www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

DESDE ULTRAMAR

Paseo museístico por Ciudad de México

jueves 14 de julio de 2016, 20:08h

Como sabemos, ya no se dice “México, D.F.” sino solo “Ciudad de México”, cuando nos referimos a la capital mexicana, atendiendo a la reforma constitucional de 2016; abreviada como CDMX para fines gubernamentales de propaganda barata y turísticos más loables. Las cuatro letritas pululan en sitios emblemáticos de la metrópolis, muy al gusto de los lugareños y de los múltiples viajeros que nos visitan. Y como ya se hizo costumbre, cada año le cuento en este su espacio dentro de El Imparcial, un poquito de la oferta museística de la Ciudad de México, cuando transcurre este lluvioso verano tropical que la caracteriza, fenomenal y variado en su catálogo de exposiciones que abonan a un intervalo, entretiempo si se prefiere, de ocio y cultura. Que no todo es Frida y Diego, dicho sea.

Seguimos apostando por la cultura y por el arte en sus diversas manifestaciones y eso merece aplaudirse. España participa con dos muestreos. Siga leyendo.

Ya recorrí, por eso se lo cuento. Además del Museo del chocolate, venimos de un invierno en que disfrutamos de una excelente muestra de arte africano proveniente del Congo francés y de la escuela holandesa en San Carlos, junto con una superior colección de moda mexicana en el Palacio de Iturbide y la provocadora expo de Boris Viskin, que incluye una esvástica dentro de una estrella de David. Figúrese el discurso asaz incitador del artista mexicano de origen judío. Ahora nos regodeamos con la provocadora creación de Anish Kapoor, que con sus espejos alucinantes y las desmesuradas formas clamando un grito en una suerte de silencio artístico y evocador, embargan nuestros sentidos subyugándolos, bajo el acicate de tratarse del indio mundialmente famoso por The Bean, la monumental escultura colocada en el Parque del Milenio, en Chicago, que, claro, no nos trajo.

La fotógrafa Annie Leivobitz incluyó Ciudad de México en su gira mundial presentando la evolución de la mujer. Nos obsequia su arte plasmado en tomas que despliegan su luz y su llamativo dominio del encuadre captando esencias. En tanto, el Museo Nacional de Historia, conocido como Castillo de Chapultepec, expone la historia azarosa del Himno Nacional Mexicano, siguiendo la pista del tortuoso camino para alcanzar un canto patrio, pues varias veces estuvo a punto de naufragar. Ya sabe usted que su música la compuso el español de origen catalán Jaime Nunó, pero no lo diga en voz alta, no sea que nos oiga Artur Mas y quiera embargarlo para tocarlo en exclusiva en el Liceo de Barcelona.

Si el controvertido alcalde de la capital mexicana ha inaugurado la megamaqueta de la urbe, que es un agasajo arquitectónico de filigrana, pese a su escandaloso costo, el Museo Soumaya presenta en su sede central un compendio pictórico de Venecia y la más reciente adquisición: una “Puerta del Infierno” de Rodin, con filas hasta la calle para admirarla. En su sede de Loreto expone una razonable y rica colección escultórica de Salvador Dalí, que incluye una portentosa estatua de la fama que me embelesó y un muestrario de caracoles, cajoneras incrustadas y pulgares surrealistas, verdaderamente de órdago.

Los infantes no se quedan fuera de la oferta museal. El Museo Tamayo, cuya terraza es magnífica para beber el aperitivo, mientras se contempla a las ardillas grises que deambulan entre la floresta del bosque de Chapultepec, suma a sus prados aledaños a figuras que serán permanentes de los llamados “Jardines de Noguchi”, la peculiar labor del escultor nipón-estadounidense de posguerra, que se añaden al acervo del afamado recinto. Son muy vistosas y originales. Brasil desembarca en el Museo Nacional de Arte y nos invita a conocer una interesante retrospectiva de formas locales, que guardan sublimes e increíbles y muy reconocibles paralelismos con el arte mexicano de entreguerras y posterior, incidiendo en las propuestas más reclamantes y reivindicadoras de la identidad propia de los artistas plásticos brasileños. Una solaz ocasión.

España llega con dos montajes, diametralmente diferentes. Balenciaga es honrado en el Museo de Arte Moderno. La obra del modisto español de origen vasco es muy llamativa, explicando sus aportaciones a la moda. Incluye bocetos, película y ejemplares de telas desafiantes, con sus portes y sus aportes abarcando desde sombreros hasta abrigos, vestidos de novia y suaves drapeados y coloridos conjuntos que van de lizos a estampados. Puro arte osado que plasmó en audaces diseños, revolucionarias aplicaciones, todo delineado con ingenio desbordado apoyándose en la tijera y la tiza, el alfiletero, la costura y el aditamento idóneo para aderezar sus mejores galas. Un hombre aplomado que compraba la competencia para desbaratar la pieza adquirida y comprender así al detalle la técnica empleada, merece toda nuestra atención y la obtiene sin reparo alguno. Al terminar el recorrido uno sale deseando encontrar un Balenciaga en el primer escaparate que se le atraviese, agenciándoselo.

Y cerramos con la joya de la corona: el tesoro tras de la historia del hundimiento británico de la fragata “Mercedes”, que confrontó a España y a los Estados Unidos por su posesión. Lo han traído todo: desde los retratos de los tripulantes hasta las monedas, de una desbocada atracción tratándose de ejemplares con dos siglos bajo el mar. Es una exposición de arqueología subacuática membretada con la distribución propia del magnífico Museo Naval de Madrid, que junto con el de Cartagena, es uno de sus principales valedores. Es francamente estimulante recorrerla. Cartelas adecuadas, videos bien plantados, piezas de inestimable valor y el caudal expuesto, una delicia para la numismática, dan buena cuenta del drama sufrido, la perdida registrada, la codicia manifiesta y la justicia expresada en la sentencia que se incluye en la magna presentación, situada en la sala de temporales del Museo Nacional de Antropología.

Cuando uno atraviesa la expo, casi vagabundeando entre objetos de siglos pasados, es imposible no admirar las armas, los uniformes de guardiamarina, extasiarse con palabras perdidas y en los textos poseedores de sellos lacrados y firuletes navieros de rica hechura. Es una oportunidad única de acercarnos a un pecio de tal significación e importancia en el mundo de los cazatesoros, cuando enfrentan a la ley al carecer de mejores credenciales para poseer semejante patrimonio.

Así, queda usted cordialmente invitado a recorrer esta gama cultural inigualable, disfrutándola. Ciudad de México va imparable y lo espera ansiosa.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (1)    No(0)

+

0 comentarios