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ENSAYO

Matías Rivas:

Interrupciones

domingo 31 de julio de 2016, 17:19h
Matías Rivas: Interrupciones

Hueders. Santiago de Chile, 2016. 312 páginas. 20 €.

Por Gabriel Zanetti

Este año ha sido potente en cuanto a publicaciones para Matías Rivas (Santiago de Chile, 1972). Hace unos meses publicó Tragedias oportunas (Ediciones Tácitas), su tercer libro de poesía, exitoso entre la crítica y los lectores. Ahora presenta este volumen difícil de definir. Ensayos, apuntes, columnas, textos finalmente donde el tema es la literatura, el lenguaje en su sentido más puro y vital, con una profundidad y lucidez sorprendentes, sin olvidarse del swing, del estilo, con lo que quiero decir que en pocas páginas capta la atención de la audiencia, a la que no le queda más remedio que leer hasta el final: sus textos no son solo muchas veces brillantes, sino también derechamente entretenidos.

Llama la atención la calidad que puede alcanzar un proyecto, cuyas páginas han sido escritas originalmente para diarios y revistas en formato de columna, crítica o artículo, como es el caso de este volumen. Hay algo que supera, o algo distinto que es atractivo y que muchas veces no está en las publicaciones redactadas sin el apuro o compromiso con la prensa. Tal vez sea justamente eso: aquel compromiso, aquella consciencia de que el texto será publicado implica un texto definitivo. También, la noción de que el trabajo podría ser leído por una amplia gama de lectores propulsa una fuerte idea de la comunicación, que, como ya he dicho antes, Rivas maneja inteligentemente, siendo claro y profundo.

Ideas difusas se aclaran. ¿Por qué existe un alza en la escritura y lectura de no ficción? Rivas apunta: “La lectura de esta autobiografía de Coetzee (Premio Nobel, al igual que Neruda y García Márquez) me hizo pensar en lo que han cambiado los contornos culturales. Es evidente que necesitamos cada vez menos héroes. Nos atrae, en cambio, saber de personas comunes, porque comprendemos sus pequeñeces y alegrías”. Esas ideas toman una fuerza distintiva, puesto que también vamos conociendo a la persona que escribe, su vida y carácter. El mismo Rivas lo reafirma en la “Nota del autor” que antecede al libro: “En realidad, nunca he podido redactar algo sobre un libro que no esté filtrado por mi cuerpo, por mi carácter. La literatura siempre me ha interesado como vía de escape o salvavidas para quienes yacen a la deriva, aturdidos por el aburrimiento, anclados a su cama. Los conozco, fui uno de ellos”.

Esta especie de manifiesto y posiciones se percibe en todo el volumen. A pesar de ser un libro definido en su temática -de hecho se subtitula Diario de lecturas- pasa por distintos derroteros. Paseos por YouTube para sobrevivir al insomnio sin tomar pastillas derivan en Žižek, el cansancio y el estrés en posiciones de lectura. Apunta: “el cansancio controla mi gusto”, un poco más atrás: “En vez de querer averiguar lo que sucede en los recovecos del corazón de algún personaje, prefiero ir directo a textos que me permitan entrar y salir de ellos con total libertad, como Los pensamientos de Rivarol, los sonetos de Shakespeare o las cartas de Madame de Sévigné”.

La lectura llega a su fin con encuentros críticos de autores chilenos e internacionales. Enrique Lihn, Bolaño, Donoso, Germán Marín, Rafael Gumucio, Fuguet, aparecen con fuerza. También Beckett, Puig, Fogwill, o Michaux, entre otros. Personalmente, desde mi lectura de La cena de los notables (Periférica), de Constantino Bértolo, no había algo de este tenor.

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