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GANADORA DEL LEÓN DE ORO EN VENECIA

Desde Allá: de mirones, homofobia y culpa en Venezuela

miércoles 22 de junio de 2016, 13:02h
Desde Allá, la cinta ganadora del León de Oro en el Festival de Cinde de Venecia, llega este miércoles a las salas españolas.
Desde Allá: de mirones, homofobia y culpa en Venezuela

DESDE ALLÁ

Director: Lorenzo Vigas
País: Venezuela
Guión: Lorenzo Vigas
Fotografía: Sergio Armstrong
Reparto: Alfredo Castro, Luis Silva, Jericó Montilla, Catherina Cardozo, Jorge Luis Bosque, Greymer Acosta, Auffer Camacho, Ivan Peña, Joretsis Ibarra, Yeimar Peralta, Scarlett Jaimes, Ernesto Campos

Sinopsis: En medio de la convulsionada Caracas, Armando (50), dueño de un laboratorio de prótesis dentales, busca a hombres jóvenes en paradas de autobús y les ofrece dinero para que lo acompañen a su casa y poder observales. Un día se lleva a casa a Elder (18), líder de una pequeña banda de delincuentes juveniles. De este encuentro nacerá una relación que los cambiará para el resto de sus vidas.

Lo mejor: Las interpretaciones | La manera de dar pinceladas y sugerir la información que el espectador demanda

Lo peor: Demanda un tipo concreto de espectador, capaz de meterse en la historia a pesar del ritmo lánguido y la ausencia de diálogos.

Se estrena en España la película ganadora del León de Oro en la pasada Mostra de Venecia, Desde Allá, ópera prima del venezolano Lorenzo Vigas, que indaga en los recovecos de la psique humana hasta mancharse de barro. O eso se intuye, porque Desde Allá sólo sugiere, es una ventana que Vigas pone delante de sus personajes, sólo para que los miremos, sin contarnos demasiado de dónde vienen o qué piensan y sin hacer juicios de valor desde la dirección.

La cinta se centra en la rutina de Armando, un hombre blanco de clase media, gris e inexpresivo, que tiene un negocio de prótesis dentales y se sube de cuando en cuando a un autobús para ofrecer dinero a chicos jóvenes a cambio de que le acompañen a casa y le dejen contemplarlos desnudos mientras se masturba. Sin contacto físico, sin dar rienda suelta a las pulsiones más instintivas, calculando hasta dónde sí a partir de dónde no. Una represión que, a pesar de situarse la acción en una sociedad en la que aún existen tabúes, incomprensión e intolerancia con la homosexualidad, parece manar más de un pasado oscuro y traumático del protagonista. Cuando Ender, un joven pandillero de familia desestructurada, violento e impulsivo, le responde con una paliza a su proposición voyeur, empieza una relación extraña entre ambos en la que se mezcla la admiración, la protección, el respeto, la soledad, y todos los grados de amor que pueden caber entre la tensión sexual y el paternofilial.

Vigas hace un pastiche de los sentimientos que nacen y mueren en el ser humano y que, por más que nos empeñemos en encorsetar en una palabra y clasificar en términos de bueno/malo o correcto/incorrecto, muchas veces no caben en esas consideraciones. Cuando se muestra, se entiende; así que el cineasta no lo desvirtúa con palabras y compone una cinta en la que el propio espectador mira y decide qué ve. El venezolano pone al público un poco como Armando, de mirón, de observador de dos vidas que no le pertenecen tampoco al cineasta. Esta sensación de espectador casual se incrementa con una planificación en la que se activa constantemente el fuera de campo: algo pasa, pero en la pantalla sólo se ve la reacción del personaje; lo demás queda fuera del plano y a interpretación del espectador, como el pasado y las intenciones de los personajes.

Además, la cinta se rinde al silencio y demanda atención al espectador. Los diálogos son mínimos y el sonido ambiente puebla la banda sonora, carente de toda música de principio a fin (ni siquiera en los créditos finales). Sin apenas contexto, poca información de los personajes y las líneas del guión reducidas a su mínima expresión, la cinta se la juega a la interpretación. Y Alfredo Castro y Luis Silva dan sobradamente la talla. El primero acostumbra a transitar por papeles sórdidos (uno de los últimos, el de cura “retirado” de El Club de Pablo Larraín, con el que colabora habitualmente), pero sigue sorprendiendo la ambigüedad que logra en este hombre atormentado y reprimido, capaz de asustar justo antes de enternecer a este lado de la pantalla. Y el debutante Luis Silva hace un magnífico trabajo de expresión corporal, desprendiendo rabia contenida, soledad, violencia y miedo sin necesidad de abrir la boca.

Desde Allá no es una película social, aunque, como siempre, es inevitable que beba algún sorbo de su contexto. La Venezuela de las colas para conseguir alimentos, de las pandillas y la violencia callejera, de la homofobia, de la tremenda desigualdad que genera situaciones de sometimiento de los pobres y provecho de los ricos, de dominación, el racismo… Todo forma parte del escenario en el que Armando y Ender se descubren y se –podemos decirlo, sí- aman, para mostrar las complejidades que hay entre las luces y las sombras de la psique humana.



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