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DESDE ULTRAMAR

¿Éxito del brexit sin éxito?

viernes 24 de junio de 2016, 09:33h

23 de junio de 2016. Ganó la opción brexit en una jornada reñida, peliaguda. Implica que el Reino Unido se marche de la Unión Europea (UE). Parece un exceso de confianza en el futuro, que acaso solo la flema británica aporta. Mata la leyenda de que no llegará el día que quebrara el Banco de Inglaterra o cayera la monarquía o encallara la flota, para arruinarse. El brexit se fraguó desde el primer día de pertenencia a la Comunidad Económica Europea (1973); naciendo el euroescepticismo desde entonces, porque ha estado allí rondando en las mentes de los políticos británicos, recurrente en campañas y debates parlamentarios. La noticia no es promisoria , porque se ha torpedeado un proyecto de unidad europea.

Al Reino Unido siempre le costó mentalizarse para ser parte de Europa. “Ser o no ser más Europa, he ahí la cuestión”. De Gaulle se opuso a admitirlo por mirarlo como un caballo de Troya de los EE.UU..¿Acertó? No fue por la ingeniería haber concluido tardíamente el Eurotúnel, en 1994. Sencillamente, nunca agradó el acercamiento en mentes tan insulares; dentro de la CEE, como después en la UE, los británicos fueron los esquiroles que boicotearon la política migratoria comunitaria y no abrazaron al euro, jamás convocando una consulta. Siempre a contrapelo seguros de que “todavía es privilegio nacer inglés”, marcando distancias. Pese a los privilegios y excepciones que tienen de Bruselas.

El brexit –lo considero el vocablo estrella de 2016– posee un fraguado espíritu de viejo cuño, no obstante que a ese neologismo de la dúctil y condescendiente lengua inglesa, el diccionario Oxford atribuye diversas versiones de su origen. Abrevia la expresión Britain (o British) exit (salida del Reino Unido [de la Unión Europea]). Literal: salida británica. La Fundéu BBVA sugiere escribirlo en minúscula y cursivas, cual extranjerismo que es. Deje usted que de producirse costara 130.000 millones de euros y un millón de empleos, más una recesión.

¿Ser más Europa o menos Europa? la parienta pobre como la miran, según referían a un influyente diario ibérico, unas ciudadanas españolas radicadas en Britania. Benigno mote siendo el brexit solo la punta del iceberg, tratándose del recelo antieuropeo de esos isleños que inventaron el “espléndido aislamiento” y dividieron el mundo decimonónico en dos: ellos y el resto; que hablaban de “sus islas” como algo ajeno a Europa, que se jactaban en el siglo XIX de que “el mundo se vuelve cada día, un poco más inglés”, siendo Inglaterra el taller del mundo, multiplicando sus frutos manufacturados a diestra y siniestra, mientas domeñaba al planeta entero con su Imperio, su idioma, su armada y su flota mercante, sus bancos, su moneda y su desplante. Pero todo eso es cosa del pasado y Europa parece que aprendió: solos ya no podemos. ¿Lo aprendieron los británicos?

Porque Europa es otra y el Imperio se diluyó, aun conservando sus tentáculos financieros intocados, ignotos a los ojos de muchos. Y saltan dos temas ineludibles: saber de qué proviene esa necesidad de Cameron por someter a votación el todo. Ya sea la unión anglo-escocesa o la pertenencia a la UE, a la que tanto insistieron en pertenecer. Esta vez su desgaste político asoma, como es natural, por coger todas las banderas que le plantean los opositores. ¿Qué sigue consultar? ¿si el principito Jorge debe suceder en vida a la nonagenaria bisabuela, brincándose al Príncipe de Gales y a su augusto padre, el Duque de Cambridge? Desconciertan los británicos al más plantado. El otro asunto es saber si Cameron debe seguir al frente del país, ganara o no su apuesta de permanecer en la UE.

Ahora, que consultar o salirse de la UE no tiene precedentes. Las consecuencias económicas son insondables. No hay hojas de ruta, comprometiendo profundamente el futuro de la UE, necesitada de replanteamientos, siempre tensa y cuestionada, siempre Bruselas a menos y a dos velocidades, hoy a remolque del mundo y con Putin enfrente. Una profesora española me comentó hace años que conservaron las garitas fronterizas entre España y Portugal como recordatorio de que existieron y por si el día menos pensado pudieran necesitarse de nuevo. Ya vimos las orejas al lobo. Es obligado replantearse el tema de la unidad europea, que percibimos abocada al gran capital, solo disfrazándose muchas veces de pasaporte único o bandera común. Hay temas elogiables y otros muchos necesarios de ser atendidos y no lo están. La moraleja debe mover a definir qué se quiere. Ya se sabe de dónde se viene, solo resta fijar rumbo. ¿La UE nunca ha justipreciado adecuadamente las contribuciones al sentido de europeísmo de la siempre odiada y admirada Gran Bretaña, avaladas por centurias? Y luego queda esta pregunta: quién gana, cuáles potencias serán beneficiarias con semejante salida, según anticipan los resultados preliminares….

El nerviosismo por el resultado parecía controlado y sin un final cardiaco. Ya no más. Días antes, los británicos se entregaron a celebrar a su nonagenaria reina como si nada, sin estremecimientos o inquietudes (pese al rumor de que la monarca avala abandonar la UE), sin mostrar altibajos la bolsa, sin sobresaltos la moneda. Hoy vemos el desplome de la libra esterlina y un océano de incertidumbre. Se está yendo al garete “el espíritu de la Nueva Europa” y la casa común europea. La hipotética salida deja verdadera y elocuente advertencia.

Mi amiga internacionalista Karla Allende López, residente en el Reino Unido, expresa “Cameron tomó una decisión no correcta respecto a salirse de la UE. Si se saliera habría una gran recesión. Muchas empresas europeas (vgr. francesas o alemanas) dejarían de invertir. Afectaría mucho a empresas pequeñas y grandes que importan de otros países europeos. En cuanto a la sanidad (NHS) dañaría también, porque dicen que después sería privada y es algo que perjudicaría mucho a la economía. Desgraciadamente los ingleses no quieren hacer muchos trabajos que hay aquí y son los europeos u otros inmigrantes los que hacen esas labores, afectando (negativamente) este cambio. Muchos ingleses tienen la idea de que los europeos que llegamos a este país venimos para que el gobierno nos de y nos mantenga, pero no es así. Desconocen las reglas complejas para obtener los apoyos y creen que al salirse de la UE, ahora ellos recibirán toda la ayuda.”

Una estudiante mexicana situada en Bristol, Arantxa Franco Velázquez, me comenta: “(oí) a la mayoría que estaba en contra de seguir en la Unión Europea. Cuando empezaron a preguntar si habían votado, la mayoría de ellos ni siquiera se registraron para votar. Lo que yo noto es una gran indiferencia hacia lo que conlleva estar dentro o fuera. Muchos europeos que residen en Bristol, gran parte españoles, sí mostraban una gran preocupación por los resultados, ya sea que pudieran votar o no”.

El principal mercado del Reino Unido en solitario es los Estados Unidos, no Australia o Nueva Zelanda, engullidas por la zona yen hace décadas. Pertenecer a la UE le ha representado la ventaja de embonar y coparticipar de decisiones europeas, defendiendo su postura. Quisieran más británica a la Unión, pero Europa continental no está por la labor. La gran perdedora de salirse sería Irlanda, tan dependiente y para México es una muy mala noticia. Con un futuro sombrío, con un “sí” muy apretado, permanece la duda de la conveniencia, ampliada a otros miembros de la UE que ya se plantean una consulta.

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