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ESCRITO AL RASO

¡Es la cultura, estúpido!

martes 21 de junio de 2016, 21:01h

Aún con el buen sabor de boca del II Congreso de Periodismo Cultural de la Fundación Santillana y recién estrenado el estío, los candidatos saben que tienen los últimos días para rascar con la cuchara del solsticio ese ennegrecido socarrat de la intención de voto en las circunscripciones pequeñas, ahora que Pablo y Alberto bailan un pasodoble que podría sumar casi una veintena de diputados. El sufragio se encuentra muy dividido y muchos diputados se decidirán por pocos votos consuetudinarios, en medio de la rúa y altavoz en ristre, el mal de la democracia veraniega y la mosca sorda y liquidadora del Estado demoliberal y medioambiental.

En 1992 y durante la campaña electoral, Bill Clinton –aquel presidente de los Estados Unidos que se encontró debajo de la mesa del Despacho Oval a una becaria buscando su pendiente en la moqueta– se sirvió del eslogan “La economía, estúpido” –acuñado por James Carville– para arremeter contra George Bush padre, imprecación que formaba parte de otros dos mensajes: “Cambio vs. más de lo mismo” y “No olvidar el sistema de salud”. En nuestra política, que es más de lo mismo, lo que siguen olvidando nuestros partidos en sus programas es el capítulo cultural. Albert o Pedro, las superstar y sex-symbol del atracón electoral, puede que lleven a los niños a los programas educativos de los museos. No lo sabemos. Mariano nos consta que al niño lo lleva a los partidos y le da a leer el Marca, que forma y educa; se lo lleva hasta a la COPE para discutir de fútbol para darle un “zasca”, como dicen ahora, y salir en todos los zapping.

En Santander, con nuestro querido Basilio Baltasar al frente del encuentro y sus inseparables Giselle Etcheverry y Nuria Rodríguez, dos enamoradas de la cultura, pendientes de que todo saliese bien, asistimos a tumba abierta a la epifanía cultural del periodismo y hasta nos dimos cera con elegancia, ruptura generacional con la “celiana” tercera generación de don Camilo incluida. Ofició como anfitrión el alcalde conservador de la capital, el ingeniero de Caminos, Canales y Puertos Íñigo de la Serna, y a renglón seguido muchos cargaron sus fusiles dialécticos. Nos hubiese gustado que apareciesen también sus concejales multicolores o algún político regional, a quienes se ve que la cultura no les quita el sueño. Sabemos que les importa a todos un pimiento, pero la regla de oro de la alta política es el disimulo. Afortunadamente el regidor, con su estampa de latin-lover, estuvo allí, nos escuchó un rato y se tomó con nosotros unas gambas con la gabardina del 26-J.

Está claro que los recortes, la devaluación salarial y la austeridad fiscal han hecho mella en los ánimos de las filas del periodismo en general y del cultural en particular, que cada día ven mermadas sus filas de militantes: ser libre en el oficio de informador se hace poco menos que imposible y nos hemos acostumbrado a la servidumbre humana y profesional. “Madrastra inmunda, país de siervos y señores”, escribió sobre España Juan Goytisolo en Reivindicación del conde don Julián. Así que los periodistas culturales coleccionamos manojos de instantes culturales, alumbramientos únicos nacidos en el encuentro con el artefacto cultural, con el libro provocador, el tema musical o el cuadro de la exposición temporal, porque las colecciones permanentes –y otras cosas, como el amor– ya no se llevan. También vislumbramos en el encuentro jóvenes talentos con un empuje y una fuerza contagiosas, dispuestos a derribar las estatuas agrietadas de los próceres de la cultura: Carto DB, Basurama, Domestic Data Streamers, Cybersyn, Urbanario, Teknedata, Malvalanda, Martitara, Forma Antiqva, Rebobinart, Ojo atómico, Espacio Márgenes, Pannonico, Radio África Magazine, etc. Así, para empezar. Todos los jóvenes airados soñamos alguna vez con hacernos una biografía urgente para desmitificar a los mayores. Tal vez haya que matar a Sócrates, como nos dijo el arquitecto e ingeniero Carlos García-Delgado, y decantarnos por su método cibernético de memoria y consciencia. Los periodistas los esperamos siempre del lado del papel, los micros, las cámaras y las web y esta picaresca simpática que nos hermana.

A muchos políticos les falta la melena que a otros les sobra. Y a algunos no nos gusta seguir en una España cañí desnutrida de políticas culturales, pero con los “mimbres” que se presentan a los comicios de este domingo, todo parece indicar bajo este sol de justicia que si no queríamos caldo, nos vamos a tener que tomar dos tazas. Y bien calientes. Nosotros, mientras, escribiremos Los misterios del 26-J y sobre sus pactos post-electorales, en los que si alguno de los candidatos a la investidura se acuerda de la cultura, será por accidente. Mucho control de las instituciones y más vigilancia y mordaza, que andan por ahí todos entre Torquemada y el ministro de Información y Turismo. ¡Es la cultura, estúpido!

De seguir así las cosas, ejercer el periodismo y jugar a ser Norman Mailer se acabará convirtiendo en delito y, si es cultural, en un crimen. Acabaremos entre rejas, amore, ya lo sabes. Pero con todas las consecuencias. No te olvides de meter la lija en el lomo de Guerra y paz. Por si “aca”. “Spain: such a way of life”, que dirían las rubicundas guiris en los cursos del Palacio de la Magdalena.

@DavidFelipe1975

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