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NOVELA

Valentine Goby: La habitación de los niños

domingo 31 de julio de 2016, 17:14h
Valentine Goby: La habitación de los niños

Traducción de Isabel González-Gallarza. Siruela. Madrid, 2016. 200 páginas. 17,95 €. Libro electrónico: 7,99 €.


Por Jorge Pato García

Pocos días después de ver la imagen del Papa Francisco recorriendo las instalaciones del campo de Auschwitz, se actualiza más vivamente el horrible recuerdo de lo que fueron los campos de concentración de la Alemania nazi. Aunque Auschwitz es el epicentro del dolor y del horror, no hay que olvidar que a lo largo del territorio alemán y otros anexionados durante la Segunda Guerra Mundial existieron campos de exterminio, unos más conocidos que otros, pero todos sinónimo de horror, muerte y sufrimiento.

La habitación de los niños, que obtuvo el Premio de los Libreros franceses 2014, se centra en el campo de Ravensbrück. Quizás a muchos los lectores no les suene este nombre como una localización de un campo de concentración, pero lo mismo le ocurría a la protagonista de la novela. Mila, una joven integrada en la Resistencia francesa, después de ser detenida se alegra de no pasar a mejor vida, pero inicia un viaje a un lugar que desconoce y en el que ni siquiera puede imaginar todo el espanto que le espera. Ese espacio, de nombre tan alemán e impronunciable al oírlo por primera vez, va a ser donde viva rodeada de la cotidianidad propia de un campo de concentración, esto es: miseria, hambre, sufrimiento y muerte.

Solo con el entorno en el que se desarrolla la vida diaria ya es difícil tener esperanza, y este sentimiento se acrecienta a medida que va descubriendo los horrores que pasan día a día a su alrededor. A todo el desconcierto de encontrarse en un lugar en el que no entiende lo que le hablan, y no comprende lo que ocurre ni sabe lo que será de su vida, nuestra protagonista añade otra incertidumbre: los cambios físicos que está afrontando su cuerpo al estar embarazada.

Se dice que uno no elige donde nace, pero sin duda hacerlo dentro de un campo de concentración es lo más alejado que puede existir de venir al mundo en un sitio con una mínima esperanza. Cabe recordar en este punto que hasta 1944 todos los bebés que nacían en Ravensbrück eran directamente ahogados sin tener ningún tipo de posibilidad de que se les perdonara la vida. Esto, no obstante, cambió en el momento en el que se habilitó un barracón especial para estos recién nacidos, la Kinderzimmer o habitación de los niños, iniciándose así una senda de posibilidad de supervivencia en la cual Mila luchará para que ella y su hijo sobrevivan.

Una novela dura, y conmovedora, con una prosa que nos golpea fuertemente a lo largo de sus pocas pero intensas páginas, una dosis de realidad que nos sirve para que nunca se olvide, y nunca se repita, un episodio tan negro y terrible de la historia de la humanidad.

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