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ENSAYO

Esperanza Aguirre: Yo no me callo

domingo 24 de julio de 2016, 17:04h
Esperanza Aguirre: Yo no me callo

Espasa. Barcelona, 2016. 342 páginas. 19,90 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

Esperanza Aguirre es, por derecho propio, una de las políticas de referencia de la reciente historia de la democracia española y del Partido Popular (PP). Adalid del liberalismo, tal ideología la expone en la obra que tenemos entre manos, en el contexto de una excelente radiografía del escenario por el que transita nuestro país y su partido.

La expresidenta de la Comunidad de Madrid a lo largo de toda su trayectoria política ha rechazado emplear la corrección política como modus operandi. Esta elección le ha valido generarse fieles seguidores pero también abundantes detractores, localizados buen número de estos últimos en el seno del propio PP.

En Yo no me callo mantiene intacta su ortodoxia, aspecto que agradecerá el lector y que se observa, por ejemplo, en la interpretación que efectúa de los resultados de las elecciones generales de 2011. Al respecto, sostiene que nos votó mucha gente porque nos consideró un refugio, un lugar donde cobijarse ante la pavorosa situación económica que estábamos viviendo” (pág. 208).Dicho con otras palabras: Mariano Rajoy recibió “votos prestados” que en comicios posteriores no ha sabido mantener.

Aguirre no rehúye la autocrítica y evita la autocomplacencia, pues sólo de esta forma será posible hacer un verdadero diagnóstico de las razones por las que el PP ha experimentado el tangible descenso de votos y simpatizantes durante el periodo 2011-2015. Al respecto, comparte las dos causas principales de tal fenómeno (corrupción y adopción de medidas impopulares), pero a partir de ahí se desmarca del “oficialismo” y profundiza en los verdaderos motivos de la desafección de la ciudadanía hacia el partido sito en la calle Génova.

Aguirre no busca revancha ni entrar en conflicto con el “establishment popular”. Por el contrario, su objetivo resulta más ambicioso como sinónimo de noble: la refundación del PP como una fuerza de centro-derecha liberal-conservadora. Los datos avalan este legítimo deseo: el PP no es el partido de los jóvenes y un notable porcentaje de sus votantes han mantenido su fidelidad en función de criterios escasamente ganadores, como por ejemplo el miedo al ascenso del populismo de raíz comunista (Podemos).

Así, Aguirre reprocha que el PP no haya comparecido en el combate librado en el terreno de las ideas, decantándose por la solución fácil de asumir los postulados difundidos por la izquierda intervencionista. Este fenómeno ofreció sus primeros síntomas tras la derrota de marzo de 2004 y se acentuó una vez consumada la segunda victoria de Rodríguez Zapatero en 2008.

En consecuencia, Aguirre está en contra del significado que el PP da al concepto de “centro político”, frente al cual, propone y apela a la figura de Margaret Thatcher: “Antes de que ella llegara, el centro, el consenso, era la socialdemocracia clásica, estatista, intervencionista y burocrática. Después de ella, el centro era un liberalismo moderado, partidario de la más eficiente gestión de los servicios públicos”(pág. 225).

Finalmente, analiza a los dos partidos que han irrumpido en el escenario político español, Podemos y Ciudadanos, matizando que ambos han llegado para quedarse. Aguirre valora de Ciudadanos la labor desarrollada en Cataluña en un ambiente de hostilidad (producto de la asfixia generada por el nacionalismo obligatorio), pero condena su tibieza en cuestiones como la educación o la economía.

Más contundente se muestra en sus observaciones sobre el partido de Pablo Iglesias. Sin pelos en la lengua, pone el acento en el comunismo y en la fidelidad bolivariana que sus dirigentes siempre han mostrado, aspecto sobre el que no se les exige explicaciones en sus innumerables apariciones en los medios de comunicación.

En definitiva, un libro de obligada lectura para politólogos, periodistas e historiadores en el que la autora ofrece su visión de España: una Nación, de cuya historia debemos sentirnos orgullosos, compuesta por ciudadanos libres e iguales. Esto último supone una clara advertencia para aquellos que se arrogan determinados privilegios en función de criterios territoriales. Además, Aguirre ofrece propuestas de regeneración que afectan a las instituciones fundamentales para el adecuado funcionamiento de una democracia (Congreso, Senado y partidos políticos).

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