www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

ENSAYO

Pablo Iglesias: Una nueva transición

domingo 24 de julio de 2016, 17:10h
Pablo Iglesias: Una nueva transición

Akal. Madrid, 2015. 218 páginas. 15 €.

Por Alejandro San Francisco

Para todos los efectos prácticos, Pablo Iglesias es el líder de Podemos, y por lo tanto un actor político. Ya ha sido dos veces candidato a la presidencia del Gobierno español y forma parte de la discusión habitual sobre política contingente. Recorre el país con su proyecto, busca votos y adhesiones, procura llegar a acuerdos para gobernar o dificultar que otros lo hagan. Tiene numerosos partidarios y detractores todavía más numerosos. Es decir, se trata de un dirigente político activo y plenamente vigente.

Sin embargo, la historia de Pablo Iglesias es bastante original: es doctor en Ciencias Políticas y fue profesor durante varios años en la Universidad Complutense de Madrid. De esta manera, ha estado asociado al mundo académico, y cuenta con muchas lecturas en el cuerpo -más que un dirigente partidista común y corriente-, además de varias publicaciones que están a medio camino entre el ensayo y la politología. Pero también es una persona que explica haber aprendido en los últimos años “que es mucho mejor intervenir en la historia que interpretarla” (en entrevista a Jorge Lago), en una versión actualizada de la famosa tesis 11 de Marx en sus Tesis sobre Feuerbach: “Los filósofos no han hecho sino interpretar el mundo de distintos modos. De lo que se trata es de transformarlo”. En parte por eso vale la pena leer a Iglesias: aunque a veces sus argumentos aparezcan reiterativos, en otras ocasiones resultan algo proféticos y permiten entender a Podemos en primera persona, con su proyecto político y sus ideas de fondo bastante transparentadas. Cuestión muy importante en la España actual.

Una nueva transición. Materiales del año del cambio es un libro que combina textos de análisis, como es el caso de “Entender Podemos” (publicado originalmente en The New Left Review 93, mayo-junio de 2015); una serie de artículos de opinión, breves, pero de temas relevantes; algunas entrevistas muy interesantes; y, finalmente, tres discursos, entre los cuales destaca “La gente haciendo historia”, del 31 de enero de 2015, cuando se daba inicio al “año del cambio”. Esto último ilustra con claridad tanto el potencial como las limitaciones del libro: ya sabemos que el cambio no fue tal y que muchos de los planteamientos “contingentes” y atractivos a comienzos del 2015 hoy carecen de vigencia o se mostraron erróneos.

Algunos de esos temas, no obstante, conviene tenerlos en mente. Por ejemplo, cuando le responde a Fernando Vallespín en octubre de 2015: “Igual que para el PSOE entrar en un gobierno con nosotros sería terrible. Y votar a favor de ellos en una investidura nos haría muchísimo daño. Eso de alguna manera cerraría la posibilidad de realizar la 'hipótesis' Podemos”. Sirve mucho para explicar el resultado de las negociaciones postelectorales de comienzos del presente año.

Es difícil calificar a Podemos y a su líder con las categorías propias del siglo XX, aunque muchas de ellas sirvan como punto de referencia, o que el propio Pablo Iglesias las utilice para explicar sus orígenes y su proyecto. Aquí algunas de ellas: “Con 14 años ingresé en las Juventudes Comunistas”; “me sé de memoria La Internacional”; “me considero marxista, pero soy consciente de que cambiar las cosas no depende de los principios sino de la correlación de fuerzas”. Y en esto aparece un necesario realismo, repetido a lo largo del libro a través de esa reflexión de Perry Anderson del 2000, cuando señaló: “El único punto de partida concebible hoy para una izquierda realista consiste en tomar conciencia de la derrota histórica” (se refiere al fracaso de los socialismos reales en el siglo XX, comprobado “empíricamente” con la caída del Muro de Berlín o el fin del imperio soviético). De ahí la necesidad de edificar nuevos paradigmas políticos, aunque sobre las bases intelectuales de la izquierda de siempre.

Al respecto resulta interesante la recurrencia a ciertos clásicos, como Marx -no sólo a través del Manifiesto Comunista, sino también con reflexiones salidas de las mencionadas Tesis sobre Feuerbach o la valoración que se hace del Capital-, pero también a figuras como el italiano Antonio Gramsci, y sus análisis sobre la crisis de hegemonía de la clase dirigente, o la importancia de la sociedad civil; así como Ernesto Laclau y su afirmación de que “todo cambio político en un sentido progresista pasa por constituir al pueblo como actor colectivo”. Esto lleva a reevaluaciones de la democracia (destacando la importancia asignada a los “derechos sociales”), ciertas contradicciones entre la visión histórica de Iglesias y las necesidades del comportamiento político y la proyección de la “futura sociedad”, que en modo alguno se acerca al proyecto de las revoluciones marxistas del pasado, aunque el corazón esté inclinado hacia ese lado del tablero.

Algunos análisis de actualidad de Una nueva transición tienen valor y deberían llevar a una reflexión más profunda, con independencia de las propuestas prácticas que se planteen al respecto, o de la posición que se tenga frente al proyecto de Podemos o el liderazgo del propio Iglesias. Por ejemplo, resulta valioso pensar la idea misma de una nueva transición, considerando que la del franquismo a la democracia estaría gastada o superada; también la de una supuesto o real pérdida de hegemonía de las clases dominantes, “la casta”, como la denomina; o la relevancia que tiene el “combate ideológico” -cuyos términos están predefinidos y no los establece Podemos a su arbitrio-, y la necesidad de operar cambios pasando por las conciencias; el aprovechamiento de la televisión como medio fundamental donde se disputan los relatos políticos; la claridad de no reproducir ni en la forma ni en el fondo los proyectos existentes, como sería el Partido Socialista Obrero Español dentro de la izquierda, sino la opción de dar vida a algo nuevo. Incluso la resignificación del populismo, de triste experiencia en América Latina y de vitalidad preocupante en Europa y Estados Unidos.

En otros temas los planteamientos de Iglesias son más ambiguos u oportunistas, como ocurre con su posición respecto de la institucionalidad española, la unidad geográfica y política de España o, en general, aquellos asuntos que ponen en duda los contenidos de la (primera) transición. Quizá por lo mismo, en los hechos -no en el análisis de este libro- el proyecto de Podemos y el liderazgo del propio Iglesias, en los números y en el discurso, parecía más valioso el 2015 que el 2016. Pero esa es otra cuestión, y no sabemos qué pasará hacia el futuro: para ello necesitaremos nuevos libros, discursos y entrevistas para analizar la evolución del pensamiento político, y además habrá con seguridad elecciones en las cuales Podemos deberá observar si “el pueblo” (elector) le da nuevamente la espalda o le permite acercarse a gobernar.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (1)    No(0)

+

0 comentarios