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NOVELA

Eduardo Sacheri: La noche de la Usina

domingo 17 de julio de 2016, 17:24h
Eduardo Sacheri: La noche de la Usina

Premio Alfaguara. Alfaguara. Barcelona, 2016. 372 páginas. 18,90 €. Libro electrónico: 9, 99 €. El exitoso filme "El secreto de sus ojos" se basa en una novela del escritor argentino, que ahora se ha alzado con el Premio Alfaguara gracias a esta apasionante historia con el trasfondo del "corralito" que azotó Argentina.

Por Paulo García Conde

Dentro de la costumbre bien asentada (y trabajada con esmero, quizá) de arrugar la nariz y entornar la mirada con recelo cada vez que es otorgado un premio literario en el panorama hispánico, resulta también habitual que la curiosidad recorra los cuerpos de un amplio espectro de lectores. El Premio Alfaguara, además de la considerable retribución económica que supone, mantiene vivo el poder de acercar a muchas personas a la librería tras el fallo del jurado. Todavía.

Este año en que se celebraba su decimonovena edición, el galardonado con dicho reconocimiento ha sido el escritor argentino Eduardo Sacheri, por su obra La noche de la Usina. Un autor que, como de costumbre en este tipo de entregas (que no intrigas), era conocido ya en el panorama narrativo. ¿Veremos en años venideros a un autor novel ganando este premio? No se hace obligatoria la respuesta a esta pregunta, al menos en esta ocasión, ya que la obra erigida en esta edición como flamante ganadora ofrece motivos suficientes para justificar su elección. Sacheri, que debutó en el género de la novela con La pregunta de sus ojos (cuya adaptación cinematográfica, bajo el título de El secreto de sus ojos, tuvo una acogida y un recorrido aún mayores) presenta una historia ambientada en su tierra, evocando los duros tiempos que su país vivió con el corralito de 2001.

No obstante, no trazan los tiros una ruta hacia la pura descripción de una realidad pasada marcada todavía a fuego en muchas familias. Sacheri apuesta por los personajes que ha creado, valiéndose de ese humor tan medido del que muchos argentinos (escritores) pueden presumir. La historia, en apariencia sencilla, relata la anodina y un tanto vacía vida de varios cabezas de familia de un pueblo más que discreto, ubicado en la provincia de Buenos Aires, donde hace tiempo que dejó de ocurrir nada.

Fermín Perlassi, intento frustrado de futbolista glorioso y ya retirado (centrado ahora en regentar una estación de servicio que apenas visita algún vehículo), propone a algunos viejos conocidos llevar a cabo un proyecto que daría trabajo a varias familias necesitadas del pueblo, y que podría además suponer un intento real por salir de la decadencia vital en que se han asentado. Apoyado principalmente por su amigo Fontana, consigue convencer a diferentes vecinos para sumarse a la iniciativa: comprar una empresa avícola, quebrada muchos años atrás, con la que reactivar el sector en su tierra.

Lo que parece una utopía va cogiendo forma a medida que la gente indicada se suma a la propuesta, pero todo cambia en un solo golpe de timón. Perlassi va al banco a ingresar el dinero recaudado y, un par de días después, se anuncia en Argentina el corralito. Como si el hecho de quedarse sin poder utilizar esa suma de dinero fuese insuficiente, Perlassi sufre un accidente de tráfico tras volver de protestar infructuosamente, en el que su esposa fallece.

Todo parece estar perdido. El proyecto, la ilusión por sacudir el pequeño pueblo de su letargo, las ganas de vivir del jubilado futbolista. Pero, poco a poco, ayudado por sus compañeros y por su hijo Rodrigo, consigue percibir una luz al final de túnel. Un halo que se hace eminentemente grande cuando estos le revelan cierta información: el gerente del Banco estaba al tanto de la inminencia del corralito, otorgando el dinero ingresado por Perlassi a un alto empresario de la misma zona, Fortunato Manzi.

Empieza entonces otro nuevo plan, uno más ambicioso. La recuperación del dinero. Es decir, un robo. Todo para no renunciar al ideal de lograr que el pueblo vuelva a vivir de esperanzas. Con un grupo de variopintos personajes haciendo piña, comienzan los trajines que hacen que la novela tenga un ritmo tranquilo pero atractivo. No faltan las figuras patanes, que sirven de contrapunto a aquellas más decorosas o inhibidas. No faltan tampoco los líos personales y familiares de cada uno. Ni siquiera se permite la ausencia de una historia de amor, como la que vivirán de manera algo apurada el hijo de Perlassi y la secretaria del villano Manzi.

Sacheri construye un relato basado en un robo, donde el corralito queda en segundo plano pero nunca soterrado por completo, pero en el que personas de carne y hueso se erigen en protagonistas de su propia historia. Sufren y gozan con un objetivo tirando siempre de ellos: vivir, por encima de sobrevivir.

Jugando con referencias cinematográficas (a través de la figura de Perlassi, un amante del Séptimo Arte) los bosquejos del robo resultan por veces inverosímiles, por veces fascinantes. No se trata de entrar en un domicilio o en un banco a mano armada, sino de profanar un campo donde a varios metros bajo tierra y protegidos con un concienzudo sistema de seguridad se encuentran los billetes que un día fueron suyos.

Con un hábil uso del lenguaje narrativo y un certero dominio del ritmo, la historia avanza de modo que el lector siempre quiere saber más. No tanto por el misterio, sino por no desligarse de ese pintoresco grupo con el que resulta de lo más sencillo empatizar. La aventura de unos perdedores que hacen acopio de dignidad y arrojo para ganar la partida a quienes están acostumbrados, desde la cuna, a entonar jaque mate. La amalgama de sensaciones triunfantes y desoladoras, que componen un vivo retrato que poder admirar con una humanidad pasmosa.

Todo ello se conjuga en La noche de la Usina, que quién sabe si no tendrá pronto su versión en la gran pantalla, al igual que le ocurrió a la obra antecesora del autor. Si la dupla Campanella-Sacheri repitiese para ello, podríamos disfrutar en otro formato de una historia que, en papel (o, en su defecto, en libro electrónico), se deja disfrutar y leer con avidez.

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