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GRUPO A - JORNADA 1: FRANCIA 2 RUMANÍA 1

Payet salva a Francia del fiasco inicial ante Rumanía | 2-1

Payet salva a Francia del fiasco inicial ante Rumanía | 2-1

El jugador del West Ham desequilibró el duelo en el minuto 88.

Un buen puñado de incógnitas sostienen a la candidatura francesa, que pretende concluir el camino iniciado este viernes con la consecución de su tercera Eurocopa, segunda como anfitriona. Con todo aquello que circunda a la atmósfera futbolística prendido de incertidumbre -los planos político y social hierven en estos días en una tempestad que desborda, entre otros apartados más espirituales, el cauce del Sena-, Les bleus vuelven a reclamar el espacio catártico que asume el fútbol, para que la unidad patriótica apague incendios intestinos y calme inseguridades de cariz terrorista. Las ausencias de Karim Benzema -escaramuza judicial de reflejo sociológico, según el perjudicado- y Franck Ribery -que decidió no volver a vestir la zamarra nacional- no ayudan a cimentar, en la práctica, un favoritismo sobrevenido después de un exasperante calendario de amistosos, que excluye las conclusiones propias de la competitividad. Francia se presentaba en su campeonato con una arriesgada convocatoria (Gameiro y Laporte obviados, y Mathieu, Varane, Lass y Sakho lesionados), en Saint-Denis y ante la escurridiza Rumanía, que facturó su billete en la segunda posición de su grupo, con 20 puntos en 10 fechas.

Didier Deschamps, capitán del rocoso escuadrón que alzó el Mundial 1998 (también disputado en territorio galo) y responsable de la renovación nominal de los gallos, apostó en su puesta en escena por responder al arquetipo esbozado en su elección de futbolistas convocados. Cimentado sobre un centro del campo musculoso (sobre Pogba gravita el fútbol y la dupla Kanté-Matuidi ofrece el respaldo energético y de equilibrio), el sistema francés buscaría conducir el argumento de la charla a la imposición del pentagrama anatómico, de ida y vuelta, guiando a su oponente a un desafío agónico de resistencia. Payet ejercería de nexo, Griezmann de flecha para volar tras robo y Giroud como rematador y punta de lanza. Rami y Koscielny cerraban una retaguardia rematada, por sus extremos, por laterales destinados a uniformarse de carrileros (Sagna y Evra). Lloris, uno de los porteros más relucientes del escaparate internacional, defendería su portería. La Marsellesa encendió a una tribuna que habría de encontrar coherencia en su ardor con la disposición ambiciosa de los suyos, en la hierba. El orden y la verticalidad características verían hoy una fiscalización, ya que su rival podría proponer una enmienda en la posesión del cuero y hacia la contra. La consistencia y la personalidad de los galos obtenían su primer examen en esta altura privilegiada. Sin margen de error ni autocomplacencia.

Anghel Iordanescu, que ha refrescado la tradicional pulsión bregadora de regusto fino de Rumanía, decidió abrazar el tacticismo que le ha traído hasta este torneo, exigiendo a su once predilecto el rigor en el trabajo solidario que les resulta familiar, sobre todo ante contrincantes de pedigree. Trataría el bloque de indigestar el fluir asociativo francés, por la vía de la red de ayudas y la salida con sentido que proporciona el mediocentro conformado por Pintilli y Hoban, y el frenesí exterior de Stanciu (gestador predilecto) y Popa. Stancu acompañaría a Florin Andone como referencias en el baile con la retaguardia rival. El central del Nápoles, Chiriches, y Rat, lateral del Rayo, guías anímicos del colectivo, afianzaban una línea defensiva completada por Sapunaru -con capacidad para sacar la pelota y centrar al área desde la cal- y Grigore, que sigue necesitando del compromiso de las demás piezas para sostener la placidez del meta Tatarusanu. El técnico legendario proclamó que estaban al mismo nivel que Francia en la previa de este debut y que se ajustaría a la táctica entrenada, por lo que la hoja de ruta centroeuropea quedaba grabada como mantra: la supervivencia en esta primera fase de los transilvanos podría verse asegurada de rascar en la presión que soportan sus adversarios. La incomodidad interpuesta sobre la circulación en estático gala representaba uno de los caminos a recorrer. Siempre atentos al achique entrenado y vigilantes tras cada imprecisión.


