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BIOGRAFÍA

Stanley G. Payne: Alcalá-Zamora. El fracaso de la República conservadora

domingo 31 de julio de 2016, 17:09h
Stanley G. Payne: Alcalá-Zamora. El fracaso de la República conservadora

Gota a Gota/FAES. Madrid, 2016, 300 páginas. 15 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

El reputado hispanista Stanley Payne nos acerca la figura y trayectoria de una de las personalidades tan referentes como controvertidas de la derecha política española: Niceto Alcalá-Zamora. El resultado final es mayúsculo, pues nos hallamos ante un análisis fascinante, excelentemente argumentado y enriquecedor de una parte fundamental de la reciente historia de España, el periodo comprendido entre 1931-1936, es decir, la II República.

Para ello, Payne opta por una narración cronológica que se inicia con el nacimiento de su “objeto de estudio” (1877), lo que permite que el lector obtenga el conocimiento de lo acontecido durante la Restauración y la dictadura del general Miguel Primo de Rivera.

Durante esa sucesión de acontecimientos se fue perfilando la personalidad (política) de Alcalá-Zamora, en la cual hubo una serie de rasgos inmutables e innegociables, destacando la oposición a las soluciones dictatoriales y la defensa de la legalidad constitucional. En consecuencia, puede afirmarse que era un actor político principal antes del advenimiento de la II República.

No obstante, ese capital político acumulado por Alcalá-Zamora antes de 1931 resultó instrumentalizado por aquellos que pretendían la voladura de todo vestigio del “antiguo régimen”, como condición necesaria para la revolución. Tal era la aspiración, por ejemplo, del sector del PSOE comandado por Largo Caballero.

Sin embargo, como presidente de la II República, Alcalá-Zamora multiplicó una serie de conductas cuestionables (incluso rechazables) que Payne subraya de forma transversal a lo largo del libro. En este sentido, sobresalen su carácter manipulador, su tendencia a generar divisiones entre quienes podían ensombrecer su ansia por liderar a la derecha conservadora y una sobredosis de intervencionismo.

Este particular modus operandi le llevó a un exceso de condescendencia con las actitudes liberticidas de algunos grupos de izquierda, que resultaron fatales para el desarrollo de la II República y, en consecuencia, para el devenir del propio Alcalá-Zamora. Así, permitió que entrara en vigor una Constitución que iba en contra de la religión católica y, por tanto, en contra también de la mayoría de la sociedad española. De manera más concreta, practicó un exceso de permisividad cuando se produjo la quema de conventos, lo que se tradujo en que los votantes de derecha lo descartaran como su referente.

Con todo ello, Alcalá-Zamora aspiraba a una República centrista, moderada y que respetara la legalidad pero se equivocó en los medios empleados, menospreció a aliados potenciales (Miguel Maura, Gil Robles o Lerroux) y se entregó a una izquierda liderada por Azaña más sectaria que constitucional, partidaria del binomio insurrección-revolución siempre y cuando fuera llevado a cabo por sus huestes. Al respecto, la siguiente afirmación de Payne goza de un valor desmitificador fundamental: No puede decirse que los líderes de la izquierda ocultaran sus intenciones, dejando claro desde el principio que la Segunda República no era, para ellos, una democracia liberal gobernada por normas constitucionales fijas pero intereses diversos, sino un régimen patrimonial gobernado exclusivamente por la izquierda de acuerdo a su programa ‘revolucionario’, que debía predominar sobre los aspectos democráticos y electorales”(pág. 70).

En este sentido, las elecciones de 1936 así lo refrendaron. El fraude en el recuento de votos efectuado por el Frente Popular superó con creces las tácticas caciquiles propias de la Restauración. Una manipulación electoral a la que Alcalá-Zamora no supo (o no quiso) anticiparse, producto de su visión deformada de la realidad, en función de la cual, se aferraba en percibir a la izquierda republicana como su gran aliada.

En definitiva, una obra sobresaliente que se aparta del pensamiento dominante en España cuando se habla de la II República. Payne rechaza todo aquello que tenga que ver con el binomio compuesto por el buenismo y la corrección política. Asimismo, describe de manera cristalina y rigurosa el carácter sectario apreciable ya entonces en una parte de la izquierda española para la cual, la algarada (el actual escrache), la coacción y la violencia siempre serán armas políticas legítimas y legales si es ella quien las aplica.

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