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TRIBUNA

Fallece Gustavo Bueno

martes 09 de agosto de 2016, 19:57h

Ha fallecido el pasado 7 de agosto a los noventa y un años de edad el filósofo de origen riojano Gustavo Bueno Martínez, tan sólo dos días después que su esposa, Carmen Sánchez Revilla, de 95 años. Seguramente, los más jóvenes desconozcan quién es esta figura de nuestro entorno cultural español en buena parte por el arrinconamiento que ha sufrido por desgracia la Filosofía como disciplina en nuestros planes de estudios.

Pues bien, Gustavo Bueno fue catedrático de Fundamentos de Filosofía e Historia de los Sistemas Filosóficos en la Universidad de Oviedo desde 1965 hasta 1998. A partir de este momento su actividad principal pasaría a desarrollarla en la Fundación Gustavo Bueno de Oviedo, ciudad que le reconocería como hijo adoptivo en 1995.

Bueno trabajó desde los años setenta en el conocido como “materialismo filosófico” que tiene como característica principal la negación de la existencia de sustancias espirituales. Ahora bien, no sólo se preocupó y ocupó de la historia de la filosofía, ontología, antropología, filosofía de la religión o filosofía política sino que además, lo que me parece más innovador, trató de establecer un diálogo con las ciencias, instalado en la filosofía de la ciencia. Verdaderamente, estamos ante un pensador original y marcadamente heterodoxo.

Desde 1978 hasta 1984 dirigió la revista El Basilisco, de gran relevancia en lo que a la historia del pensamiento se refiere, aunque también colaboró asiduamente en la Revista electrónica El Catoblepas con la sección «Rasguños».

En octubre de 1998 se jubiló de la Universidad de Oviedo, lo que provocó una gran polémica, tras ser apartado de la docencia con su nombramiento como profesor emérito honorario de la institución académica. Los alumnos convocaron entonces una huelga y Bueno no dudó en alegar que la razón de la medida residía en el distanciamiento ideológico que mantenía con el decano de la Facultad de Filosofía, Alfonso García Suárez.

Entre otros galardones, habría que destacar quefue finalista del premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 1989 y 1990, además de haber logrado por aquel entonces la Medalla de Asturias de Plata. En marzo de 2003 se le concedió el galardón Riojanos del Mundo en la categoría de Letras por dedicar su vida a la defensa de la filosofía académica, la singularidad de su pensamiento y su extraordinaria trayectoria. Desde el 22 de marzo de 2006 hasta su muerte formó parte del Patronato de Honor de la Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES), que tiene por objeto la pretensión de recuperar e impulsar desde la sociedad civil el conocimiento y la reivindicación de la nación española. Se podría decir que, a lo largo de su larga vida, despertó la admiración de muchos que, de una manera u otra, se convirtieron en fervientes seguidores y discípulos suyos, aglutinados en torno a la denominada “Escuela de Oviedo”, aunque también tuvo no pocos feroces detractores que no disimulaban ni un ápice su firme oposición a su pensamiento.

Nadie puede poner en duda que sus atrevidas y provocadoras tesis no dejaban indiferente a nadie. Pensemos para entenderlo mejor en algunas de sus obras. En Ensayos materialistas (1972) trató de construir la historia de la humanidad a partir de una “conciencia autónoma” de la idea de Dios. En El animal divino (1985) entra en una intensa polémica con Gonzalo Puente Ojea, quien acusaba a Bueno de equivocarse en su diagnóstico sobre el origen de las religiones, puesto que para el filósofo las religiones surgían en un proceso histórico y dialéctico que se iniciaba con el culto a los animales.

De 1997 es uno de sus libros más populares pero también más criticado El mito de la cultura, en el que se opone a las nacionalidades porque pretenden arrogarse la cultura, que termina por ser opio para el pueblo imponiéndose al pensamiento científico.Es, a partir de esta obra, cuando empezarán a lloverle acusaciones por su inesperado viraje al conservadurismo.Tres años después en el año 2000 ve la luz su obra España frente a Europa, en la que, desde la perspectiva de una filosofía materialista de la historia, discute la naturaleza de la identidad de España y la estructura de su unidad, además de calificar al proceso de la Unión Europea como una invención. También se adentró en algunas cuestiones televisivas en Telebasura y democracia (2002), publicando un duro artículo sobre el programa Gran Hermano.

Con el ensayo El mito de la izquierda (2003) se ganó la enemistad de los independentistas a los que acusaba de indefinición ante su idea de Estado y su proyecto político. Por poner un último ejemplo de su claro talante polémico en La fe del ateo (2007) no sólo negó la existencia de Dios sino que defendió la destrucción de las raíces del Islam con el arma del racionalismo, ganándose con ello la acusación de islamófobo.

Estamos ante un pensador difícil de encasillar en el ateísmo católico, marxismo heterodoxo, tomismo ateo o nacionalismo español. En realidad todas estas acepciones contradictorias en sí mismas nos dan idea de que se nos ha ido un filósofo dialéctico, provocador, jefe de fila del pensamiento heterodoxo y audaz.

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