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POR LIBRE

A Pablo Iglesias le hacen el trabajo sucio

domingo 07 de agosto de 2016, 18:03h

Dicen que Pablo Iglesias ha desaparecido de la escena política, que se encuentra refugiado en su covacha morada, deprimido por el reciente fracaso electoral. Craso error. En realidad, se prepara para atacar cuando el enemigo flaquee. Un periódico le acusa de parálisis y, otro, de retraerse de la primera línea política. No se enteran. El líder de Podemos está viendo los toros desde la barrera. Él no tiene que bajar ahora al ruedo; solo disfrutar de la lidia: contemplar cómo sufre Rajoy en busca de votos debajo de los escaños y regodearse del cruel rejoneo que sufre Pedro Sánchez a manos de sus propios compañeros. Los barones, González, Guerra, Leguina, Borrell, Bono y hasta el progresista Zapatero presionan para que el PSOE se abstenga en la investidura de Rajoy. Pero el desconcertado secretario general y su núcleo duro insisten en votar "no". A Iglesias ya le da igual. Cualquier decisión del PSOE le beneficia.

Los socialistas le están haciendo el trabajo sucio por la gresca interna del partido, al desnudar las contradicciones entre los dirigentes, los vaivenes ideológicos, las puñaladas traperas que se endiñan, la feroz ofensiva contra el secretario general. Ferraz se ha convertido en el camarote de los hermanos Marx. Pero sin gracia. Sin Groucho.

Porque, si al final, el PSOE se abstiene y deja gobernar al PP, Pablo Iglesias se convertiría en el jefe de la Oposición, en el protagonista de los ataques al PP, se pondría las botas en el Hemiciclo, al ensañarse cada día con Pedro Sánchez por haber apoyado a Rajoy, el enemigo público número uno de la izquierda española. Enterraría al PSOE en cal viva.

Y si el PSOE votara que "no", Pedro Sánchez volvería al redil del "gobierno de progreso"; o lo que es lo mismo, caería de nuevo en las garras de Pablo Iglesias que le torturaría sin piedad; como suele. Porque, además, al final el Comité Federal del PSOE le pondría en ridículo al impedirle formar gobierno con Podemos, sobre todo, por la necesaria colaboración de los independentistas. Y, entonces, ante unas terceras elecciones, Pedro Sánchez sería laminado, el PSOE se hundiría y Podemos, ahora sí, se convertiría en la segunda fuerza política, dejando al partido socialista "allá, allá lejos, donde habita el olvido", que diría Cernuda.

Pedro Sánchez tiene todas las de perder y Pablo Iglesias, todas las de ganar. Y, de momento, el líder de Podemos ni se ha quedado paralítico ni se ha retraído de la primera línea política. Está emboscado en la trinchera con el mosquetón cargado, a la espera de contemplar el cadáver de su enemigo pasar delante de su puerta. Viendo los toros desde la barrera, dispuesto a bajar a la arena para dar la puntilla al PSOE. Porque sí o porque no.

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