La Euro`16 aló su telón con ejercicio espectacular de fuegos de artificio. La inesperada jerarquía y convicción rumanas hurtó el rol protagonista a los locales con severa precocidad. Los pupilos de Deschamps hubieron de tragar el movimiento irreverente rival, que presionaba con exuberante rebeldía para ahogar los circuitos de respiración franceses. La posición adelantada de ambos sistemas configuró un arranque de partido efervescente, plagado de pérdidas y carreras desenfrenadas. Ante tal anárquico paisaje, y a la espera del advenimiento del guión global del encuentro, las apresuradas combinaciones tras robo desembocaban en un intercambio hiperbólico de acciones de peligro. Sin patrón ni gobierno. Matuidi abrió fuego, antes del primer minuto, con un disparo tibio que atajó Tatarusanu y Pintilii respondió desde larga distancia, sin consecuencias. Se estaba desplegando un primer cuarto de hora sin hueco para el respiro, con el ritmo explosionado, en un prólogo de campeonato prometedor que repartía oportunidades sin cortapisas. Así, Rumanía rozó el primer tanto, rédito de su esplendorosa salida -había desencajado a su rival manejando la pelota con criterio y forzando a los locales a perderla de inmediato-, en el cuarto minuto. Un córner cerrado, botado por Stanciu, recibió la prolongación en el primer poste de Chiriches y el remate, sólo y en el segundo palo, de Stancu. Lloris exhibió colocación y reflejos para sacar el intento sobre a línea de su portería y provocar el suspiro en el graderío. Florin cruzó demasiado el testarazo posterior, confirmando la desvergüenza de su vestuario. El Estadio de Francia se había tornado silente.

La primera asociación razonable gala arribó en el 10 de juego, susurrando el paradigma del primer acto. Griezmann concluyó la jugada con un chut desviado a la esquina por la zaga y Giroud, omnipresente (con factura y resolución indecisa), remató con la testa sin atino, con todo a favor, el consiguiente córner botado por Payet. Tres minutos más tarde Pogba subrayó el escenario: si Francia superaba la primera línea de presión rumana gozaría de hectáreas para rendir como más le gusta, con metros por recorrer. La estrella juventina detectó la subida sorpresiva de Sagna y deshizo el repliegue centroeuropeo con un toque. La exquisita diagonal conectó con el centro al área del lateral del City y el delantero del Atlético marró el remate. Sin embargo, para su fortuna, Chiriches despejó con déficit y el cuero volvió a la trayectoria de Antoine, que en un escorzo fugaz, cabeceó al poste en la incipiente lectura bleu del ajedrez del enfrentamiento.

En torno al minuto 20 se asentaron los presupuestos de ambos púgiles y el ritmo y la lógica se templaron, desnudando un mayor control de la situación y el balón francés. Los espacios a la espalda de la ofensiva rumana eran explotados por Payet y Pogba, que amanecían en el lugar de los interiores. Stanciu (faro absoluto en la gestión del desahogo de su equipo) y Andone, por su parte, sostenían la desestabilización visitante, cuyo compromiso era compartido por todas las piezas, colocando a Popa y Stancu en la realización continuada y esforzada de coberturas defensivas, para evitar superioridades en banda. Sapunaru se señalaba, entonces, como la salida principal desde su carril derecho. El despertar de Francia le granjeó el dictado del tipo de juego, en estático y con aceleración en tres cuartos de cancha, y le negó el estiramiento a su oponente. Pero la falta de clase en la apuesta de Deschamps para su centro del campo le trompicó la gestión de la circulación. Con el esférico teñido de azul, Rumanía se esmeraba en jugar con la altura de sus líneas, intercalando cierres que cedían metros y presiones asfixiantes. Sea como fuere, no se quería encerrar Iordanescu y mantuvo la zaga adelantada, asumiendo riesgos, hasta este intervalo, bien controlados, aunque sus transiciones no disfrutaban ya de asiduidad ni claridad.

