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NOVELA

Andrea Camilleri: El caso Santamaría

domingo 12 de junio de 2016, 15:08h
Andrea Camilleri: El caso Santamaría

Traducción de Carlos Gentile Vitale. Barcelona, 2016. 185 páginas. 15 €. Libro electrónico: 10,99 €.

Por Daniel González Irala

El genial y prolífico creador del inspector Montalbano vuelve a la carga esta vez con un apabullante e intenso thriller político que desenmascara una trama donde la corrupción, la pérdida de dignidad y la creación de una atmósfera soporífera de calor romano, se dan la mano de una manera espléndida, desde el rigor que le da el oficio. Y es que ese calor, con el que tanto y a raíz de los padecimientos de su protagonista, Mauro Assante, sufre el lector, es el propio de la bajada a los infiernos que se vive, con plena identificación, en países también como el nuestro, donde nos desayunamos frecuentemente con este y otro tipo de casos similares.

Assante es un funcionario que trabaja para un instituto financiero. Tiene a su esposa Mutti y a su hijo de vacaciones veraniegas en un pueblo de montaña. El protagonista debe quedarse en Roma para terminar un informe que todavía no sabe si será favorable para políticos y banqueros, y del que guarda como documentación ciertos anexos que le pudieran ser desfavorables. Dicho informe debe hacerlo para una fecha determinada y por más que sus superiores le digan lo contrario, entregarlo fuera de plazo no suscitaría más que recelos y rencillas con sus jefes. Pero determinados factores le disuaden y distraen demasiado de su trabajo: desde la aparición repentina de una bella mujer rubia y de ojos azules que llama a su puerta (Carla) insinuando responder a un encargo realizado por él mismo a una empresa, un motorista que le persigue cada vez que sale a la calle, la llamada de una editorial a Mutti para comprar una enciclopedia para niños, la persecución de algún que otro paparazzi o el hecho de que en ese anexo para elaborar el informe aparezca detallada la desaparición de su hermana por un problema de salud mental.

Todos estos detalles que a muchos, uno a uno, gota a gota, podrían trastornarnos un poquito, a Mauro aún así le mantienen más alerta sobre su trabajo. De hecho, Marasco, un compañero, le llega a interpelar diciéndole: “Ya no se fabrican personas como tú. Funcionario intachable, esposo y padre irreprochable, ningún vicio, no intrigas para obtener promociones, siempre en su sitio, con cerebro analítico, a menudo te señalan como ejemplo”, todo ello para después tildarlo de desprevenido y necio.

La caída a los infiernos de Assante no es sólo laboral, y ahí tal vez esté el encanto de la novela, en que ese protagonista es muy metódico y perfeccionista aún en pleno ferragosto romano, pero también es una criatura adorablemente humana, al que agitan a veces , no obstante, instintos bajos que se apoderan de él.

Es sabia la manera en que formalmente Camilleri va de la anécdota o peripecia, con un narrador apoyado en tercera persona sobre el protagonista, a la trama, moviéndose desde lo personal y honorable del financiero (en este sentido la novela es como una película clásica de Billy Wilder) hasta lo más general y abstracto, su condición discutible de culpabilidad en una historia que no es tal, pero pudiera recordar El proceso, de Franz Kafka, un juicio que vive Mauro con su propia circunstancia y dignidad laborales, sobre el que aún se dará en el epílogo, una vuelta de tuerca más.

Y es que seguramente el lector no cuenta con lo intrépido que puede llegar a ser un hombre que pasa de poder ser ascendido de puesto a relegado de por vida, debido a dos pasos en falso que da.

No somos conscientes pues de cómo la vida puede cambiarnos en décimas de segundo. O sí. Tal vez ahí esté la magia de la literatura, en recomponer esos instantes con pulso y furia. Y saber capturarlos.

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