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EL REY: ARBITRAJE Y MODERACIÓN

sábado 06 de agosto de 2016, 17:42h
El Rey es el Jefe de Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las...

Reproducimos a continuación un artículo de Luis María Anson, publicado en El Mundo, y que ha tenido amplia repercusión en espacios audiovisuales y en las redes sociales.

“El Rey es el Jefe de Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las leyes”. En una democracia plena, la soberanía nacional reside en el pueblo y es el pueblo el que a través de la voluntad general libremente expresada hace las leyes. En 1978, los españoles votaron la ley de leyes, despojaron al Rey Don Juan Carlos I de los poderes heredados de la dictadura y le ordenaron que asumiera las funciones especificadas en el artículo 56 de la Constitución. La Monarquía parlamentaria, la Monarquía de todos, defendida por Don Juan III desde el exilio, se imponía sobre la Monarquía del Movimiento Nacional que estableció el dictador Franco.

Tras cerca de 40 años en el trono y uno de los cuatro grandes reinados de la Historia de España, la ley de abdicación de Juan Carlos I, que era la de proclamación del nuevo Rey, fue respaldada democráticamente por el 86% del Congreso y por el 90% del Senado, las Cámaras que representan la voluntad general del pueblo español.

No cumplir con la Constitución al pie de la letra es lo peor que podría hacer Felipe VI. Su bisabuelo Alfonso XIII vadeó en 1923 la Carta Magna, aceptó la dictadura de Primo de Rivera y se cargó la Monarquía. Los que aconsejan al Rey, como Albert Rivera. que se exceda en sus funciones, ante el atolladero en que se ha convertido la política española, se equivocan. Al Rey le corresponde ejercer el arbitraje y la moderación entre instituciones y de ahí no debe salirse. Don Juan Carlos cumplió acertadamente con las funciones que le encomendó el pueblo. Su actitud fue impecable y decisiva en 1981 al defender la Constitución frente al golpe de Estado y a lo largo de su reinado ha ejercido la moderación con notable acierto. Basta recordar la prudencia con que medió para evitar la colisión entre el Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo.

En una República parlamentaria, el presidente ejerce también las funciones de arbitraje y moderación, a veces con dificultades añadidas porque normalmente pertenece a un partido político y eso le convierte en ocasiones en juez y parte. En todo caso, se encuentra con las mismas limitaciones que tiene el Jefe del Estado en las Monarquías europeas.

Corresponde a los políticos superar personalismos y partidismos estériles y también promulgar las leyes que prevean situaciones como la que vivimos. En Francia, De Gaulle estableció una ley electoral a doble vuelta que reduce al mínimo la ingobernabilidad. En España no se ha hecho así y no es responsabilidad del Rey sino de los políticos resolver la situación. Felipe VI debe mirarse en el espejo de su padre que desde 1978 se esforzó siempre por respetar la Constitución sin apartarse un milímetro de su estricto cumplimiento. Después de siete meses, la situación se ha hecho especialmente compleja para formar Gobierno. Corresponde a los partidos políticos resolver el problema sin endosar al Rey esa responsabilidad pero contando, claro, con el arbitraje y la moderación del Monarca para contribuir, dentro de la Constitución, a despejar la incertidumbre actual.