La vigilancia francesa (Kanté-Matuidi) había desconectado los primeros fogonazos de la contra visitante y Payet adoptó desde temprano la exclusividad creativa de una escuadra que no perdía su galope, sin pausa. Los desmarques de ruptura de Griezmann, en diagonal, y Giroud no alcanzaban a recopilar alimento. La sombra de Benzema se engrandecería en el anochecer parisino. Por ello, Pogba retrasó su escaño, con el fin de enjabonar la primitiva creación de fútbol, ya que Sagna y Evra no se sumaban a la asociación medular de manera permanente, sino que elegían sus incorporaciones. El dibujo rumano acumulaba obreros, cada vez más retrasados, en el planteamiento definitivo previo al intermedio, sin que la trama suturara ni revirtiera en aproximaciones sistemáticas. Un cañonazo descerrajado desde larga distancia por el intermitente Pogba -minuto 27-, que no encontró diana, ejerció como salto de página a un cauce de partido replegado sobre sí mismo. El paréntesis de frugalidad inicial sirvió como ganancia de respeto mutua y ambos entrenadores plegaron ambición y velas, asumiendo como válido el equilibrio y relegando la improvisación, para beneficio de la ortodoxia táctica que desdibujó la guerra de guerrillas y nubló el espectáculo hasta el camino de vestuarios.

Habría espacio sólo para tres llegadas reseñables antes del 45. Todas ellas acciones que escaparon del tedio organizativo de contemplación conservadora. Francia no brillaba en sus pases ni circulación, por lo que la ruta gala hacia el área rumana se reafirmaba, de forma explícita, como la mezcla de la penalización del error ajeno y la pizarra. Por el primer canal se convulsionó la anestesia generalizada en el minuto 35. Un desajuste defensivo en el lateral izquierdo rumano, en saque de banda, dejó sólo a Payet, que centró atrás para el remate ajustado de Griezmann, que se adelantó a los zagueros. El intento lamió el poste; y por el conducto, el de la jugada de estrategia, sobre la hora, otra vez Payet se erigió en maestro de ceremonias, con un nuevo golpeo soberbio desde la esquina. Giroud cabeceó por encima del larguero. El delantero del Arsenal volvía a perdonar después de haber ganado en altura a sus marcadores. En la trinchera de enfrente fue Andoni el que revolvió el orden establecido. El astuto delantero se hizo notar tras una compilación de rebotes en la frontal del área gala, y se adelantó al despeje de Koscielny. El central de los gunners ejecutó una patada al cuerpo del punta transilvano, producto de un tenebroso fallo de cálculo, y Rumanía pidió penalti. En cualquier caso, el colegiado, Viktor Kassai, no interpretó ni falta, nutriendo la perspectiva que había avanzado de arbitraje casero, pues su criterio de dejar jugar, desacertado en más de una ocasión, favorecía al físico local. De este modo, con un frenazo imponente, el debut francés se dio un respiro con un merecido 0-0, sin convencer ni imponer estilo a un equipo menor en cuanto a técnica pero con una intensidad y rigor colectivo asimilados. El 60% de posesión bleu no condujo a una superioridad notoria en cuanto a disparos generados. Los guarismos mostraron un seis a tres en llegadas al área (triunfo francés) pero una derrota en el acierto entre palos (0-1 fue el balance). Sin respuesta con pelota, a Deschamps le urgía subir el listón físico y rítmico para agotar a su rival y morder en un partido largo o revolucionar desde los efectivos del banquillo.

