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Estreno en el Teatro Real de El emperador de la Atlántida
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Estreno en el Real de El emperador de la Atlántida, ópera prohibida por los nazis

martes 07 de junio de 2016, 17:11h
Prohibida por los nazis.

La ópera de Viktor Ullmann, con estreno absoluto el próximo 10 de junio, es una nueva producción del Teatro Real, en coproducción con el Teatro de la Maestranza de Sevilla y el Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia, donde la ópera será presentada en próximas temporadas.

Entre los próximos días 10 y 18 de junio, el Teatro Real presentará la ópera El emperador de la Atlántida o la abdicación de la muerte, de Viktor Ullmann, una sarcástica comedia con perfume de cabaret, dejes de opereta y ritmos de jazz, creada en condiciones extremas en el campo de concentración de Terezín, en 1943, antes de que ambos artistas acabaran sus días en Auschwitz. Esta ópera en un acto, que se estrenará con una nueva orquestación de Pedro Halffter —responsable también de su dirección musical—, estará precedida de un Prólogo compuesto por tres obras entrelazadas: El canto de amor y muerte del corneta Christoph Rilke, para narrador y orquesta, con música de Viktor Ullmann y texto de Rainer Maria Rilke (en versión española de Jesús Munárriz) —que se estrenará en España con interpretación de la actriz Blanca Portillo—; y las piezas Adagio in memoriam Ana Frank y Pequeña obertura para “El emperador de la Atlántida” ambas con música y orquestación de Pedro Hallfter basadas de la Sonata para piano núm. 7 de Viktor Ullmann.

Gustavo Tambascio, con una amplia y versátil carrera en España, y que en el Real ha dirigido el estreno mundial de Dulcinea, de Mauricio Sotelo, es el responsable de la dirección escénica de la producción, situando la ópera de Ullmann en su opresivo contexto real y metafísico, con la ayuda de una dramaturgia que articula las tres obras del Prólogo con la ópera, glosando las ideas del honor y la muerte. Siete cantantes dan vida a los caricaturescos personajes de El emperador de la Atlántida: el barítono Alejandro Marco-Buhrmester, en el papel titular, y el bajo Torben Jürgens, encarnando a La Muerte, encabezan el reparto. Estarán secundados por el bajo-barítono Martin Winkler (El altoparlante), la mezzosoprano Ana Ibarra (El tambor mayor), el tenor Roger Padullés (Arlequín), la soprano Sonia de Munck (Bubikopf) y el tenor Albert Casals (Un soldado). La Orquesta Titular del Teatro Real, bajo la dirección de Pedro Halffter, interpretará todas las obras de este espectáculo único, que llevará al público la música de Viktor Ullmann, que la barbarie silenció durante tanto tiempo.

Viktor Ullmann nació en 1918 en el seno de una familia católica de judíos conversos, en la ciudad checa de Teschen, entonces parte del Imperio austrohúngaro y hoy perteneciente a Polonia. Esta encrucijada entre religiones y nacionalidades marcaría su vida itinerantepor el centro de Europa —Viena, Praga, Zurich, Stuttgart…— conciliando su carrera profesional con un constante aprendizaje y una permanente búsqueda espiritual, que encontró aliento en la antroposofía de Rudolf Steiner. En 1942, ya famoso y con un amplio catálogo de obras musicales, es confinado con parte de su familia en el campo de concentración de Terezín, “gueto modelo” de la propaganda nazi donde Ullmann desarrolló una frenética actividad como compositor, director de orquesta y dinamizador de actividades artísticas hasta su deportación y asesinato en Auschwitz el 18 de octubre de 1944.

Entre las obras creadas en estos dos años de reclusión en Terezín destaca El Emperador de Atlantis, o La Muerte presenta su dimisión, escrita para un pequeño grupo instrumental y 7 cantantes, que realizaron diversos ensayos de la ópera antes de que algunos de ellos se vieran obligados a subir al tren de la muerte con dirección a Auschwitz. La partitura, con el eclecticismo tan en boga entonces, recuerda la música de Weill, Hindemith o del Stavinsky de Renard. Con influencias del cabaret berlinés y pinceladas de jazz, entrelaza hábilmente muchas citas musicales reconocibles por sus intérpretes, desde un himno a un coral luterano, un vals de Strauss o la cita reiterativa de la Sinfonía Azrael de Josek Suk, que evoca al ángel de la muerte con el célebre tritono del diabulus in música.

El emperador de la Atlántida es una sátira amordazada en la que un desquiciado y despreciable Emperador (Kaiser) —que nos remite inevitablemente a la figura de Hitler—, declara una guerra total contra la que se rebela la Muerte, renunciando a hacer su trabajo: si nadie puede morir, las batallas carecerán de sentido. La Muerte no debe perder su dignidad: no puede acoger en su seno a los indefensos, desnutridos, dementes, desnortados, niños y enfermos de los campos de concentración y exterminio. El ácido libreto del joven escritor Peter Kien, asesinado en Aschwitz con apenas 25 años, despertó la suspicacia de los nazis, que impidieron el estreno de la ópera. Las vicisitudes de las partituras que Ullmann escribió febrilmente en Terezín, recogidas en un paquete, han pasado por varias manos hasta que las conociera el director inglés Kerry Woodward en 1972. A él se debe la primera edición de El emperador de la Atlántida y el estreno de la ópera en Ámsterdam, en 1975, después de un letargo de 30 años. Desde entonces esta breve ópera, escrita en las más atroces circunstancias, es un testimonio vivo de la capacidad del hombre para crear en el límite de sus fuerzas, riéndose de la fatalidad de su destino, rodeado de dolor, horror y sinrazón.
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