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DESDE ULTRAMAR

5 de junio: debacle del PRI

jueves 09 de junio de 2016, 17:50h

El domingo 5 de junio se efectuaron elecciones locales en 14 entidades mexicanas. El resultado tiene diversas lecturas y destacan tres: a) Fue una derrota priista local y extensiva a Peña Nieto, en función de pésimos desempeños; b) Comprobamos que cuando la gente se ha movilizado y ha acudido a votar, el PRI pierde elecciones, pese a las infinitas chapuzas y trapacerías acumuladas por ese partido para evitarlo, y c) Afloró la sordera y ceguera del corrupto gobierno Peña Nieto, que, ante la derrota de su partido, una apabullante equiparable a un tropiezo brutal, el sujeto y su gabinete no reaccionan ante la desazón electoral atestiguada contra sus siglas.

Los ciudadanos han acudido a unas elecciones de rutina, que no eran particularmente extraordinarias, pero acabaron siéndolo. Quieren que los opositores triunfantes metan a la cárcel a los priistas salientes. Que atiendan la seguridad descuidada por el PRI y que mejoren la colapsada economía. A los electores lograr esas tres cosas, les permitirá darse por bien servidos. Si los opositores lo consiguen se posicionarán a las presidenciales de 2018.

La jornada electoral proviene de campañas rudas, y ha castigado gobiernos priistas sumidos en un clima de ineptitud, impunidad, desvergüenza y miserable actuar de los gobernadores del PRI, que no fueron señalados siquiera por su propio partido de forma pública, para demostrar tantita solidaridad con la sociedad que los indicia y los deplora. Los votantes se han encontrado con un sinnúmero de timos, celadas y obstáculos para emitir su voto, uno adverso que las encuestas afines al PRI no previeron, pero acaso sí los círculos del poder, y en la vieja usanza priista acudieron a todas las artimañas posibles con tal de amedrentar a los ciudadanos, que iban desde no instalar casillas (mesas electorales) o no hacerlo a tiempo, hasta balazos, compra de votos y violencia, esporádica, aislada tal vez, pero presente. Más de 2500 denuncias electorales se produjeron.

Los ciudadanos no votaron masívamente en todos los casos, pero donde lo hicieron, apalearon al PRI. Valoraron más los desempeños presentes y recientes que las promesas de campaña. Echaron al PRI de la gubernatura de 7 entidades, destacando sus bastiones en Durango, Veracruz y Tamaulipas y el saqueado Quintana Roo, donde la Riviera Maya ha padecido las acciones corrosivas del PRI. Retuvo 5 estados, pese a las balandronadas de su peripatético líder nacional, el impresentable Manlio Fabio Beltrones, que ya puede irse despidiendo de la presidencia de la República y quien mandó por delante a la secretaria general de su partido, Carolina Monroy del Mazo, prima de Peña Nieto –que se despida del Estado de México– a dar la cara dando inexcusables explicaciones tras de estos resultados; ella, porque los caballeros sencillamente no ha podido darla a sus correligionarios.

En estas elecciones, amañados encuestadores y politólogos nuevamente han dejado de lado al sentir ciudadano, minimizándolo, negándole visibilidad. Es sorprendente que afines al PRI ni siquiera por asomo puedan o quieran escribir esto que está usted leyendo: el PRI perdió feamente las elecciones del domingo 5. Pues entonces, quede constancia de ello. Sus comentarios y números no reflejaron el sentir de los gobernados, que, como lo expresamos la semana anterior aquí mismo, están hasta el copete y lo dejaron claro de quién: de los priistas, ladrones y malos gobernantes. Es responsabilidad del PRI porque ese partido escogió a una pandilla de miserables a gobernar provincias, careciendo de la más elemental ética política. Los ciudadanos se las han cobrado en las urnas a todos.

El PAN, Partido Acción Nacional, se ha posicionado nuevamente con estratégicas alianzas con la izquierda, lo que ha servido para desplazar al PRI. Como carecemos todos de una bola de cristal, no sabemos si eso realmente incidirá en favorecerlo en las elecciones presidenciales de 2018. Lo que sí sabemos es que el repudio al PRI fue inocultable, perdió bastones electorales, apenas consiguió recuperar algo de lo antes perdido y es el gran perdedor de esta elección, sin garantizar siquiera un proyecto de gobierno.

Los ciudadanos han recordado a todos una vez más, que cuentan con su propio sentir y lo harán valer, que merece justipreciarse. De nada valen filias de analistas y politólogos en pro del PRI (a mí me sorprende que siga habiéndolas para él, pero sucede) y el ciudadano tendrá la última palabra, sorteando inclusive, las intentonas de ahuyentarlo de las urnas. Las maniobras y trucos del PRI para proclamarse vencedor aún no concluida la veda electoral y de forma irresponsable, cuando no había siquiera conteo de resultados en volumen tal, que permitiera asumirse triunfador, nos habla con toda claridad de la política de agandallarse, de arrebatar la tranquilidad postelectoral para enrarecer el ambiente y sacar raja. Actitud propia de perdedores y desesperados políticos, exhibida al recibir el varapalo de los votantes. Los priistas han hecho el ridículo adelantándose sin sustento.

Termino. Al día siguiente de la debacle electoral del PRI, el jefe de Estado apareció serio en un discurso ante banqueros. Sus llamados previos a la jornada comicial, entonando la civilidad ausente en una campaña de guerra sucia, emprendida sobre todo por su partido, le restó más credibilidad a su personita. Ahora clamaba por reconocer la competitividad que tanto daño hace a su partido, el PRI. Pero ese tono ni significó rectificación ni enmienda ni sentirse aludido por la derrota en las urnas. Prueba de ello es que su obtuso secretario de Educación persiste en su política represora a maestros disidentes y el inoperante de Hacienda anuncia nuevos recortes, mientras la secretaria de Exteriores va a EE.UU. a inmiscuirse en las campañas estadounidenses. Peña Nieto y su gabinete demuestran creerse que esa derrota a su partido en las urnas, el domingo 5, no es propia. Son ciegos y sordos funcionales. Es deplorable.

Tal parece que la derrota ni les va ni les viene, craso error en una democracia, donde el gobierno emanado de las siglas perdedoras, debería mirar hacia las urnas presentes y futuras, para rectificar. Los priistas van cortoplacistas, deseando ganar en 2018 sin proyecto ni propuesta. La derrota reciente nada les dice. Así de alienados. El veredicto de las urnas del 5 de junio sí es también un repudio a Peña Nieto. Los ciudadanos identifican bien el nexo PRI local-Gobierno Peña Nieto. La propia prensa europea y estadounidense así lo ha calibrado y ha sido correcta su interpretación. El México resultante de 2016 no es mayoritariamente priista y debe constar.

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