facilitará todo y acabará renaciendo cual Ave Fénix.

La obra cobra más sentido si atendemos a su título original God Help the Child (Dios ayude al niño) pues ese es el único deseo que puede quedarnos tras leerla. En el relato se suceden, con una dureza impresionante, los abusos y las violaciones a menores, la pederastia, el comercio con sus cuerpos, secuestros infantiles o hasta asesinatos a manos de unos adultos cómplices que no reparan en el daño causado y cierran los ojos a la realidad por miedo a las consecuencias. Todo esto hace que crees en tu interior una impotencia inabarcable que te mantiene en un continuo malestar.

Visto el calibre del tema central se asegura una historia dura y desgarradora pero que cae en la frivolidad y la superficialidad. La autora crea unos personajes femeninos que, aunque pretenden ser dueñas de sí mismas, se convierten en un quiero y no puedo que viene auspiciado por las convenciones sociales, la moda, las drogas, el sexo y toda una vida de egoístas irresponsabilidades sumidas en la lujuria, el hedonismo, el narcisismo y el materialismo. Por esta razón, uno acaba la lectura sin tener claro si puede catalogarse como una novela de aprendizaje o si Bride podría aceptarse como representación de la mujer actual.

Salvan la lectura las referencias musicales de rhytm and blues y jazz y las ilustraciones del argentino Óscar Astromujoff que complementan la historia y le otorgan el encanto que a veces se echa de menos.

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