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EEUU: ni armas ni locura; es una guerra civil

Carlos Ramírez
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carlosramirezhhotmailcom/14/14/22
lunes 11 de julio de 2016, 20:07h

Del lado de América se tiene una frase muy ilustrativa: las armas las carga el diablo pero las disparan los tontos. Los recientes casos de tiroteos en los EE.UU. ponen en el debate el tema de las armas, pero no su disponibilidad por la segunda enmienda constitucional para el derecho a poseerlas sino por dos datos que alcanzan ya proporciones alarmantes: el alto grado de inestabilidad emocional de los estadunidenses en situaciones de ruptura violenta y el estado social de guerra que permite la existencia del imperio pero que construye un inconciente interno bélico.

La agresión criminal contra policías en Dallas la pasada noche del jueves 7 de julio aportó los dos componentes: un exmilitar que peleó en la guerra de Irak convirtió las calles de esa ciudad en territorio de guerra con armas de guerra. De todos los diarios estadunidenses, sólo el New York Post captó la esencia del conflicto y tituló a toda su portada un concepto aterrador: “Guerra Civil”, una categoría política que podría ilustrar el ambiente social quebrado en los EE.UU. que ayudaría a entender el escenario electoral de guerra interna que ha potenciado la candidatura republicana de Donald Trump pero también con la reactivación del racismo.

Apenas en 1993 --en reflexiones políticas los tiempos largos son cortos-- el ensayista alemán Hans Magnus Enzensberger había publicado un breve análisis de la situación social en el mundo: Perspectivas de guerra civil, circulado en 1994 por Anagrama. Ahí desarrolló la tesis de “guerras civiles moleculares”, pequeños conflictos sociales en relaciones humanas específicas. Y puso como ejemplo los casos de motines raciales en los EE.UU. y los enfrentamientos entre pandillas por el control de territorios. “La guerra civil no procede de fuera, no es un virus importado; se trata de un proceso endógeno”. Y ya no pasa por las ideologías: las razas, el terrorismo, el odio, la guerrilla potencia la violencia por sí misma, a veces para refrendar la existencia.

Los EE.UU. atraviesan por un proceso de desarticulación social interna. La distribución poblacional por origen foráneo ha disminuido la dominación de la población wasp --iniciales en español de blanca, anglo, sajona y protestante-- y ha provocado situaciones extremas como las de Trump contra hispanos, islamitas y otras minorías, además de la multiplicación de milicias armadas legalmente para cazar migrantes hispanos en el territorio de Arizona, paradójicamente arrancado a los indios en el siglo XIX.

La violencia interna estallada en Orlando, Dallas y Minnesota y la justificación racial y sexual ha encontrado un ambiente de descomposición en la integración social de los EE.UU. Lo paradójico ha sido el hecho de que el asesinato de policías por un francotirador negro excombatiente en Irak --es decir: con entrenamiento gubernamental para matar-- tuvo la motivación en el asesinato de un joven negro en Minnesota por un policía, escenas grabadas y difundidas en las redes para significar un acto criminal de represión. Y es paradójico por el hecho de que ocurrió durante el gobierno de ocho años del primer presidente negro en los EE.UU. que implicó un salto cualitativo en la crisis racial en un país que se construyó por la esclavitud de los negros y pasó por violencia en los sesenta para lograr la igualdad.

Y en esos casos simbólicos de locura social, el primer presidente negro podría verse obligado a entregar el poder --la democracia es la democracia-- a un sucesor racista como Trump, si es que gana las elecciones sólo por su discurso de exclusión de razas. A lo largo de ocho años, Obama se dedicó a administrar el poder de las clases dominantes, nada hizo a favor de las minorías de color y fracasó en su compromiso electoral de una reforma migratoria. En los últimos tres años ha habido denuncias graves de minorías agredidas por la policía y situaciones de insubordinación policiaca por la falta de garantías para su trabajo.

Ciertamente que el caso de Dallas es de referencias extremas pero logra dibujar los tres elementos de la violencia criminal social: acceso a armas, entrenamiento bélico imperial e inestabilidad emocional. El tema de las armas fue otro fracaso de Obama porque quiso eludir el principal punto del tema: la industria bélica forma parte del complejo militar-industrial-financiero que controla el sistema nervioso del capitalismo estadunidense. El principal contrabandista de armas es el gobierno de los EE.UU. y las armas estadunidenses van a dar a manos de minorías en otros países. La correlación entre la invasión a Irak, Afganistán y Vietnam con la violencia dentro del territorio estadunidense es bastante obvia: la defensa del american way of life o modo de vida estadunidense.

Las crisis de violencia interna en los EE.UU. encasilladas en el concepto de “guerras civiles moleculares” han llegado a un nivel preocupante: es una violencia sin ideología, sin objetivos. Por eso son guerras civiles: todos contra todos --antes de Hobbes-- y peor si de pronto se enfilan los actos de violencia contra las instituciones del Estado como es la policía.

Lo malo es que el aparato de poder estadunidense lamenta siempre la violencia interna, llora a sus muertos y lanza iniciativas políticas destinadas al fracaso. Los EE.UU. se construyeron sobre la violencia expropiatoria en el siglo XIX --lo mismo los indios llamados pieles rojas que la apropiación de la mitad del territorio mexicano-- y lo hicieron con las armas. La guerra civil del siglo XIX no resolvió las contradicciones raciales. Y los derechos civiles en los sesenta sentaron las bases de una igualdad que no ha sido consolidada.

Los EE.UU. viven la contradicción entre una sociedad civilizada y una sociedad violenta. Y las matanzas en su territorio seguirán en tanto haya guerras imperiales cuyo sentido psicológico se reproduce internamente.

indicadorpolitico.mx

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@carlosramirezh

Carlos Ramírez

Maestro en Ciencias Políticas

Periodista, Maestro en Ciencias Políticas, columnista político desde 1990, director del Centro de Estudios Políticos y de Seguridad Nacional S.C., director del portal indicadorpolitico.mx

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