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NOVELA

José María Guelbenzu: Los poderosos lo quieren todo

domingo 19 de junio de 2016, 17:59h
José María Guelbenzu: Los poderosos lo quieren todo

Siruela. Madrid, 2016. 320 páginas. 19,95 €. Libro electrónico: 8,99 €.

Por Francisco Estévez

Es una exageración pero pequeña y de ahí el peligro futuro ya atisbado en el horizonte afirmar que la escritura está zampándose a manos llenas a su hermana gemela, la lectura. Una vuelta por la Feria del Libro volvería inapetente al lector más sibarita. El oficio desparece a marchas forzadas suplantado por arribistas, desconocedores de qué cosa sea la escritura, que arden en llamas por publicar la sua. A lo lejos la catástrofe, España tendrá más escritores, mejor digamos publicadores que lectores. Mientras, el público en fruición grita: ¡que el espectáculo continúe!Así las cosas no extrañará al curtido lector la opción de José María Guelbenzu a mitad de su nueva novela en un capitulito de página y media sin desperdicio cuando su “narrador exige descanso” ante el caos circundante y apresado por las manos del autor, “alguien que carece de sentimientos, de empatía, un verdadero fanático dispuesto a todo con tal de conseguir sus fines”. Hay cierta sintonía con aquel protagonista de la flamígera novela de Rubén Martín Giráldez, Magistral, por citar otro texto del año, que merodea esta disquisición mayor cada vez más frecuente producida por la fractura ancha de nuestros días: la escritura o el silencio.

Una cita cervantina y otra valleinclanesca en el pórtico de Los poderosos lo quieren todo orientan la lectura de esta sátira hacia claves quijotesca, por un lado, y deformantes cercanas al esperpento valleinclanesco, por otro. Un tablado de marionetas representará la comedia presente. Su protagonista es Hermógenes Arbusto, ambicioso fiscalista de prestigio, quien se ve obligado a aplazar la muerte con un ominoso pacto y venta del alma a un diablo mayor, Forcas, por el cual aplacará su voraz apetito de dinero obligado a no practicar más el bien. Conviene aclarar un error contumaz: en la leyenda alemana de Fausto la venta del alma al diablo compra el conocimiento y no tanto la juventud, aunque para conseguir el primero sea preciso disponer de largo tiempo.

Aquí se trocará el alma a cambio de hacer dinero y continuar obcecado en fechorías. Atención a los diablos, muchos nos confunden desde Rilke, quien ya advirtió que todo ángel es terrible. Desde luego todo diablo es un seductor impenitente. Pero en nuestra novela Forcas a pesar de ser un diablo no menor según aseguran los diccionarios satánicos será castigado por el mismo Satán y en su degradación perderá condición satánica y devendrá mortal. Para su alegría descubrirá la imaginación creadora y no le supondrá mayor pena perder su condición. Ya se imagina maestro de la narración, escritor de best-seller, y se embelesa con “dinero, mujeres, popularidad….”. En efecto, esa es la imagen distorsionada de muchos escritorzuelos actuales, pobres diablillos.

El tinte de la fábula moral impregna todas las páginas de esta novela pero un claro tono de comedia, de contundente humor, contrarresta la posible seriedad engolada. Es cosa sabida, el poder compensador y con suerte liberador del humor. Lo grotesco de este ambiente coral novelesco representa bien la maldad del poder cada vez más omnímodo en sus canalladas que conducen al hartazgo social en España. El anclaje a la realidad a través de la acidez humorística y la deformación del sarcasmo retrata esta sociedad nuestra de empresarios voraces, cínicos banqueros, políticos inmorales, obispos pecadores y, cómo no, los culturetas de turno, en fin, los poderosos todos. Desde los manejos pérfidos de María Ilustración, mujer del corrupto fiscal, pasando por Maribel, la hija del ambos en permanente coma por el pacto diablesco, hasta Tomas Beovides, el profesor de arriesgados juicios literarios enamorado de la hija durmiente.

En definitiva, el poder caustico del esperpento derrama sus ácidos sobre las oquedades más detestables de la realidad española para diseccionar el cinismo actual de políticos, banqueros, empresarios, intelectuales y religiosos. Más allá de su afamada serie policiaca protagonizada por la juez Mariana de Marco, José María Guelbenzu vuelve a su literatura mayor tras la reescritura de El esperado (2012) ya comentada en esta columna. Es buen madero al que agarrarse en este naufragio constante. Los poderosos lo quieren todo representa un pulcro divertimento, con oficio y buen menester. Tengan cuidado tras cerrar el libro pues la sonrisa se puede congelar al constatar ciertas similitudes con esta realidad no tan libresca.

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