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DESDE ULTRAMAR

Erdogan: ¿golpismo robustecedor?

sábado 16 de julio de 2016, 19:46h

Cuando aún permanecíamos pasmados por el atentado terrorista en Niza, que se ha atribuido el Estado Islámico –siendo un duro golpe porque la blindada era París en torno al 14 de julio– nos llegaron noticias alarmantes de la estratégica Turquía.

Erdogan, el presidente turco que fue alcalde de Estambul y después primer ministro con un reconocido talante duro –que ha mantenido en su actual cargo– puede salir fortalecido de la intentona golpista que se ha fraguado en su patria. Para ser un país que se autodenomina europeo, un golpe de estado no es su mejor credencial para presentarse cual candidato a la Unión Europea. Por su interés personal y desde luego, bajo esa tesitura de tener las miradas encima, fue obligado que reaccionara pronto y de forma eficaz. Parece haberlo conseguido.

No faltarán versiones que apunten a decir si se ha organizado un montaje él mismo para victimizarse, porque nunca faltan tales dichos y aparecen días después; como ya otra versión apunta a la autoría de un líder religioso radicado en Estados Unidos, quien lo ha negado todo. Empero, de momento lo cierto es que Erdogan salió del entuerto con cierta legitimidad, ya demostrada, al pedir el apoyo popular en un mensaje de auxilio con severos tintes populacheros, al que la población ha respondido de manera positiva. Mejor arropamiento fue imposible de conseguir.

De pronto nos embargó una sensación de ansiedad, que pareció manifestarse también en las cancillerías regionales y del mundo, dada la importancia estratégica propia de Turquía, que no puede soslayarse. La sola posibilidad de un vacío de poder ocupado atropelladamente por los militares, ahora sujetos a una cacería de brujas, no era atractivo. No es positivo para la precaria estabilidad regional. Es que no hacen falta más huracanes ni estridencias.

Turquía es muy estratégica para la geopolítica regional y mundial, como para dejarla sola a que ensaye golpismos. Lo demuestra sus devaneos con la OTAN y su confrontación con Rusia o estar a medio camino entre Europa y Asia, entre el Mar Negro y el Mediterráneo, a un paso de Oriente Medio, sus intereses en la vecina y masacrada Siria, sus choques con Israel, su eternizado reclamo de integración a la Unión Europea lavándose la cara orientalista para ser aceptada en su seno, o poseyendo a los kurdos mejor acomodados de un pueblo sin tierra que reclama territorios a varios países, incluyendo a ella, que les negó el Tratado de Sèvres de 1920 y hasta cuando gana visibilidad en sus recientes roces con la Santa Sede, a propósito de la enunciación del holocausto armenio por parte de Francisco ¡qué sí existió, aunque Ankara lo niegue sistemáticamente! Son vívida demostración de esa importancia insoslayable. No obstante que Turquía haya doblado las manos ante Rusia por un avión derribado o se llevara el guantazo de Federico Lombardi, el conocido jesuita recién removido como vocero papal, al responderle a Ankara que el Papa no hace cruzadas, como Ankara lo acusó por sus palabras de lamento ante el citado holocausto, arguyendo el gobierno turco (Erdogan) –con expresiva torpeza– que tal pronunciamiento sonaba a la época de las Cruzadas.

Tal pareciera que el discurso rijoso de Erdogan se quedará un rato. ¿Realmente era condenable su caída? Desde el punto de vista de ser un atentado a la democracia, sí. Pero no olvidemos que para sus malquierientes, no.

Su salida intempestiva podía desestabilizar el Mediterráneo, pero acaso Israel habría visto apartarse a un rival que se la tiene jurada y le ha jugado rudo en varios frentes. Rusia tendría un opositor incómido menos en el tema sirio y sus propias añejas aspiraciones expansionistas se habrían visto favorecidas, tal vez. Rusia no quita el ojo de la zona. La maltrecha Unión Europea bien pudo verse tranquila al no tener que lidiar por un rato con uno de sus peores dolores de cabeza, el insistente Erdogan y Bruselas habría tenido la mejor carta para oponerse al ingreso turco: un gobierno de facto en Ankara. A la UE ya le obsequiaron el brexit, así que no espere más beneficios ni tanta suerte con los turcos.

Parece que el desaguisado ya pasó. Será un zafarrancho anecdótico acompañado de su estela de muertos de lamentable cuño.

Existe en la Ciudad de México un bonito y restaurado reloj otomano, regalo de la comunidad libanesa en el nombre del sultán de Turquía al gobierno mexicano, con motivo de las fiestas del centenario de la independencia, celebradas en 1910. Marca puntual la hora. Esa hora que ya es la de mirar a Turquía con su justa importancia. No me lo crea, Peña Nieto firmó con Erdogan un tratado de libre comercio del que no sabemos sus beneficios reales. Habría sido el colmo que al igual que se hunde su gobierno, a Peña Nieto se le hubiera caído semejante acuerdo y semejante aliado en esa región del mundo. Por esta vez se salvó. Y Erdogan, también.

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