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NOVELA

Emmanuel Bove: El presentimiento

domingo 19 de junio de 2016, 18:02h
Emmanuel Bove: El presentimiento

Traducción de Mercedes Noriega Bosch. Pasos Perdidos. Madrid, 2016. 160 páginas. 15,90 €.

Por Daniel González Irala

De la filosofía existencialista de Sartre y su “infierno son los otros” quizás parta el hoy posmoderno, y no sólo gracias a Herman Melville, concepto o personaje del reinterpretado bartleby, alguien cuya actitud vital se definía por la frase “preferiría no hacerlo” y que en esta novela de Bove, personaje vital también igualmente controvertido, representa su magnífico personaje Charles Benesteau.

Publicada en Francia en 1935 y llevada al cine en 2006 por Jean Pierre Darrousin, quién a su vez interpretaba al protagonista, con el título Premonición, se trata de una novela claramente marcada por el contexto histórico en que fue escrita. Su autor, que ya se consideraba a sí mismo novelista desde los catorce años, vivió su vida entre la opulencia y la miseria financiera y tuvo que ser otra desfavorecida por otras razones del gremio, Colette, quién recuperase su primera novela Mis amigos del anonimato literario en el que se encontraba y tras el que sería referencia de escritores como André Gide, Rilke, Max Jacob o Samuel Beckett .

La cuidada edición de la editorial madrileña así como la traducción son un lujo para sus descubridores ahora en España, una edición que cuenta en la cubierta con la pintura de Edvard Munch, Melancolía, donde lo que parecen las dunas de una playa asemejan troncos de árbol renegridos por el tiempo.

Un día como otro cualquiera Benesteau (Bove utiliza un narrador en tercera persona pegado al protagonista, narrador del que bebe también entre otros Coetzee en la primera parte de Desgracia) decide abandonar los hábitos que le mantienen encerrado en un mundo acomodaticio y egoísta. Abandona a su mujer y su hijo, su mansión y trabajo, reniega parcialmente de su familia (sobre todo de sus dos hermanos y hermana) y hasta de su amante Danielle, alguien en quien descargaba hasta el momento los furores de una vida que le desagradaba. Se va a vivir a una pensión que será reconvertida en pequeño apartamento, para así empezar a divagar por las calles, leer, escribir…, llevar una existencia donde cultivará la sencillez y la bonhomía para con los otros, algo que la sociedad parisina de posguerra, sus nuevos, viejos vecinos y sus familiares no entienden, y por lo que le odiarán.

El principal pretexto para armar el argumento se dará cuando Charles tenga que ganarse el sustento de algún modo; al ser abogado, en principio no tiene problemas, pero poco a poco estos le van creciendo por pares, dándose cuenta de que la opción tomada de llevar una vida más sobria, lo que le hace es codearse con el mismo tipo de instintos, sólo que con gente desclasada. Aún así, la necesidad de huir de la opulencia le hace autoengañarse o preferir vivir con la hija de los Sarrasini, niña de catorce años a la que Charles dará todo lo que le pida, y que el vecindario interpretará desde la lujuria e intenciones aviesas.

Llega un momento en que Charles no tiene escapatoria y le va a resultar imposible pasar, como él quiere, desapercibido. Desde que sabemos esto, tampoco hay huida posible para un lector que se creía rebelde y le apoyaba, por lo que esa máquina del existencialismo de la que hablábamos en un principio ha hecho su efecto. Es entonces cuando nos damos cuenta de que las mejores intenciones las puede cargar el diablo sin que apenas seamos conscientes. La heroicidad en este caso de Charles, consiste en que es capaz de apechugar con las consecuencias de sus actos por más que estos de una manera u otra le pasen factura. De esta forma, cuando se siente afortunado en comparación con los Sarrasini, es cuando comprueba que, hasta la fecha vivía “como si una mano invisible se hubiera dedicado a ocultar todo aquello que pudiera causarle aflicción”.

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