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La lidia de España

viernes 08 de julio de 2016, 20:05h
Te están toreando, España, y no quieres darte cuenta de la encerrona patriótica infame que se está volviendo a cocer a fuego lento en el horno crematorio del ruedo ibérico. Con tanto tarado como anda suelto, ladrando y sin bozal, no se puede andar de viaje por la Alcarria haciendo alarde de nobleza y mansedumbre. Cualquier día te vas a llevar un disgusto muy gordo, ya te lo digo yo, porque te están perdiendo el respeto y terminarán tratándote con el mismo desprecio que a un cabestro castrado, pensando que sólo sirves para conducir a los toros de lidia en el camino de vuelta a los corrales.
Al tiempo, los partisanos de Jodemos, visto que no tienen futuro como ejército regular, volverán a echarse a las calles, enarbolando la hoz y el martillo, para movilizar a la piojera electoral y convocarla de nuevo a la siega; y el nacionalismo transgénico, lleno de garrulos, vividores y trincones, volverá a entonar la canción de la Catalonia desposeída y la Vasconia irredenta, en un intento de seguir viviendo del cuento.

Resulta que en el edificio del platillo volante del Constitucional sus señorías han decretado la anulación de las estructuras de Estado que está tratando de montar la Generalidad; pero la vocera del Govern ya ha dejado dicho en clave testicular que van a seguir haciendo lo que les salga de los collons. Así que como Mariano no se ande con tiento, sucederá lo que tantas otras veces, salvo que Rajoy caiga en la cuenta de una puñetera vez, que ya va siendo mayorcito, de que gobernar consiste en hacer política y no únicamente en llevar la contabilidad de la comunidad de vecinos y pasarnos las derramas.

El simple hecho de que pueda haber alguien en el SOE, que lo hay (además de Iceta el bailarín y la compañera Armengol que manda en Baleares), que se plantee la posibilidad de que Pedrooo, el tronista de Supervivientes, pueda volver a postularse para La Moncloa si MR no consigue sacar adelante su investidura, es como para echar a correr, de puro descojone. Aunque mejor tomárselo a guasa, como el presidente de Aragón Javier Lambán, socialista como la susodicha, pero con un poco más de sesera, que atribuye a la tramontana la alteración de la mente que ha sufrido la tal Francina, que rima con encina, cuestión de bellotas y de pelotas. Es escuchar las explicaciones que suele dar el tal Oscar López, que está llamado a ser la nueva imagen de Calvin Klein, y me salen sarpullidos, compadre. En su próxima tribuna en El País de Janli Cebrián, Felipe debería proponer una Rapa das vestas, como en Sabucedo, antes de que estos pobres muchachos y muchachas que tienen el chiringuito montado en Ferraz y en las baronías terminen de cargarse el partido cuando ya no tenga remedio ni el PSOE ni España.

La que no necesita un partido para hacer el mongui, porque el partido es ella, como Luis XIV, L’État, c’est moi, es la Spice Girl Manuela Carmena, Lulù Cést Moi. Pero que nadie se venga a engaño a cuenta de sus frivolidades, relativizando el peligro que tiene la abuela, porque las extravagancias de la alcaldesa de Madrid no son meras excentricidades inofensivas de una adolescente de culo inquieto que en las edades postreras de la pubertad ha encontrado en Cibeles una excusa para matar su aburrimiento, como los berberechos. Su sucesión de ocurrencias delirantes, propias de cualquier secta castrista y bolivariana, tienen más que ver con eso que ahora se llama operaciones de ingeniería social, que de cagadas pintorescas de munícipes inexpertos aparentemente llenos de buenas intenciones, que van de parida en parida.

Esta señora, que hubiera dado cualquier cosa por haber podido bañarse en la fuente merengue como Anita Ekberg en la Fontana de Trevi de La dolce vita de Fellini, ahora se propone crear brigadas de ‘policía comunitaria’, o sea, ‘soviets de barrio’, comités de defensa de la revolución, paralelos a la Policía Local, dependientes del correspondiente comisario político. Cualquiera diría que un día la señora ejerció la judicatura. Y no teniendo bastante con el cante, también ha dado su visto bueno al ‘día sin bañadores’ en las piscinas municipales, para que todo aquel que quiera darse el capricho pueda bañarse en bolas o flor de loto, según el caso, mientras los de Bildu dictan un bando en Pamplona para erradicar el manoseo a las damiselas que van mamadas y se dejan tocar las mamellas. Si la portavoz Rita Maestre, se anima a cortar la cinta como la parió su señora madre, tal y como le propone el Diario de Arousa, que no es precisamente el New York Times, este cronista no va a poder evitar la tentación de presentarse en la piscina a contemplar las hechuras de la musa jodemita, aunque tenga que engastarme el gorro de goma con flores que se ponía mi madre en los tiempos de Cuéntame, o taparme las partes pudendas, exuberantes como el pene de Príamo, con un tricornio de la Guardia Civil o con la hoja de parra que se agenció Adán como taparrabos, tras el altercado que tuvo con la serpiente en el Paraíso por culpa de Eva, a cuenta de la manzana de las Hespérides de Hércules. La cuestión no es si los madrileños pueden viajar en Metro con sus perros, sino quién de ambos tiene que llevar puesto el bozal y la cadena al cuello.

Veinte años hace de la clonación de la oveja Dolly y parece que fue ayer. Desde entonces los borregos y las borregas, como diría uno de estos modernos que han tomado al asalto los cielos del escaparate púbico, no han dejado de reproducirse como los conejos cimarrones que asolan Australia. No te quepa duda que vienen a por nosotros, con los ojos idos, fuera de sí, reventones como los de un sapo, como Jack Nicholson en El resplandor de Kubrick, mientras las ratas que alentaron el Brexit de los cojones salen huyendo por los desagües de las alcantarillas, que en Sevilla han precintado con espada trapo no vaya a ser que le aparezca a Obama, sin previo aviso, un tarugo, a los pies de la tumba de Cristóbal Colón, y el presidente negro de la Casa Blanca se lleve un soponcio, Dios no lo quiera, de un susto, en pleno golpe de calor, pues al pobre le espera tal chicharrera, que si un servidor fuera él cancelaba todos los actos y me bañaba con Los del Río, con La Macarena y con Susana a orillas del Guadalquivir, por supuesto en pelotas, según el gusto de Carmena, a la que miedo tiene que dar verla in puribus, o sea.

Puedo entender que Paco Martínez Soria tuviera carné de anarquista de la CNT. Lo que cuesta aceptar es el daño que está haciendo el Whatsapp a la Humanidad.

José Antonio Ruiz, periodista
Email: [email protected]

José Antonio Ruiz

Periodista

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