Comenzó la reanudación desprovista de sustituciones, pero si experimento un cambio en la ejecución rumana. Como si de un deja vu se tratara, Iordanescu pareció tocar arrebato en cada salida de vestuarios, y los visitantes asaltaron, nuevamente, el tempo. En esta ocasión, el movimiento de presión y colmillo en campo rival, en despliegue de verticalidad pura, encontró la lucidez técnica de Stanciu, que centró cruzado, y el remate, de media volea, de Stancu -minuto 47-. El disparo del atacante rozó el gol. Francia sollozaba por el fragor con balón y posicional de su oponente. Pero, a diferencia del primer acto, no se dio tiempo para la autocomplacencia y reaccionó con confianza. Payet autografió, de manera definitiva, su rol nuclear en la inventiva ofensiva francesa, y sobre su inteligente fluir interlineal creció el sistema galo y se amilanó el visitante. La repuesta se abrió camino a partir del minuto 50. Lo hizo por mor de un centro quirúrgico del cerebro del West Ham que Giroud recogió para chutar centrado. Tatarusanu atajó sin dificultades, pero el viento soplaba de otra manera. A continuación, Payet aglutinó todo el juego ofensivo de su selección, con fintas y cambios de ritmo y de dirección que no detectó el radar rumano, centró hacia la frontal y Pogba engatilló un potente lanzamiento que repelió, como pudo, el meta visitante.


Debía ajustar Rumanía su solidaridad coral para tapar la visión e influencia del único elemento desequilibrante bleu, pero no alcanzó la solidez a tiempo, y otro balón propulsado por la novedosa estrella de Francia encontró la cabeza de Giroud, que en esta oportunidad sí conectó con la red su intención. Se adelantaba el anfitrión en el minuto 57, fruto de un respingo de clarividencia de su organizador y con una clamorosa falta con el codo del delantero en el salto con el portero. La evidencia de la asimetría en las decisiones arbitrales no ejerció erosión, por el contrario, y el cabezazo arriba de Andone -última acción antes de ser reemplazado por Alibec-, en un córner lanzado por Stanciu y dos minutos después del primer gol, mostró a las claras la dureza mental de un equipo que recobraría su brío competitivo hasta conducirse hasta el imprevisible empate recogido en el minuto 65. Evra derribó con nítida claridad al mediapunta destacado Stanciu en el área. Kassai titubeó, inició la carrera indicativa de ley de la ventaja pero terminó señalando penalti, ante el estupor de propios y extraños. Finalmente, Stancu tomó la responsabilidad de convertir en tangible el merecimiento de su camarín y engañó a Lloris desde los once metros. Empate a uno y la presión que sobrevoló los hombros franceses ganó varios niveles de abrasión.

Instantes después del cataclismo, el seleccionador francés arriesgó: sentó a un Griezmann intrascendente e incluyó en la fórmula al regateador Coman. Se la jugaba el experimentado ex mediocentro, pues antes del desenlace sentó a su segundo nombre con mayúsculas. Pogba, tan inocuo como el delantero sustituido, dejó sitio a Martial. El motor de la Vecchia Signora no profundizó más allá de una muestra ínfima de su finura esteticista. La juventud y la velocidad se disparaban en las filas de una Francia que colapsaba en estático y decidió abandonarse al encanto de la transición, del caótico devenir. Amasaba pelota y encerraba a su contestatario rival, pero no abría oquedades por las que desnivelar el marcador, y el paseo era ya una carrera contra el reloj. Por el camino, el arquitecto rumano apuntaló la resistencia de los suyos, que atisbaban las tablas en el horizonte con un botín tan merecido como legendario. Stanciu, referencial y vaciado, dio entrada a Chipciu y Popa -desfondado y eficaz en defensa y mutilado en ataque- entregó el testigo a Torje. En el entretanto, Hoban inyectó un disparo a las nubes que recordó la amenaza visitante en pleno protocolo de derribo galo.

