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POR LIBRE

El Rey, pasmado

domingo 31 de julio de 2016, 17:01h

No se trata de Felipe IV, quien, según recordaba Torrente Ballester, se ganó el apodo por quedarse pasmado al abrazar el cuerpo de una hermosa mujer. Dicen que nunca se recuperó de aquella noche. No hay más que observar la cara de alelado que le pintó Velázquez en “Las Meninas”. Pero, ahora se trata de Felipe VI, que se ha quedado pasmado al conocer uno a uno a los representantes políticos de la soberanía popular. Aún más, escandalizado por la tropa de mediocres que nos representa.

Además de otros muchos, como el desafío catalán, el Rey se ha encontrado con un bochinche político que no se esperaba. Si lo llega a saber, le dice a su padre que aguante un poco más. Aunque tampoco él, ni nadie, podía imaginar lo que le esperaba a España. La euforia que contagió a muchos con la llegada de los dos nuevos partidos reformistas, limpios cual patenas, implacables enemigos de la corrupción, de la casta instalada en el engranaje del poder se ha convertido en una pesadilla. El nacimiento de los emergentes ha transformado el mapa político español en un laberinto. Los protagonistas de la estúpidamente llamada segunda transición han resultado una filfa.

Felipe VI, en fin, se ha reunido esta semana con los llamados líderes políticos y ha descubierto que solo hablan de memeces, que no se soportan entre ellos, que como mucho les importa lo que beneficia a sus partidos, y, en especial, a ellos mismos. Y que tienen el cerebro agujereado por unas enormes líneas rojas que no les deja ver la realidad .Que parecen ser incapaces de resolver el embrollo político que sufre España. El aquelarre que ha vivido el Rey esta semana es para quedarse pasmado.

Felipe VI recibió uno a uno a los representantes de la soberanía popular a la espera de que le dieran alguna esperanza de que lo vivido tras el 20D era Historia. Y lo que escuchó resultó ser, sin cambiar una coma, lo mismo que ya le habían contado entonces. La misma historia.

De abajo arriba. Albert Rivera, impecable el amago de reverencia centrista (cabezazo a medias), se presentó con su carita de buen chico y dispuesto a entregar la llave del cofre que encierra el mapa del tesoro. Y le propuso al Rey la formación de un Gobierno tripartito para reformar España, empezando por la Constitución. ¡El descubrimiento de la pólvora! Pero el ciudadano Rivera no olvidó lo esencial: naturalmente, sin Rajoy. Se desconoce si se propuso él para regenerar España y encabezar tal Gobierno con sus 32 escaños, 105 menos que el “vetado”. El Rey se quedó pasmado.

Pablo Iglesias, que de momento no cuenta, se presentó ante el Rey tan elegante como suele, y le confesó, tuteándole, claro, un secreto. Que quería liderar un Gobierno progresista. Felipe VI ya no se quedó pasmado.

Tampoco le sorprendió al Rey que Pedro Sánchez entrara cabizbajo en Palacio, para confesarle solo una cosa. Que a Rajoy ni agua. Pero lo dijo tan desazonado, tan triste, tan agotado, que el Rey terminó dándole una palmadita de ánimo. Otro que si lo llega a saber le pide a Rubalcaba que espere.

Pero cuando Felipe VI se quedó pasmado del todo ocurrió al hablar con Rajoy. Que le vino a decir que, gracias, que aceptaba el encargo de formar Gobierno, pero que ya hablaríamos de la sesión de investidura. Que ya hablaríamos del Gobierno. Se quejó de que nadie quiere apoyarle, pese a que ha ganado las elecciones con holgura. Que no le dejan gobernar. También amagó con un mohín de pucherito, que a punto estuvo el Rey de endosarle otra palmadita en la chepa. Y, entonces, Rajoy farfulló aquello de, ¿y si no convence a Rivera ni a Sánchez? , ¿Se presenta para que le fusilen? Ya hablaremos del Gobierno, Majestad.

Y a la gallega se fue Rajoy de la Zarzuela, con el Rey totalmente pasmado, pues, tras las palabras del supuesto candidato a presidente, pudo colegir que lo que le había venido a decir el presidente del PP era que una cosa era intentar formar Gobierno y, otra, presentarse a una sesión de investidura. Tuvo que esperar a la rueda de Prensa del presidente en funciones para confirmar que Rajoy habla tan bien que nadie le entiende. ¿Y de la sesión de investidura?, le preguntaron. Y el gallego contestó que él no habla del futuro. Que no cree en las meigas.

Y el Rey anda pasmado, pues tampoco sabe nada de ese futuro y, encima, algunos cafres quieren que intente convencer a unos y a otros para que se pongan de acuerdo, para que coloque los escaños a su antojo en el Hemiciclo con cualquier Armada a la cabeza del banco azul. Que intervenga. O lo que es lo mismo, que se salte la Constitución.

Felipe VI se quedó pasmado al hablar la pasada semana con los políticos y constatar que las terceras elecciones asoman su negro hocico en plena canícula. A Felipe IV le ocurrió lo mismo al pasar una noche con una hermosísima mujer, la más bella de la Corte. Que no es exactamente lo mismo. En realidad, no hay que ser Rey para quedarse pasmado con estas historietas. Pasmados todos. ¿Y hasta cuándo?

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  • El Rey, pasmado

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    3589 | pilar - 01/08/2016 @ 17:42:45 (GMT+1)
    Genial artículo. Resume con inteligencia y sarcasmo la tragedia de España

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