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CRÍTICA DE ÓPERA

I Puritani, la gran locura de amar

I Puritani, la gran locura de amar
martes 05 de julio de 2016, 14:24h

El Teatro Real ha estrenado este lunes, en la recta final de la presente temporada, la ópera de Vincenzo Bellini, I Puritani, con un magnífico elenco de intérpretes que se han llevado la clamorosa ovación final del público madrileño, que tampoco ha dudado en premiar merecidamente a los intérpretes durante el transcurso de la obra.

Un público, el de la noche de estreno, que durante tres horas asistió “hipnotizado” a la soberbia obra que Bellini compuso especialmente para su debut en la exigente “arena” de París, cita ineludible para los compositores de la época con independencia de su nacionalidad o del reconocimiento que ya tuvieran en otras plazas del mundo. Fue su gran reto, por desgracia también su última obra – el compositor siciliano murió ocho meses después de su estreno parisino – y salió a hombros por la puerta grande. Su triunfo fue tal, que el propio compositor escribió a su amigo Francesco Florino para contarle lo que ocurrió la noche del estreno el 24 de enero de 1835 en el Thèatre Italien de París: “Los franceses se volvieron locos; hubo tal ruido y tales gritos que ellos mismos se sorprendieron por haberse dejado llevar hasta tal punto”. Bellini no solo había logrado cumplir el sueño de estrenar en Paris, también había conseguido meterse al “especial” público local en el bolsillo. Los había hipnotizado gracias a una partitura cuyas notas – así lo describía el director de escena de esta nueva producción del Real, Emilio Sagi, tienen una poderosa fuerza hipnótica. Una partitura visionaria, que lleva el romanticismo al extremo.


Un melodrama italiano que cuenta con todos los ingredientes del romanticismo, pero hecho al gusto de los franceses. Un gusto al que, por otra parte, todos los compositores habían de plegarse si no querían salir escaldados de Francia. Y aunque el compositor de Catania tardara un tiempo inusual para aquella época en componer la obra – aproximadamente 9 meses de gestación hasta el parto -, tenía muy claro a donde se dirigía, a qué lugar tenía que llevar al público para que, igual que anoche en Madrid, el respetable se entregara sin distracciones de ningún tipo a lo que acaecía sobre el escenario. A que sufriera con la locura de Elvira, entendiera el acto de coraje suicida de un caballero que pone en peligro su amor y su propia vida para salvar a la reina, se revolviera con las artimañas de Riccardo para quitarse de en medio a su rival Arturo y a padecer el pesar de un padre que asiste impotente al deterioro mental de su única hija.

En la producción estrenada en Madrid este 4 de julio – podrán verse 10 funciones de la misma hasta el próximo día 24 – sus responsables tenían también algo muy claro. Emilio Sagi, encargado de la dirección de escena y que tan bien conoce al público del Real, sabía que la fuerza de esta genial obra no iba a encontrarla en el libreto escrito por Carlo Pepoli. Para el veterano director de escena, el libreto basado en la novela Old Mortality del escritor inglés Walter Scott no profundiza en el trasfondo social ni en el perfil psicológico de los personajes y requiere por tanto de una gran interpretación actoral de las intensas emociones que experimenta cada personaje de esta historia de amor en tiempos de guerra. Cualquier emoción, elevada a su máximo exponente. Se trate de éxtasis amoroso, deseo sexual, celos, rivalidad, desesperación o locura. En definitiva, I Puritani requiere grandes voces para enfrentarse a las dificultades de la pirotecnia belcantista de Bellini, rey de la melodía, pero con dotes actorales para otorgar a la trama la intensidad que no tiene el libreto.


Y el resultado de esta producción demuestra que nada sobra en su interpretación. Los cuatro protagonistas demuestran el perfecto equilibrio entre la voz y una actuación que consigue llevar al público a la Inglaterra de mediados del siglo XVII, a esa playa boscosa de Plymouth donde los soldados puritanos de Cronwell se reúnen para defenderse del ataque de las tropas realistas de los Estuardo. El coronel puritano Riccardo Forth, exquisito en la interpretación que del personaje realiza el barítono marsellés Ludovic Tezier, nos convence de su tremenda decepción porque finalmente sir Giorgio Valton – en cuya piel se mete el bajo-barítono parisino Nicolas Testé con gran acierto – haya convencido al padre de Elvira para que permita a su hija casarse con el hombre que ama, Arturo, en vez de con él. Igual que Elvira, una magnifica Diana Damrau, impresiona primero con su candidez y, más tarde, con su absoluta locura de amor, sus desvaríos de novia abandonada en el altar que pierde por completo el juicio ante tanto dolor y sus dudas, cuando por fin se produce el reencuentro con Arturo. Un Arturo, que en manos de Javier Camarena deslumbra llegando a rozar el bis, emociona con su gesto heroico, conmueve con su amor y hasta provoca lágrimas a través de las suyas propias.

Por eso, en la velada del estreno de esta última ópera escenificada de la presente temporada – en versión concierto aun nos espera I due Foscari con Plácido Domingo -, triunfaron sobre todo los intérpretes, que regalaron al público del teatro de la Plaza de Oriente una de esas noches que no pasan al olvido después de caer el telón. Diez minutos de aplausos en el estreno con el primer reparto, son solo el augurio de más ovaciones, más aplausos, más público en pie premiando a la obra. A sus dos elencos, el segundo encabezado por Celso Albelo y Venera Gimadieva, al Coro Titular del Teatro Real y al maestro italiano Evelinó Pidò, al frente de la Orquesta Titular del Teatro Real. También, por supuesto, a Emilio Sagi, por su bien entendida puesta en escena, que incluye la escenografía incolora de efectista iluminación firmada por Daniel Bianco.


Imágenes: @ TMS Patricio Melo

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