Vanderlei Lima fue el encargado de encender el pebetero.
Con puntualidad británica, la ceremonia de apertura de los Juegos de la XXXI Olimpiada comenzó con una introducción en vídeo repasando desde las alturas la geografía de Río de Janeiro. Una vez de vuelta al estadio de Maracaná, el “Aquele abraço” de Gilberto Gil amenizó la batucada que activó a un público que no terminó de llenar las gradas hasta bien comenzado el evento debido a los controles de seguridad previos pero que acabó cautivado por el espectáculo dirigido por Fernando Meireles, director de películas como 'Ciudad de Dios'.
De ahí al primer momento solemne, cuando Paulinho Viola, sambista de 73 años, entonó el himno de Brasil con todo el estadio en pie, dejando ver los huecos incluso en el palco de honor, donde los “padres” de estos Juegos, Dilma Rousseff y Lula da Silva, se abstuvieron de presentarse tras los recientes escándalos políticos y de corrupción que han protagonizado. Esa falta de entusiasmo también se contagió en el resto de autoridades internacionales, reducidas a 36 este viernes después de que en Londres y en Pekín rondaran el centenar.
El ritmo seguía siendo el protagonista a la vez que el suelo de Maracaná se transformaba en una pantalla gigante tras ser iluminada por los 20.000 proyectores que lo apuntaban. El segmento “El nacimiento de la vida” reflejaba desde los primeros microorganismos que fueron ocupando la naturaleza salvaje del país para ir dando saltos hacia los indígenas, los conquistadores, los esclavos africanos y toda la inmigración que ha ido formando la identidad del Brasil de hoy en día. Esa imagen del suelo se iba a la vez transformando de una jungla virgen a campos arados, carreteras… y una ciudad, dando paso al segmento: “Metrópolis”.

Un entramado urbano en el suelo daba paso a un “skyline” en uno de los fondos, desde donde se devolvía la atención al centro de la pista para homenajear a Santos Dumont, el considerado padre de la aviación moderna al ser el primero en lograr construir un aeroplano, el 14 bis, capaz de despegar, maniobrar y aterrizar sin ayuda externa en 1906, tres años después del invento de los hermanos Wright. El despegue del avión jugó con la retransmisión televisiva sirviendo de entrada para otro vídeo aéreo que seguía la aventura del Dumont de ficción sobrevolando el Río de hoy.
Y de Santos Dumont se pasó al homenaje a Tom Jobim, creador de “La chica de Ipanema”, cantada con las manos en un piano por su nieto Daniele mientras por el centro de la pista la chica no era otra que Gisele Bündchen, de vuelta a esta particular pasarela tras su retirada de los desfiles profesionales.

El ritmo no paraba, y de la bossanova al funk pasando por la electrónica, la pista se llenaba de capoeristas a la vez que se gritaba un “¡celebremos la diferencia!” para dar paso a Jorge Ben Jor, que logró que el público cantara a capella a la vez que se daba paso al acto más reivindicativo de la noche.
Con un niño paseando por un suelo de hormigón, llegó el momento de concienciar a la audiencia sobre el calentamiento global. Entre gráficos sobre el radical aumento de temperatura en el último siglo y simulaciones sobre el efecto del crecimiento del nivel del mar en grandes ciudades costeras, el mensaje de cuidar el planeta se hacía presente a la vez que el niño descubría una planta en medio del paisaje gris. Para tratar de cambiarlo de la manera más sencilla, se animaba a público y televidentes a plantar una semilla. Sirviendo de ejemplo, se daba paso al desfile explicando que cada uno de los atletas llevaría una, dejándola en un recipiente para luego ser plantadas en una zona cercana a Río de Janeiro.
Nadal, la felicidad de representar al deporte español

Manteniendo el horario establecido al pie de la letra, a las 01:50 hacía su entrada en Maracaná la nación que vio nacer el olimpismo, Grecia. Teniendo en cuenta que el templo del fútbol no tiene pista de atletismo, las diversas delegaciones ocupaban con presteza su posición en la pista, dando color a medida que hacían su entraba según el orden alfabético de su país en portugués.
Gracias a ese detalle, España pasó de ser de los últimos países en desfilar, acostumbrado a situarse con la ‘s’ de “Spain”, a estar en el primer tercio de delegaciones. Con un grupo de deportistas de los más animados de la noche, por el fondo salió Rafa Nadal para capitanear la delegación española, algo menor en el estadio a los 306 personas que la forman al no estar presentes aquellos que compiten mañana, como los ciclistas masculinos y la selección de rugby siete femenina. Si bien el tenista balear fue recibido con una de las más calurosas ovaciones del público brasileño, este acabó dando todo su cariño, puesto en pie, al equipo de refugiados que desfiló justo antes de sus compatriotas.
Turno para el protocolo con un abucheo histórico
Del desfile de deportistas se pasó a los momento más protocolarios de la noche. En el turno de los discursos, el presidente del Comité Olímpico Brasileño, Arthur Nuzman, defendió de manera apasionada que el pueblo brasileño "nunca ha desistido" y que han logrado "la transformación que habían prometido". En ese sentido, el presidente del COI, Thomas Bach, añadió que "en estos tiempos complicados siempre hemos creído en vosotros". Bach, presidente desde 2013, pronunciaba su primer alegato en el cargo en unos Juegos de verano pidiendo a los "atletas del mundo, respetaos a vosotros mismos y a los valores olímpicos", añadiendo una nota emotiva dando ánimos al primer equipo de refugiados, "nuestra respuesta a este mundo tan complicado".
Tras la entrega del premio "Laurel Olímpico" antiguo maratoniano Keino Kipchogue, oro en México '68 en 1.500 y en Múnich '72 en 3.000 metros obstáculos, por usar el deporte como instrumento de paz a través de su fundación en Kenia, llegó el turno para el presidente de Brasil, Michel Temer, que recibió un abucheo histórico por parte del público mientras declaraba "oficialmente abiertos" los Juegos de la XXXI Olimpiada.
El bochorno para Temer acabó cuando entró la bandera olímpica portada por ocho personalidades destacadas de la sociedad brasileña, no sólo deportistas como Oscar Schmidt. Una vez izada mientras sonaba el himno olímpico, llegó un juramento olímpico, pronuciado por representantes de los atletas, los jueces y los entrenadores, en el que el dopaje cobró especial relevancia.
Vanderlei Lima, encargado de encender el pebetero
Abriendo el epílogo de la noche, llegó el turno de Caetano Veloso, Gilberto Gil y Anitta para volver a remontar el ritmo a base de samba junto a doce escuelas que desfilaron entre los atletas. Tras el jolgorio, la antorcha olímpica entró en el estadio para recorrer sus últimos metros. Después del desmentido de Pelé de ser el último relevista por problemas de salud, la incógnita quedó resuelta cuando Guga Kuerten cedió la llama a Vanderlei Lima, bronce en maratón en Atenas 2004 tras ser derribado en el kilómetro 36 por un espontáneo del público, logrando recuperarse y entrando en el estadio Panathinaikó en medio de la ovación de un público que lo recibió en pie. El atleta galardonado con la medalla Pierre de Coubertin por su espíritu olímpico fue el encargado de prender el pebetero, poniendo el punto final a la ceremonia.
