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DESDE ULTRAMAR

México ’68 saluda a Río 2016

jueves 04 de agosto de 2016, 19:43h

¡Nuevamente han llegado los Juegos Olímpicos de verano! Separándolas casi medio siglo, la Ciudad de los Palacios saluda a la capital carioca, porque ambas, Ciudad de México y Río de Janeiro ¡ya son sedes olímpicas! Ya eran ciudades hermanas. Un motivo más une al Pão de Açucar con el Zócalo, a Copacabana con Chapultepec, al Corcovado con Guadalupe. Aún tengo vivo el recuerdo de la ansiada designación de Río de Janeiro como organizadora de la magna justa deportiva, a iniciar el 5 de agosto de 2016. Polémica desde el inicio, con sus retos y sus ajustes, apoyé y lo refrendo, la designación, porque creo en la rotación continental y porque la gloria debe repartirse no entre los mismos de siempre.

El aura olímpica no debe apagarse. Que el pebetero olímpico arda en más sitios, renueva su ser y favorecerá el Olimpismo, que merece menos sofisticación y más esencia. Amén de que ambos casos enfrentaron escollos, detractores y desafíos. Pero su gente y el deporte salvarán la edición. ¡Avante Río, Cidade Maravilhosa! Y desde luego que los preparativos no estuvieron, exentos de críticas fundadas y cuestionamientos cargados de acritud. Ha sido complejo llegar a Río de Janeiro 2016. Desde la denominación, Río 2016, ha dado de qué hablar.

Yo no me inmuto ni me acongojo, porque me entusiasma el espíritu olímpico, que ha conocido mil y un tropiezo. Mas me sumo a su quintaesencia. Y justo en este año olímpico que conmemora las cuatro décadas del sorprendente triunfo de Nadia Comaneci, su recuerdo en la competición de Montreal es el decano de mi memoria olímpica, oyendo yo a los 5 años su hazaña por la radio del auto de mi madre, en una solaz tarde veraniega, de esas en que regresa el Sol tras el chubasco diurno. Verano del 76, naturalmente.

Desde allí no me despego del tema. Con cierto desgano vi la inauguración de los Juegos de Moscú, oímos sus polémicos veredictos, los boicots, me entusiasmaron los fastos angelinos, disfrute las competiciones de Seúl y de los inolvidables de Barcelona’92; me decepcionaron un poco los de Atlanta –carentes de mayor originalidad, como cabía esperarla– y vi los últimos del siglo XX con una Australia incluyente. Luego vino el regreso al clasicismo con los de Atenas, preguntándonos quién y cómo iba a pagar semejante despliegue (hoy sabemos la triste respuesta). China fue una anfitriona que reclamó su derecho y reivindicó su nombre, mientras que las competencias en Londres 2012 nos han dejado verdaderamente maravillados. Río de Janeiro merece ocupar un sitio destacado y para bien, porque hay un esfuerzo descomunal, porque hay un reto colosal y Brasil mal que nos pese, se ha entregado. Ojalá que aproveche esta oportunidad y su deporte despegue, como sucedió con Canadá, Corea del Sur, España, tras de sus juegos.

Los Juegos Olímpicos nos han demostrado que pese a la requintada preparación, los incentivos, los apoyos pecuniarios tan dispares, la tecnología aportada a prendas deportivas y a los alimentos o las mejores o peores condiciones en que los atletas se preparan y sus países comparecen, al final es en la cancha, en la duela, en la pista, en el gimnasio, en la piscina y en las calles de la maratón olímpica, son en donde se aporta el último tirón, la última entrega, el último aliento, lo indecible y lo inalcanzable para acercarse al triunfo, obteniéndolo y consiguiendo la gloria olímpica, contra todos los pronósticos, inclusive; tornando a todos los competidores en iguales por unos instantes. De allí su magia tan especial y el entusiasmo que nos despiertan los Juegos Olímpicos. No olvidemos pues, en qué redunda su consecución. Es cosa de dioses, como antaño nos significan una gran lección . En cuestión de segundos las diferencias y las ventajas pueden ser nada ante el esfuerzo denodado, implacable, de un atleta.

