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DESDE ULTRAMAR

España: nueva oportunidad ¿para?

lunes 27 de junio de 2016, 10:03h

“¡Ante los resultados media España se pone de pie, conteniendo el aliento!”. Pues no…quisiera que fuera esa la crónica, el tono de frenesí, cual si narrara una carrera hípica de esas llamadas parejeras, donde los caballos van nariz con nariz, belfos desbocados, a trote veloz, encarrerados de una manera endiablada –producto de azuzar febrilmente los cuacos por meses, preparándolos para tan feroz contienda– y claro, que al final se hubiera cumplido ese ejemplificador dicho mexicano que, aplicado en temporada de elecciones, con su infinita sabiduría popular, reza diciendo: “caballo que alcanza, gana”. Pero me temo que no podrá ser. Si bien es verdad que parece que habrá continuidad, cierto es que entiendo que tras la jornada electoral y luego de la polvareda levantada, se dibuja un escenario similar al de diciembre pasado, nada sorpresivo, porque ya estaba cantado. Las elecciones las ha ganado el Partido Popular y de nuevo los pactos a la vista…o de nuevo su freno y anquilosamiento.

Mariano Rajoy podría ser jefe de gobierno nuevamente, si consigue pactar, si sus contrapartes tuvieran altura de miras. No dejan de ser cruciales estas elecciones porque definieron tres cosas: a) si España se juega aventuras o prefiere de momento, certezas; b) si de verdad los nuevos partidos parecen ser lo que afirman; y c) si en verdad los españoles han valorado el desempeño y el talante de todos los actores políticos durante estos meses de espera.

Y estoy cierto que las tres cosas han sucedido y además, no me cabe la menor duda de que la han jugado bien esa carta del 26 de junio, porque los votantes llaman a pactar, llaman a ser cautos y desestimo que el brexit influyera, porque no se estaba debatiendo el tema. Que desde luego hay problemas, que acaso la casta del PP no es la mejor, que a Bruselas se le reclaman con justicia muchas cosas y hay críticas severas y justas, pero el avance del PP lo mismo advierte mejora de la percepción de su actitud y discurso (no entro en detalle de sus procederes gobernando) que acusa errores de sus contrincantes. Ha sido especialmente llamativo el reproche de Sánchez a Iglesias la noche electoral, porque denota una izquierda dividida y egos incontrolados que la dañan.

Este triunfo me dice tres cosas: una apuesta audaz a la derecha, pero que consolida a Podemos, sí, pero no le concede el triunfo directo, aún; no hay voltereta electoral, mas se ahorra aventuras innecesarias y supone una postergación a Podemos, cuyo triunfo, acaso, jamás suceda, porque Iglesias debe saber muy bien que los tiempos políticos cambian y a veces el tuyo pasa. Su desgaste político llegará y su partido no avanzó. Y en tercer término, está el hecho de que cambie la realidad que lo justifica a Iglesias en la arena política, que será labor obligada y lógica de sus adversarios políticos, más que de él. Y es posible que aquellos no hagan nada y la realidad persista y así mantengan vigente a Iglesias, pero de cualquier forma, los tiempos políticos de uno, pasan de uno. Reitero: en el exterior muchos no lo miramos a Iglesias con tablas para gobernar y el pasado debate nos lo confirmó. Y si a Iglesias no, a Errejón, menos.

El refrendado presidente de gobierno en apariencia resultante de las urnas, parece que obtendrá los votos de investidura necesarios, siempre que no campee la mezquindad y prime la altura de miras y los intereses de España, antes que los facciosos; siempre que los partidos políticos representados en las Cortes Generales asuman su responsabilidad, acepten el atronador resultado de las urnas, que quien ganó este domingo 26 de junio sea generoso y esté dispuesto a negociar, ergo a dar concesiones donde quepa hacerlas y en medio de la insalvable corresponsabilidad a que se deben todos entre actores políticos y ellos con los ciudadanos de a pie, o sea que todos se responsabilicen sin ambages ni corta pisas del alto compromiso y la ineludible obligación de preservar la estabilidad en todos los órdenes que busca, merece, requiere y urge España toda. Separatismos incluidos.

Rajoy no puede gobernar más como hasta ahora, sin oír razones, desechando argumentos, plegándose a un discurso apeado a Bruselas y encorsetado de una forma tal, que lo torna no inquebrantable, sino obcecado e inamovible. Y tolerando la corrupción que la gente reclama. No está recibiendo un cheque en blanco y los populares requieren admitirlo, porque otros 4 años así no los aguanta ni Dios. Pero es que las otras partes también deben admitir lo que sí procede hacer y en efecto, defender sus posturas donde quepa y reconocer ahí donde, al menos de momento, no podrán hacer su santa voluntad. Estar a la altura, le llama el vulgo. Lo que no conviene y es preciso decirlo, es enrarecer más un ambiente político de suyo tan caldeado, que se ha vuelto a los ojos del exterior como una suerte de diálogo de sordos, que no abona a la estabilidad y a la paz social que merecen los españoles. La espera prolongada sí puede afectar a España en el exterior.

Desde luego que si al final queda investido Rajoy, todas las demás fuerzas políticas han de replegarse a rumiar en qué fallaron para conseguir el triunfo, buscar responsables dentro de sus filas y asumir consecuencias. Sería lo más lógico, aunque cueste Dios y ayuda reflexionar y hacer introspección. ¿Por qué ganó Rajoy? Desde luego no por guapo. Adelanto una respuesta: porque España no está para aventuras. No veo en la oposición un liderazgo maduro y a decir verdad, tampoco en el PP si no es Rajoy. O sea ¿está cañón el asunto? Sí. Se apostó a esperar. Desde afuera no es que se visualice una España detenida, políticamente anquilosada ni mucho menos, de momento, solo pareciera que es cosa de darse su tiempo para acomodar las piezas y tener un robusto presidente de gobierno, si es que aún resta por construirlo, si lo que hay con convence. Pero la incertidumbre, reitero, no es positiva y mucho menos prolongarla como ha venido pasando desde diciembre.

Las cifras de participación son bajas. Nunca es buena señal. Una elección implica jugarse mucho en condiciones como las que pasa España. Apremia discernir su importancia entre un natural hartazgo, un agobio o una estilodez ante lo político importante. Y no, no es una manera de simplificar ni de idealizar a la sociedad en su conjunto. Como sea, los electores españoles han tenido una oportunidad peculiar que rara vez se ve en las democracias: una suerte de ensayo, de curso propedéutico de 6 meses calando a los actores políticos, cazando sus dichos con sus acciones, entre el haremos y el hacemos, jugando abiertamente sus cartas, mostrando de qué pasta están hechos entre diciembre y junio, entre dos elecciones. ¿Qué el PP no acabó de convencer? Los otros tampoco. A espadazos parejos. Lo deseable será tirar pa`lante y ver por el bienestar de España.

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