La tensa recta final encumbró a dos futbolistas: Kanté y Payet. Con el cansancio persiguiendo dorsales, el ancla rumano compuesto por Hoban y Pintilii se afanó en incrustarse por delante de sus centrales, tratando de tapar pasillos interiores, y la renovada delantera centroeuropea también aplicó en el intensivo repliegue postrero de su selección, facilitando la sobresaliente labor de vigilancia y contención del mediocentro francés del Leicester campeón de Inglaterra. Al tiempo que Martial emergía como punzón al espacio –comenzó y finalizó una salida hiperactiva que Tatarusanu detuvo- y la paciencia francesa comprendía como factible el imposible de la decepción como concepto adherido a su estreno, Dimitri Payet ascendió metros, como en la Premier League, para soltarse de la creación retrasada y bordear la frontal como llegador privilegiado. Con la prolongación asomando en la orilla rumana, dos acciones peligrosas por bando y anuladas por fuera de juego rompieron el ritmo adquirido. Pero, con el marasmo planeando hasta lamer el césped y a pesar de verse afligidos por la decisión de su seleccionador de descabezar el talento de un centro del campo construido para derrumbar y no imaginar, el interior del West Ham desató el grito parisino en el minuto 88. Recibió en el pico del área, se abonó el cubículo adecuado para centrar su posición y, desde la frontal, golpeó con terciopelo y dirección hacia la escuadra del palo largo. El guardameta rumano, poco exigido hasta entonces, realizó la actitud hierática del que se sabe incapaz. El golazo de zurdazo -su pierna ‘mala’- corroboró el alivio de una nación necesitada de fútbol y el estatus puntero en el toque de balón de Payet. Pocos rivalizan con él en el presente en dicho apartado y desde su hambre esquivó las fantasmas Francia y ganó.

Abandonó el campo entre lágrimas, sobrepasado por las emociones, un jugador determinante en su saludo oficial como ídolo de su país, quizá purgado el dolor interior consiguiente al desprecio sufrido hasta este día. Apartado del circuito y la rotación francesas. "Si hace un año me dicen que esto iba a pasar no lo había creído. Por eso me han salido esas lágrimas", confesó pasada la batalla. Deschamps le dio las riendas de la nacional, por primera vez, y contestó con creces. Sissoko le sustituyó para la ovación de Saint-Denis. Rumanía, que se marchó de vacío pero con la cabeza muy alta, no concebiría fuerza para volver a renacer, pero sí orgullo por haber llenado de contenido la presunción de su entrenador: están al nivel de una doble campeona de Europa. La paleta táctica de Iordanescu y el compromiso de la plantilla crearon grandes expectativas para su nación y deberes para la triunfadora final del duelo. Una de las favoritas ya ha recibido el aviso trascendente: sólo con músculo va a resultar muy difícil celebrar algo importante. Su parcela central debe aportar mucho más para desanudar el embrollo de la posesión (62% en el minuto 90). Consiguieron acumular los gallos cinco tiros entre palos cuando el resuello rival cedió y el encierro toco tierra. La longitud de la exigencia dio la razón al seleccionador galo, pero se antoja complicado pronosticar su valía ante equipos más agraciados técnicamente. Los sufridos tres puntos proclaman una Eurocopa estupenda en cuanto a intensidad e igualdad, pues muchos de los equipos en liza comparten libreto anatómico, y la imagen emocionada del MVP de este viernes es, ya, historia de este deporte. Nada mal para abrir el apetito después de una temporada tan exigente.

Ficha técnica:
2 - Francia: Lloris; Sagna, Rami, Koscielny, Evra; Pogba (Martial, m.77), Kanté, Matuidi; Griezmann (Koman, m.66), Giroud, Payet (Giroud, m.92)
1 - Rumanía: Tatarasanu; Sapunaru, Chiriches, Grigore, Rat; Stanciu (Chipciu, m.72), Horban, Pintilii; Popa (Torje, m.82), Ardone (Alibec, m.61), Stancu
Goles: 1-0, m.58: Giroud; 1-1, m.65: Stancu (p); 2-1, m.89: Payet.
Árbitro: Viktor Kassai (HUN), amonestó a Chiriches, Rat, Popa y Giroud.
Incidencias: Duelo inaugural de la Eurocopa de Francia de 2016 y valedero para el grupo A de la misma disputado en el Estadio de Francia de Saint Denis ante unos 80.000 espectadores. El partido estuvo presenciado por el presidente de Francia, François Hollande, y precedido de una ceremonia de inauguración. En las gradas estaba Diego Armando Maradona.