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ENSAYO

Ricardo Moreno Castillo: La conjura de los ignorantes

domingo 10 de julio de 2016, 16:31h
Ricardo Moreno Castillo: La conjura de los ignorantes

Prólogo de Arcadi Espada. Pasos Perdidos. Madrid, 2016. 198 páginas. 16,90 €.

Por José Antonio González Soriano

La conjura de los ignorantes. De cómo los pedagogos han destruido la enseñanza es un título obvio para un libro que también lo es. Sus intenciones son diáfanas: deslegitimar sistemáticamente el discurso reformador del sistema educativo que la LOGSE (Ley de Ordenación general del Sistema Educativo, 1990) en su día implementó por medio de justificaciones teóricas elaboradas en los gabinetes de los expertos en “ciencias de la educación”. De hecho, este ha sido un tópico habitualmente extendido en los claustros de los centros educativos: desautorizar los discursos sobre metodología educativa porque sus autores son personas que no están en contacto con la realidad diaria de las aulas (de primaria y secundaria, particularmente). Como ocurre con cualquier otro tópico, en éste se mezclan probablemente elementos verídicos y falsos: nadie ha hecho estadísticas (que sepamos) sobre qué porcentaje de los autores de discursos pedagógicos poseen experiencia verificable en las aulas, frente al alumnado de “carne y hueso”.

Pero el libro se instala fácilmente en el tópico para desplegar desde él su contribución al perenne debate sobre qué actitud (ideológica) debe primar a la hora de diseñar el ordenamiento general del sistema educativo público: la apelación a las virtudes técnicas de las estructuras educativas, la apelación al esfuerzo (en especial del alumnado) o la apelación a la responsabilidad (de todos los participantes en el proceso, pero sobre todo, cómo no, del alumnado, verdadero protagonista central de toda esta constelación). Por supuesto, el debate ideológico tiene una plasmación política y legislativa: la LOGSE (“invento” del Gobierno del PSOE) está siendo desplazada implacablemente por la LOMCE (“invento” del Gobierno del PP).

Esta última ha tomado como enseña conferir máxima importancia a la cuestión del esfuerzo, como si de un fin en sí mismo se tratara. El autor toma partido básicamente por esta vía (vía pro-LOMCE), si bien su enfoque tiende a subrayar especialmente al tema de la responsabilidad: “La labor fundamental de la escuela es formar personas responsables, y una persona responsable es, precisamente, la que responde […] Y si un muchacho (sic) no entiende que el principal responsable de su éxito escolar es él mismo, nunca se convertirá en una persona madura”.

Más allá de la compleja polivalencia de las ideas que se confrontan en este debate, el estilo y la temática de este libro (de carácter elementalmente divulgativo), presentan un nivel muy pedestre, dedicado a un premioso ejercicio de descalificación, ridiculización y despliegue de exabruptos sobre una cuidada selección de textos pedagógicos LOGSE destacables por su falta de consistencia. El autor explota a lo largo de todo el volumen la comparación entre el ejercicio docente y el ejercicio de la medicina (sin que al lector se le procure hacer ver la pertinencia de dicha comparación), y recurre sistemáticamente a exponer ejemplos sacados del magisterio de las Matemáticas, en los que se resalta el presunto carácter acumulativo y linealmente progresivo de esta disciplina.

Con este dudoso instrumental, Moreno Castillo trata de afianzar sus elementales tesis sobre el deterioro continuo de la enseñanza pública en nuestro país. Como remedio, propone ante todo la apuesta por el sentido común de los docentes, y la confianza en su profesionalidad, así como el reforzamiento de su autoridad, que en la actualidad palidece por causas ideológicas y culturales de difícil diagnóstico (y de las que el autor no ofrece ningún análisis).

El libro sirve por tanto a un propósito muy definido, y ajusta su contenido al mismo con precisión milimétrica. En cualquier caso, mantiene a través de su uniforme afán polémico una clara afirmación de la escuela pública y sus valores. Ese posicionamiento nunca estará de más, sea cual sea nuestra valoración de los problemas inherentes a la función más importante que cualquier sociedad tiene encomendada: la educación.

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