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DE JULIE DELPY

Lolo, el hijo de mi novia: complejo de Edipo en París

viernes 22 de julio de 2016, 14:13h
Julie Delpy estrena su sexta película como directora: Lolo, el hijo de mi novia.
Lolo, el hijo de mi novia: complejo de Edipo en París

LOLO, EL HIJO DE MI NOVIA

Director: Julie Delpy
País: Francia
Guión: Julie Delpy, Eugénie Grandval
Fotografía: Thierry Arbogast
Reparto: Julie Delpy, Dany Boon, Vincent Lacoste, Karin Viard, Georges Corraface, Christophe Vandevelde, Julie Tristant

Sinopsis: Durante sus vacaciones en el sur de Francia, Violette, una sofisticada parisina, conoce a Jean-René, un freak informático, y contra todo pronóstico se enamoran. Pero los problemas empiezan cuando Jean-René se traslada a París y conoce a Lolo, el muy posesivo hijo de 19 años de Violette, que está decidido a librarse de él cueste lo que cueste.

Lo mejor: Las interpretaciones | Te termina arrancando la risa | El personaje secundario de Karin Viard.

Lo peor: Tramo central plano | Previsible

La balanza que Julie Delpy había mantenido inteligentemente equilibrada en sus películas como directora ha terminado por inclinarse. Hasta ahora, la filmografía de la actriz y cineasta jugaba al taquillazo desde una mirada muy precisa, que desprendía un aroma de autor. En Lolo, el hijo de mi novia, sexto trabajo tras las cámaras, Delpy compone una comedia comercial sin demasiada trascendencia que, si bien cumple con el género, resulta entretenida y brinda algunas secuencias divertidas y diálogos ágiles, carece del punto personal con el que la cineasta venía convirtiendo sus películas en algo más que comedias.

Y no es que Delpy no sea Delpy, porque el guión –que también firma- tiene algunos rasgos reconocibles que son, de hecho, lo mejor de la cinta a pesar de quedarse en un segundo plano. Pero el conjunto huele a convención más que en otras ocasiones. Ella misma interpreta el papel protagonista, Violette, una mujer que trabaja en el mundo de la moda en París, independiente, moderna e hipocondríaca que busca el amor pasados los cuarenta. En una escapada con una amiga - Karin Viard, uno de los puntos más fuertes de la cinta desde su papel de secundaria- a la campiña francesa, termina enganchada a una relación improbable con un informático bueno y simplón. Después de tanto sexo –sexo de comedia- como mensajes de texto, se lanzan a proyectar una vida en común, un plan que incluye al hijo de Violette, Lolo, un joven de veinte años narcisista, ególatra y malcriado, un moderno que finge ser artista y vive con su madre, a la que no tiene pensado compartir con nadie.

Delpy propone algunos temas interesantes, como la construcción de relaciones a una edad madura y con una vida a cuestas –no tan novedoso ya en el cine, pero sí bien tratado en la película a nivel de personajes, conflictos y diálogos-; las relaciones materno filiales –un tanto exageradas en Lolo-; y, sobre todo, el cliché parisino y la confrontación entre las realidades cosmopolita y rural francesas, un asunto que interesa a la cineasta y se trata de forma ligera pero deliciosa; incluso para el espectador no francés resultará de lo más atractivo de la película.

El problema de Lolo es que en la parte central de la cinta, el argumento se convierte en una sucesión de escenas sobre las diferentes intentonas del postadolescente por deshacerse del nuevo novio de su madre, quedando la trama un tanto plana y perdiendo interés más allá de alguna sonrisa que consiga –y lo hace, eso sí- sacarnos. Es aquí cuando Delpy parece haberse rendido a lo fácil: a pesar de haber dispuesto los elementos de manera exquisita en el primer acto, se conforma con llegar al desenlace a base de una cadena de gags que no hacen avanzar el arco de los personajes.

Puede que consciente de ello, la cineasta produce un giro al final de la cinta, no en el relato sino en el tono, convirtiendo la comedia seminegra que estábamos viendo en una especie de thriller psicológico. Pero el recurso no termina de funcionar.

Lo que es intachable en Lolo es el reparto. La propia Delpy carga Violette de naturalidad y ritmo y da la réplica perfecta a su compañero de reparto, Danny Boon, un genio de la comedia francesa que despliega toda su magia con este provinciano cargado de buenas intenciones que se enamora de la mujer de mundo. Y luego está Vincent Lacoste, Lolo. Tiene 23 años y, de seguir a este paso, no va a haber película francesa que no lleve su nombre en el reparto. A pesar de acumular escenas sin demasiado recorrido en la cinta, el joven intérprete vuelve a defender aquí su reciente omnipresencia con un trabajo sobresaliente, fresco y divertido.

Lolo no pasará a la historia, ni siquiera entre la filmografía de su directora. Apta para pasar un buen rato sin mucha repercusión, sí.

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