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POR LIBRE

La obsesión de Albert Rivera con Rajoy

domingo 12 de junio de 2016, 15:05h

Albert Rivera, que el 20D parecía aspirar a todo, ya se ha caído del guindo y ahora se conforma con no descolgarse en el Parlamento y mantener el cuarto puesto con dignidad, sin bajar demasiado de los 40 escaños. El sainete que protagonizó con Pedro Sánchez puede costarle caro, precisamente por el paripé de la solemne firma del pacto de la no investidura y, en especial, porque ni a un solo votante de Ciudadanos le hubiera gustado que gobernara el PSOE con sus escaños.

Y es que Rivera no sabe o no quiere saber que su electorado proviene en aluvión de los desencantados del PP; o lo que es lo mismo, sus votantes son de derechas (perdón, de centro derecha). Lo de la progresía no está en su ADN. Solo hay que mirarle a la cara y a su almidonada camisa blanca para comprobarlo.

Pero a Albert Rivera le ha dado meona con Rajoy. El mensaje principal de Ciudadanos, por no decir el único, consiste en demonizar al presidente del PP como el responsable de todos los males que sufre España. Y Ciudadanos, con sus menguados votos, pretende imponer el cambio de líder al partido que triplica sus escaños y echar a patadas al presidente que ha gobernado con la más abultada mayoría absoluta de la democracia.

Porque el mayor error de Ciudadanos siempre ha sido el mismo. No mojarse ni en la ducha. Y para ello, un día se viste de socialdemócrata posmoderno y se va a bailar con Pedro Sánchez y otro, de patriota españolista envolviéndose en la enseña nacional. Quizás crea que ahí está el centro.

Pero, si de verdad quiere gobernar o facilitar la gobernabilidad, como presume de haber hecho en su pantomima con el PSOE, debe reconocer que esa alianza ya solo puede hacerla con el PP. Porque el fugaz idilio con Pedro Sánchez no fue más que el romance de una noche. Y ahora se ha quedado compuesto y sin novia. De hecho, Pedro Sánchez ya no quiere saber nada de él.

Pero ahí sigue Rivera empeñado en echar a Rajoy como condición para llegar a algún tipo de acuerdo con el PP. Una osadía. Eso podría hacerlo, en todo caso, Rajoy con Albert Rivera, pues es el partido mayoritario quien suele imponer condiciones en una negociación. Y, además, porque Girauta, el número dos de Ciudadanos, ya ha demostrado ser más inteligente y sensato que el líder del partido.

Tampoco debe olvidar Rivera que el 20D se quedó en la mitad de los votos que le atribuían las encuestas. Y si entonces le penalizó el llamado voto útil, ahora le puede dejar en las raspas. Pues a los votantes de centro derecha les aterra la posibilidad de un frente popular y ya son conscientes de que los escaños de Ciudadanos no servirán para mucho. Y, sobre todo, porque saben que, ahora sí, se han acabado los experimentos “emergentes”.

Pero, como deben rumiar en el PP, arrieritos somos. Y cuando se abran las urnas el 26J, ya solo quedarán dos candidatos para gobernar: o Mariano Rajoy o Pablo Iglesias. Y, entonces, Albert Rivera tendrá que tragarse un buen puñado de sapos y apoyar al PP o volverse a Barcelona a pintar de naranja Las Ramblas.

Porque si se confirman las encuestas, en la noche del 26J, a Pedro Sánchez le echarán a patadas y el nuevo líder del PSOE, a buen seguro, preferirá dejar gobernar al PP que ser engullido por Podemos. Y, entonces, sí, Albert Rivera no pintará nada. Salvo Las Ramblas de naranja.

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  • La obsesión de Albert Rivera con Rajoy

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    3272 | pontevedresa - 12/06/2016 @ 23:43:54 (GMT+1)
    Buen artículo, ha sido una equivocación de Albert Rivera hacerle el trabajo sucio a Pedro Sánchez en la investidura doblemente fallida pidiendo que echaran a Rajoy que había ganado las elecciones a siete puntos por delante de el socialista y a muchísimo de Rivera. Todavía no se da cuenta del ridículo que hizo, de detergente simplemente firmando un pacto con Sánchez, que inmediatamente le engañó con Pablo Lenin, con el que se derritió rogándole, implorándole, solicitándole ser el "okupa" de la Moncloa, Rivera tiene solo un camino, ayudar al PP y dejarse de chulerías, y en esto el antes inteligente segundo de a bordo Juan Carlos Girauta, ha hecho también el ridículo.

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