Eso marca la diferencia real entre adversarios deportivos provenientes de países en guerra, con agravios, con resquemores y rivalidades de otra índole, que se reflejan inevitablemente en unos Juegos Olímpicos. Afortunada o desafortunadamente, la lid olímpica es mucho más que deporte.

Lo anoté recién y se lo expreso aquí, en El Imparcial: México tiene credenciales suficientes para ser parte del Movimiento Olímpico y esperar resultados favorables. Se incorporó tardíamente, su medallero es modesto, pero su entrega, su pasión están plenamente acreditadas, sin secundar boicots, organizando ediciones por sedes panamericana y centroamericana, apoyando candidaturas regionales y asumiendo compromisos en pro del deportivismo, pese a todo. El arquitecto mexicano Ramírez Vázquez diseñó el Museo Olímpico de Lausana. La Ciudad de México, metrópoli en la que nací, había sido la única ciudad latinaomericana que organizó unos Juegos Olímpicos (1968) y Barcelona tardó aún 24 años en alcanzarla, siendo la segunda urbe iberoamericana en conseguirlos tras de la capital mexicana. Desde el 5 de agosto de 2016, Ciudad de México compartirá el enorme honor latinoamericano de haber atestiguado unos jj.oo. con Río de Janeiro, que será el primer asiento de la América del Sur en albergarlos y será la tercera localidad iberoamericana en obtenerlos, situación que me alegra sobremanera y me anima a pensar que un día no lejano, más ciudades iberoamericanas se sumarán a esa destacada condición. Lo merecemos.

Los Juegos de México fueron los últimos que carecieron de mascota y fueron los primeros en que una mujer encendió la llama del estadio olímpico. México fue pionero en organizar la denominada Olimpiada cultural, que Río 2016 recupera, al ser el primero en abrir otros espacios en paralelo a las competencias deportivas, dirigidos a manifestaciones culturales de gran renombre, provenientes de los cinco continentes. Aún conserva entre varias, la escultura del catalán Subirachs (m. 2014) en el Periférico Sur de Ciudad de México, que significó el aporte y la presencia de España. Y sí: Peña Nieto se juega su prestigio deportivo, en que ya veremos de manera fehaciente si apoyó o no al deporte nacional. Los resultados nos lo advertirán las cifras, porque sus dos predecesores de signo político diferente, sí que lo hicieron.

Condenemos el dopaje, hagamos votos para que África un día no lejano, sea anfitriona de unos jj.oo. y para que la paz con tregua olímpica, no sea mancillada por actos terroristas. El mundo merece la paz y la concordia en el deporte. Hago mías las palabras que pronunció Ramírez Vázquez al inaugurar los Juegos de México’68: “Los jj.oo. representan la única oportunidad que tiene la juventud del mundo de reunirse para una convivencia pacífica y armoniosa”. Yo añadiría: es responsabilidad de toda la Humanidad que sigan vigentes consagrando su fin.

Sinmáspreámbulo y agradeciendo aCeciliaFonseca da Silva yaSimoneGarcez sus atenciones, sonando ya las trompetasdelmíticoMaracaná, ahora elevado aestadioolímpico, deseo fervientemente que la destreza, la fuerza entrenada, el esfuerzodeaños y la disciplina confabulen en estosejerciciosépicos, haciendodeRío 2016 una epopeya deportiva, para solaz de los hombres y las mujeres que compitenyasí renueven la esperanza en aquello de que “volverán a ser hermanos”, como canta el Himno alaAlegría,unémulodeepiniciooficiosodelolimpismo, cabe no olvidarlo.¡Qué los dioses presidan y repartan triunfo y renombre y que los atletas alcancenelempíreo apoyado en el reconocimiento merecido! El mundo aguarda, la Humanidad lo justiprecia. Llevamoscuatroañosansiándolos.¡Ea, pues!¡qué comiencen ya, losJuegosOlímpicos!

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