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DESDE ULTRAMAR

Partida de ajedrez en el Pacífico

jueves 28 de julio de 2016, 20:16h
Transcurre el verano de 2016 entre su apacible rutina y los sobresaltos que nos asesta el terrorismo con sabor a EI, dejándonos terríficas escenas como la más reciente de nuevo en la azotada Francia. El degollamiento del sacerdote católico por secuaces de Daesh, o al menos, atribuidos, es sobrecogedor. Ha muerto quien actualizara en sus palabras legadas a nuestro azoro y pesadumbre, su convencimiento de preservar en su ministerio la fe hasta morir en pos de ella, como mandata la Iglesia católica. Nos estremece su sacrificio por la sangre fría con el que se ejecutó y me deja un preocupante sabor a guerra civilizatoria que se acelera y no parece tener ni un fin cercano ni sencillo.

Lejos de allí se libran otras batallas. La partida de ajedrez entre las potencias se juega en varios frentes, desde luego y desde siempre, pero el del océano Pacífico es particularmente interesante, puesto que hace años que en tal partida asoma China y hace varios años que la Cuenca del Pacífico no es solo el referente económico en que se ha convertido. El geoestratégico-militar destaca y cada vez más. Por ello, un acercamiento se antoja necesario.

La partida de cara aún aguarda. Todo se andará. De momento, el ajedrecístico movimiento de piezas solo anuncia preparativos a futuro. La geopolítica en el Pacífico, que puede parecer tan ajeno a Europa, es de tal relevancia, que no puede pasarnos de frente con total indiferencia, parafraseando el afamado bolero. En él se juega el futuro del mundo. Tanto o más que en Oriente Medio.

Y no me inquieta porque México sí moje sus piececitos en aquellas paradisíacas aguas, como que sí; ni que seamos vecinos de la potencia que es amenazada con bombardeos nucleares de cuando en cuando por el loco de Pyongyang, sino que además, nos permite alertar al orbe sobre los movimientos que se registran en esas latitudes. Con Francia y Gran Bretaña todavía presentes allí y los pasos firmes, sostenidos, de Rusia y China por plantarse y plantarle cara a los Estados Unidos, el movimiento no cesa y abarca diversos rubros del quehacer mundial que transita por el Pacífico.

Ya sabe usted amigo lector en ambos hemisferios planetarios, que pensar en el océano Pacífico me mueve a recordar a Lord Curzon, el delegado británico a la Paz de Versalles y exvirrey de la India, quien ante la concesión del llamado “Corredor Polaco”, rebanando Alemania en tres partes, apuntó con el dedo sobre el mapa, sentenciando cual profeta: “he ahí la semilla de la próxima guerra”, atinándole, y eso mismo me evoca el otrora Mar del Sur ante la rebatinga entre potencias, donde entre tres traman según convenga equilibrar de vez en vez.

Mientras China optimiza su ejército esquematizando escenarios de cara al 2020 y Estados Unidos alista su milicia para tenerla a punto mirando al Pacífico, en cuanto se la requiera en los años venideros, Washington mueve sus piezas atenazando la región con el TPP, el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, leído por muchos como una nueva coraza amplia ante la debilitada economía de los Estados Unidos, buscando bocanadas proteccionistas frente a quimeras como la economía china, segunda del mundo, por citar un peregrino ejemplo, porque desde luego nadie quiere reconocer de forma oficial que el TPP lleva dedicatoria para frenar el expansionismo chino, al que apostaron países iberoamericanos que hoy se hunden al frenarse aquel de forma momentánea. En medio, Japón, Taiwán o Filipinas cual moneda de cambio, o no, porque Estados Unidos les ha refrendado su alianza.

Semanas antes algún medio ruso advertía que China emula a Moscú y está usando tácticas de rearme en la zona, similares a las soviéticas. No negaba la asesoría rusa, que de momento Rusia sigue algo eclipsada por los recortes posteriores a la Guerra Fría que la impiden contar con mayor presencia en el Extremo Oriente y el Pacífico Occidental. Avisaba que un informe del congreso estadounidense alertaba que los chinos, a diferencia de los soviéticos, cuentan ya con misiles balísticos capaces de apuntar a objetivos en movimiento. A saber.

Y permítame un paréntesis: la gente proyanqui siempre minimiza cualquier versión y cualquier poder que rete a los Estados Unidos, y deje entrever o afirme su decadencia. Pero a esa gente le tengo muy malas noticias: no solo las comisiones del congreso estadounidense y su inteligencia militar ponen los ojos en China. También sus intelectuales hablan de ella, sea minimizándola o simplemente acercándose a ella para entenderla y predecirla. Están pendientes de sus movimientos. Lo que no podrán negar los proyanquis es que China no le es indiferente a los Estados Unidos y no lo será por débil o por aburrida, aun minimizándola. Por el contrario, es que no pierden detalle. Lo que parecen ignorar es cuánto los están estudiando también los chinos. Eso suena aun más aterrador.

La firma de un acuerdo militar sino-estadounidense en junio de 2015, alertaba de un entendimiento para atender situaciones de emergencia y dejaba claro que la cosa es entre tres, pues los rusos no ha perdido detalle de lo firmado. Recordemos que como sea, desde la Segunda Guerra Mundial está pactado que no haya alianzas secretas y este acuerdo abierto, lo refrenda. Todos saben lo de todos en la medida de lo posible y difundible, claro. Y cuando en mayo pasado China presentó un misil que podría alcanzar a los Estados Unidos en 30 minutos, nos dejan más qué pensar esos acuerdos de supuesto entendimiento, que no frenan la carrera armamentista, porque desde luego…tonto el que la abandone.

Mientras el ANZUS –la alianza entre los Estados Unidos con Australia y Nueva Zelanda– se ha reforzado, China anunció en julio de 2016 que ha publicado imágenes de destrucción de blancos con misiles balísticos, efectuadas en el Espacio exterior, alertando a Washington, porque…no todos allí andan entretenidos con Hilaria y Donaldo. Un ojo al gato y otro al garabato, ya se ve. El panorama no mejora al reformar Estados Unidos su presencia en el Extremo Oriente ampliando su actuar en Corea del Sur con el llamado sistema THAAD (sistema de Defensa del Área de Gran Altitud Terminal, por sus siglas en inglés) so pretexto del litigio allí imperante. Se trata de un sistema antimisiles, asegurando que no apunta a China. Tal y como se aseguró que las armas de la OTAN no apuntan a Rusia. Y nos debemos preguntar entonces… ¿a quién sí apuntan? ¿a los marcianos? pues que se sepa los marcianos no existen…

Así que el despliegue de fuerzas, los gruñidos entre potencias mostrándose los dientes, cual perros rabiosos en plan de camorra y en una escalada de amenazas, maniobras militares y decisiones políticas de claro y desafiante peligro para todos, buscando distender pero tensando, promete acrecentarse. Mi pregunta es puntual: ¿qué hace el gobierno Peña Nieto ante esta realidad cambiante y amenazadora a las puertas de México? Respondo: lo importante es que tengamos salud.
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